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| EL PODER DE LA MUSICA / Ninguna discapacidad impide acercarse a los sonidos
"Si quiero, puedo"

Jóvenes del Programa de Educación Especial Fesnojiv

Los jóvenes asisten con rigurosidad a sus ensayos
(Foto Venancio Alcázares)
ANA MARIA HERNANDEZ G. |  DIARIO
jueves 20 de abril de 2006  12:00 AM

ANA MARIA HERNANDEZ G.

EL UNIVERSAL

Barquisimeto. Querer es poder. Esta frase podría ser el lema de los valientes músicos que han sido transformados e insertados en la sociedad, como ciudadanos con todos sus derechos. Se trata de los integrantes del Programa de Educación Especial (PEE) del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela que funciona en la capital del estado Lara, concretamente en el Conservatorio Vicente Emilio Sojo. Al llegar a uno de los salones de ensayo, una banda ensaya Ironía de Alejandro Rondón ("Cada día, avivamos este fuego que nos une y es pecado"). El cantante Jesús Rafael López se acomoda los anteojos. Recibe indicación del profesor Johnny Gómez y vuelve a empezar la canción. Lo que parece ser una pieza popular venezolana se convierte en una obra llena de pasión y entusiasmo. Sus intérpretes son jóvenes con algún tipo de discapacidad (visual, cognitiva, auditiva, motora, autismo), pero esa situación solamente se palpa muy de cerca, porque cada uno entrega el alma: no es un arreglo fácil, no hay concesiones por la discapacidad, se les exige como a cualquier músico, se les regaña y se les enseña. Y vaya que aprenden. Los anteriores músicos, integrantes del Ensamble Somos Lara, también forman parte del ya famoso Coro de Manos Blancas, un intento real y concreto de que la música sólo la aprenden quienes lo desean de corazón. Mientras los sordos gesticulan la letra y siguen las indicaciones rítmicas con instrumentos de percusión, los hablantes cantan y armonizan. El esfuerzo de perseverancia es tal que en sus filas hay estudiantes regulares del Conservatorio. Integrados hasta la médula
Conversar con estos chicos es toda una experiencia vital, porque es la vida la que fluye en cada una de sus palabras. José Gregorio Hernández es invidente. En Somos Lara toca el bajo eléctrico, pero estudia violín y es profesor de teoría y solfeo. Además, integra la fila de los violinistas en la Juvenil de Lara. "Estoy en el tercer semestre de Educación Musical en el Pedagógico de Barquisimeto y me siento orgulloso de integrar el Coro de Manos Blancas, allí estoy desde el 2002, pero empecé en el 95 en el PEE. Tengo 23 años". No duda en decir que su ambición es seguir como profesional con el PEE, pero "si se me presenta una oportunidad mejor lo haré". Otro invidente, Marco Antonio Ramos Sosa, de 28 años, ofrece su talento. Esta vez con la bandola llanera, mandolina, guitarra, piano, cuatro, contrabajo, bandola guayanesa; y recita todos estos instrumentos de un solo golpe de aliento. "Mi instrumento principal es la bandola llanera. Toqué el Concierto en do mayor de Antonio Vivaldi con la mandolina, con la Orquesta Sinfónica de Lara. También he tocado con la Sinfónica Juvenil de Valera e incluso con la Sinfónica de San Felipe. Estoy en la fila de los Tenores I del Coro, y mis planes son trabajar como docente para dar clases a personas con deficiencia visual. Existe una impresora que transcribe la musicografía en Braille, así podemos leer música con el sistema de 6 puntos". Habla de una impresora especial, al parecer única en Lara _quién sabe si en Venezuela_ pero que lamentablemente está dañada. Por su parte, para Marcos Torbello su silla de ruedas no es impedimento para estar en el Coro. Tiene 25 años de edad, y desde hace dos años está en el PEE. "Yo estoy muy agradecido con todos aquí. Me están enseñando lo que me gusta, que es la música. Aquí he conocido cosas y personas que no conocía. Antes estudiaba la secundaria para ser bachiller y después que terminé escogí este camino de la música, que me ha parecido el mejor". El pianista del Ensamble, y prácticamente su líder, es Gustavo Flores, de 21 años e invidente. "Comencé hace once años, con este mismo grupo. Estudio Contrapunto y Composición con Blas Emilio Atheortúa. De los conciertos, recuerdo dos con mucho cariño, uno con Marco Antonio donde tocamos la Sonatina en do menor de Beethoven para piano y mandolina; y otro donde tocamos con la Sinfónica de Yaracuy: un concierto de Vivaldi para mandolina y bajo continuo, y toqué el clavecín. Una obra barroca. Estoy en los Tenores II del Coro y soy el pianista, también estudio segundo semestre de Educación Musical en el Pedagógico". Como creador aspira a componer una obra para violonchelo y violín, "un dúo. También obras para orquesta, me gusta la música barroca y quisiera retomar eso, también las obras latinas para orquesta me gustan, por los ritmos y lo complejo, y poder plasmar eso en una partitura". Jesús Rafael López se muere por volver a tomar el micrófono y cantar. Tiene 19 años de edad, y en sus orejas hay prótesis auditivas. Cuenta su historia y dice que ingresó al Conservatorio en 2003. "Empecé con el piano, luego integrando la banda rítmica y el Coro". Sin esperar más preguntas, relata que a finales de 2004 sacó un reggaetón que escuchó, Osito Blin Blin, y ahora adoptó ese título como nombre artístico. Sin más preámbulos se apropia del teclado eléctrico, lo programa a su gusto y ritmos y comienza a rapear, cuestión que practica desde los 13 años de edad. Fabiola Pinto pidió la palabra y nos comentó que le gusta la música que hace Karina. Tiene 21 años de edad y discapacidad cognitiva. Pero esto no es ningún impedimento para cantar como contralto en el Coro, donde está desde hace tres años, y para entonar _acompañada por el Osito Blin Blin_ Sé como duele, al cabo de lo cual fue largamente aplaudida. Si estos testimonios no son suficientes como para llenarse de orgullo ante la capacidad de decisión y coraje de estos venezolanos, Jessica Montes de Oca, de 19 años, se hace entender gracias al lenguaje de señas. Su discapacidad auditiva es alta, pero desde hace seis años y medio está en el Coro. Enamorada de la música, ha participado en todos los viajes que ha hecho el Manos Blancas por Caracas, Maracay, Valera y Mérida. Su enamoramiento viene por la capacidad de percibir a través de las vibraciones, así pertenece al Ensamble de Percusión y en una ocasión dirigió el cuarto movimiento de la Quinta Sinfonía de Beethoven con la Sinfónica de Lara. "Para mí fue emocionante saber que era sorda, y que me hayan escogido, y sentir la música de Beethoven quien también era sordo", dice con su voz. Para su futuro profesional le gustaría estudiar Diseño Gráfico o Educación Especial.

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