ISABEL GARCIA NEVETT
EL UNIVERSAL
La primera persona en utilizar el término "culto del
individuo" fue el secretario general del Partido Comunista de
la extinta Unión Soviética, Nikita Kruschev.
Después de la muerte de Josef Stalin, la Unión
Soviética atravesó por un período de separación
y desentendimiento de la política individualística
de Stalin, lo que llevó a Kruschev a pronunciar su famoso
"Discurso secreto" en el 20avo Congreso del Partido Comunista
en 1956.
En tal discurso, Kruschev habló de las debilidades
del difunto líder: "Stalin no actuaba utilizando la
persuasión, la explicación y la cooperación
paciente con las personas, sino imponiendo sus propios conceptos
y exigiendo total sumisión a su opinión. El que
se opusiera a este concepto o tratara de presentar un punto
de vista diferente estaba condenado a ser removido del colectivo
y subsecuentemente a ser aniquilado moral y físicamente....
Debemos abolir el culto del individuo decisivamente, una
vez por todas".
El discurso de Kruschev simplemente le puso nombre a
una de las armas más utilizadas por los gobernadores-tiranos
de la Historia, desde los líderes del Antiguo Egipto
que se elevaban de reyes a semidioses hasta dictadores
modernos como el chino Mao Zedong y el extravagante ugandés
Idi Amin Dada.
Según el escritor inglés Andrew Heywood,
en su libro Politics (Política), el "culto a la
personalidad" es hoy en día un mecanismo de propaganda
política a través de la cual el líder
se presenta a sí mismo como heroico o con cualidades
sobrenaturales.
La ventaja de utilizar este mecanismo, el cual Heywood
describe como parte de una estrategia de "liderazgo
manufacturado", es que el líder se convierte
en la fuente de toda sabiduría política
y en un juez infalible del mejor interés de la
nación. Aquellos que se opongan a él, serían
entonces tildados de traidores a la patria o simplemente
desequilibrados mentales.
Asimismo, Heywood aclara que los "cultos a la personalidad"
se desarrollan típicamente en gobiernos de
corte totalitario, especialmente aquellos con un
alto contenido ideológico, los cuales explotan
las posibilidades de enaltecer al líder utilizando
los medios de comunicación masiva y la represión
de Estado. Al final se crea una especie de idolatría
ritualizada, que se ha apreciado en situaciones
históricas como el notorio embalsamamiento
de Stalin después de su muerte.
El "culto a la personalidad" está caracterizado
por la representación gráfica y visual
del líder en lugares públicos, haciendo
uso de estatuas, pinturas, murales y pancartas.
Usualmente se retrata al líder en diversos
roles, vestido de militar o cargando a un niño,
para enfatizar su grandeza y magnanimidad.
El filósofo alemán Max Weber (1864-1920)
se adelantó a la teoría moderna del
"culto a la personalidad" en su definición
del líder carismático, al cual sus
seguidores le atribuyen condiciones y poderes
superiores a los de otros dirigentes. El líder
carismático es aquel que impone, a través
de la demagogia, su deseo sobre las masas.
Se le acusa a él de haber cimentado,
así sea inconscientemente, las bases
filosóficas para la aparición de
líderes carismáticos como Adolfo
Hitler y Stalin, que luego se inmortalizaron
usando el "culto a la personalidad".
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