Tono, frases y palabras bélicas son frecuentes en el verbo presidencial. Según Manuel Bermúdez, se trata del uso consciente del lenguaje de la guerra.
Es una forma de hablar que tiene diversos matices, que pueden ser muy directos como delicadamente despectivos. "Nombrar al enemigo en forma fonética es una de estas maneras. Castro lo ha utilizado mucho. Por ejemplo, él se refería al "señor Jonson", que era el presidente Johnson. Lenin también hablaba así", explica.
En el libro El lenguaje de la guerra, de Robin Tolmach, se explica una manera de mitologizar, no a favor sino en contra, y el ejemplo que cita es el de George Bush padre. "Al iniciar la guerra de Irak, con apoyo de las Naciones Unidas y las dos cámaras de Estados Unidos, utilizó una forma muy interesante para "demonizar" a Saddam Hussein pues, con evidente falta de respeto, solía pronunciar incorrectamente el nombre de pila de Hussein, para que se pareciera a sad, triste, y a satán".