Aunque los factores netamente deportivos privaron para la eliminación de Venezuela en el campeonato, el ambiente que rodeó a la selección agudizó los problemas y contribuyó a la crisis de la vinotinto
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(Foto Archivo)
MARIA JOSE REY PALERMO
EL UNIVERSAL
Un sentimiento inevitable fue la amargura que ayer sintieron
los aficionados venezolanos al ver la final del Clásico
Mundial de Beisbol disputada entre Japón y Cuba, donde
se esperaba estuviera Venezuela.
La selección criolla no llegó a esa instancia por
razones precisas: el bateo no funcionó, el pitcheo de
relevo falló en determinados partidos y se cometieron
errores costosos. Esas circunstancias hicieron que no ganaran
los juegos para acceder al título.
Sin embargo, hubo otros hechos que también influyeron
en el bajo rendimiento del conjunto venezolano, que sólo
llegó a la segunda ronda disputada en Puerto Rico.
Los malos augurios se sintieron desde el principio, aunque
el entusiasmo los opacara. Todo comenzó con la escogencia
del manager Luis Sojo, quien fue designado en medio de
muchas dudas y por un comité organizador que no se
mostró firme en su decisión.
Empeoró cuando llegó la hora de escoger el
roster de peloteros. Sojo se mostró dubitativo
y muchos de sus criterios de escogencia no se vieron
reflejados luego, por lo que se advirtió una fuerte
influencia del Comité Organizador en dicha selección.
La situación fue evidente con la sorpresiva
separación de Melvin Mora del conjunto, quien
renunció tras acusar al manager y a los dirigentes
de no haberse comunicado nunca con él, y la credibilidad
de Sojo terminó de derrumbarse cuando el campocorto
Alex González fue devuelto a Boston desde el
aeropuerto de Florida porque no le avisaron antes
que no estaba en el equipo.
No obstante, la desorganización se palpó
antes con los entrenamientos realizados en Venezuela,
pues la improvisación originó confrontaciones
con los periodistas.
El punto de quiebre llegó tras las críticas
por la inclusión de Robert Pérez y Giovanni
Carrara en el roster, mediado por sus vínculos
con Sojo y Humberto Oropeza, miembro del Comité
Organizador y presidente del Cardenales de Lara,
equipo al que pertenecen estos jugadores.
Aunado al trato a los periodistas, los insultos
a los fanáticos y hasta la celebración
del cumpleaños de Bob Abreu, que fueron
percibidas como actitudes poco consecuentes
con el reto del Mundial.
Sólo el próximo campeonato, en
2009, dirá si la desilusión será
para siempre.
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