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| MUNDIAL DE BEISBOL
Cuba: epicentro de pasiones

A pesar de caer en la final, los peloteros antillanos se ganaron el respeto de aquellos que gustan del beisbol veloz, técnico y efectivo. Llegaron con sus armas desenvainadas y cumplieron a cabalidad

El coraje y pundonor de los peloteros cubanos se observó hasta en la derrota. Se dieron íntegros en el terreno
(Foto AP)
ANTONIO CASTILLO4 |  DIARIO
miércoles 22 de marzo de 2006  12:00 AM

ANTONIO CASTILLO

EL UNIVERSAL

Muy pocos aficionados de esta parte del planeta destacaron el triunfo de Japón en el I Clásico Mundial de Beisbol, y muchos menos celebraron el incontestable éxito alcanzado por la novena nipona que dirige el legendario Sadaharu Oh. El tema de conversación, las discusiones y discernimientos alrededor de la pelota tienen en el cuadro cubano al epicentro indiscutible. ¿La razón? Varias: la cercanía con Venezuela, las raíces del beisbol cubano en el entorno latinoamericano, la forma cómo los peloteros antillanos asumieron el desafío y... por supuesto, el infaltable toque político. Desde que se anunció la celebración del Clásico, Cuba estuvo en el ojo del huracán. Primero victimizados por la nefasta decisión del Departamento del Tesoro de Estados Unidos que les impedía jugar, y luego envalentonados tras la rectificación de EEUU. Sin querer desmerecer el éxito, hay que aclarar que el seleccionado cubano nunca dejó de jugar, se mantuvo en acción, mientras que los rivales de turno _estadounidenses y venezolanos incluidos_ subestimaron a un rival al que catalogaron de poca monta, con un perfil muy inferior al exigido. Craso error. En Cuba, un país donde el beisbol corre por las venas de 11 millones de habitantes, la disciplina de las bolas y los strikes es tratada como política de Estado, y allí estriba todo. Mientras unos peloteros utilizaron el Clásico para ponerse en forma de cara a la venidera campaña de Grandes Ligas, los cubanos llegaron a la batalla con todas sus armas desenvainadas. Otro tanto ocurrió con coreanos y japoneses, que enfrentaron el reto con seriedad y profesionalismo. No se puede negar que Cuba es una cantera inagotable de peloteros de gran talento, que desde muy niños son identificados y enviados a escuelas especializadas de alto rendimiento. La mayoría de estos niños buscan en el beisbol un camino hacia un modo de vida mejor en un país donde las limitaciones de todo tipo son el común denominador. Las más de las veces los triunfos en el terreno de juego son asociados a victorias políticas atadas a la revolución. Pero también las deserciones son usadas como metralla en contra de los "rojos". En los últimos años algunos peloteros desertaron, atraídos por los contratos millonarios de los equipos de Grandes Ligas. En 1991 el lanzador René Arocha decidió quedarse en Miami, mientras que en 1993 se fugó el torpedero Rey Ordóñez. Más recientemente se asilaron en EEUU jugadores de la talla de Liván Hernández, su hermano Orlando el "Duque" Hernández y José Contreras. No siempre el amor por la camiseta es suficiente, aunque en San Diego los rojos no "destiñeron". Todo lo contrario.

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