Tokio.- Japón celebró en éxtasis y con
orgullo la victoria de su equipo nacional, que ganó el
Clásico Mundial de Beisbol al vencer 10-6 a Cuba en la
final de San Diego, en Estados Unidos. Las calles de la capital
nipona, así como en otras ciudades del país, estaban
repletas de gente festejando el logro de su novena.
"Nunca había jugado ni dirigido a un equipo en una competición
mundial", dijo sin apenas creerse lo logrado el técnico
Sadaharu Oh, bañado de champagne tras el partido. "Nunca
había imaginado que ser campeón mundial sería
tan excitante", agregó.
"Chicos, ustedes son grandiosos", alabó a sus pupilos
en la fiesta de celebración. La segunda hija de Oh,
Rie, estuvo también en San Diego y estaba sorprendida
al ver cómo su padre no podía reprimir sus emociones.
Según dijo, era la primera vez que veía así
a su papá por el beisbol. "No puedo encontrar palabras
para describirlo", dijo Rie, al tiempo que el bateador Ichiro
Suzuki estaba orgulloso por haber tenido la oportunidad
de jugar "con los mejores compañeros y con el mejor
equipo".
En Tokio los aficionados se concentraron en las calles
para ver el duelo ante Cuba y no sólo los seguidores
del deporte. El distrito de Shinjuku reunió a una
multitud alrededor de los televisores y ante los escaparates
de las tiendas de aparatos electrónicos, sobre todo,
cuando Akinori Otsuka bateó por última vez.
Cuando antes del torneo los jugadores japoneses afirmaban
que querían llevar el trofeo de vuelta a Japón
para que los fans del beisbol en el país y los
niños conocieran el deporte, estaban lejos de pensar
que las palabras se harían realidad y que la afición
ante los televisores iba a sentir esa sensación,
desatándose la fiebre increíble por el equipo.
Ahora los medios japoneses ya discuten sobre el próximo
Mundial y cómo repetir el éxito de esta
primera edición.