"Estoy fascinado con los tonos de piel que encontré aquí en Venezuela", dijo el artista
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(Foto Gil Montaño)
JENNY LOZANO
EL UNIVERSAL
A las 4:00 de la mañana comenzaron a llegar todos los
que estaban dispuestos a desvestirse en plena avenida Bolívar.
Algunos con batas de baño, otros recién llegados
de la juerga nocturna, otros muy ligeros de ropa e incluso
uno en silla de ruedas. Todos, en su mayoría muy jóvenes,
fueron congregados en el edificio de los tribunales, a los
pies de las Torres de El Silencio. Ese fue el punto de concentración,
acordonado por la Policía Metropolitana, la Guardia Nacional,
la Policía de Caracas y los Bomberos del Distrito Capital,
y allí esperaron pacientes las instrucciones de Spencer
Tunick.
Los primeros rayos del Sol comenzaron a despuntar a las
6:10 de la mañana y una fuerte barrera de nubes acordonó
el cerro Avila, las mismas nubes que captaron la atención
de Tunick la primera vez que vino a Caracas, esas que "parecen
un sueño", según dijo él.
A las 6:15 am el artista se acercó a la multitud
y un estallido de aplausos invadió el lugar. Megáfono
en mano saludó, dio la orden más temida: "¡Todos
pueden desvestirse!".
La emoción de los asistentes fue contagiosa, todos
gritaron, aplaudieron y silbaron. Quizás fue miedo,
alegría o una suerte de camaradería entre
los que acudieron al encuentro, pero los aplausos fueron
una señal para levantar el ánimo y bajo este
clima dejaron al descubierto sus anatomías.
Celulitis, arrugas, tatuajes, marcas en la piel,
todo a la vista del resto, sin ningún tipo de
prejuicio. Tal era la confianza reinante que ni en
la preparada y ensayada pasarela del Miss Venezuela
se había visto tanta seguridad al caminar, tanta
soltura y libertad.
Pasaron ante lo que se erigió como el campamento
de prensa y se dejaron ver con naturalidad. Los
menos tímidos posaron y gritaron "Globovisión,
Globovisión, aquí estoy", haciendo un
llamado a las cámaras de las televisoras. Después
los participantes fueron ubicados en forma de "V"
alrededor de la estatua del Libertador, justo en
la entrada del túnel del Centro Simón
Bolívar.
A las 6:45 am empezó la sesión fotográfica.
Escoltado por su equipo, Tunick se subió
a una grúa y desde lo alto _a espaldas del
Centro Simón Bolívar_ comenzó su
trabajo. Bastaron unos minutos para alcanzar lo
que buscaba.
Luego bajó de su andamio para mezclarse
entre los participantes y desarrolló sus
otras dos poses apoyado en dos enormes escaleras,
esta vez su fondo era la estatua de Bolívar;
de esta forma la monumental efigie se convirtió
en testigo de la desnudez caraqueña. A
lo lejos algunos curiosos protestaron: "Este
es un irrespeto al Padre de la Patria". "¡Cómo
se les ocurre desnudarse frente al Libertador!",
dijo una señora que replicó: "¡Caramba,
realmente no tienen vergüenza!".
Pero esos comentarios sólo quedaron
a lo lejos. La imponente imagen de más
de 1.500 venezolanos sin nada de ropa en la
arteria vial del centro quitó el aliento
a quienes pudieron admirarla.
A las 7:25 am, cuando los rayos del Sol
empezaron a caer con más fuerza, Tunick
decidió realizar un retrato tradicional,
y luego los invitó a una imagen mucho
más íntima sobre el túnel
de las Torres de El Silencio.
En este momento, y aunque ya había
pasado el tiempo de inscripción,
hubo más de uno que se dejó
llevar por la euforia y decidió quitarse
la ropa e incorporarse a la multitud.
Hasta un indigente, al ver lo que ocurría,
se arrancó lo poco que tenía
encima para sentir la experiencia.
Para el último retrato les pidió:
"¡Por favor, no sonrían, cierren
los ojos!". Pero el bullicio de los
asistentes, los chistes y los comentarios
parecían no cesar e incluso ocasionaron
la interrupción de la labor del
fotógrafo en varias ocasiones.
"Hubo un ligero retraso en las poses
por la emoción de los presentes,
había mucha euforia", dijo luego
el fotógrafo.
A las 8:15 de la mañana concluyó
la sesión y todos fueron a vestirse.
"Siento que estuve en el lugar y en
el momento preciso; fue una gran sensación
de libertad y me encantó el contacto
con gente que no conocía", relató
una dama, "vine sólo a acompañar
a mi hija y a última hora decidí
participar", confesó. "Estoy
feliz", dijo Tunick, con las mejillas
rojas y empapado en sudor. "Estoy
fascinado con los tonos de piel que
encontré en Venezuela. El objetivo
se cumplió. ¡Gracias por haberme
acompañado y por no haberme arrestado!".
Ante la pregunta de si no había
sido un irrespeto sus imágenes
a Bolívar, Tunick respondió:
"El cuerpo no es un irrespeto, el
cuerpo representa, el amor, la paz
y la belleza".
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