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De malandros y fiscales
OSCAR MEDINA |  DIARIO
domingo 12 de marzo de 2006  12:00 AM

OSCAR MEDINA

EL UNIVERSAL

Desmesurada luce la "reacción" del Ministerio Público cuando decide ocupar a cuatro fiscales en una "investigación" sobre el origen, "distribución y venta clandestina" de Azotes de barrio en Petare, calificado por la comunicación oficial como "un video violento", en el que según creen hay escenas con menores de edad "en actitud delictiva y en plena acción hamponil". Hagamos algunas precisiones para que los fiscales terminen rápido su trabajo y dediquen sus esfuerzos a cosas más importantes: esta es una obra de ficción, hecha con las uñas y con muchas ganas por un grupo de gente que revela un talento rudimentario y cautivante que un día decidió reflejar su realidad apelando a un formato cuyas técnicas apenas manejan a puro instinto. Menores hay, por supuesto, porque esa es justamente parte de la trama de esta historia que cuenta desde adentro lo que sucede en las barriadas caraqueñas: malandros reclutando a niños cuya única opción parece ser robar y matar hasta el día que les toque la lotería de plomo y terminen pegaos en la escalera del cerro. ¿Acaso hay que volver a decir que allí todo el mundo está actuando y que los menores interpretan un papel como lo harían en cualquier otra película "de verdad"? Quizás quien dio la orden al cuarteto confundió la tosca obra del escritor, director, actor y barbero Jackson Gutiérrez con un documental _este sí, con todo el rigor del género_ grabado en el barrio La Sierra de Medellín por los periodistas Margarita Martínez y Scott Dalton. Petare no es La Sierra, claro está, pero la conexión entre los violentos esquemas de pandillas, drogas, armas y crímenes hermanan _con todo y sus variantes_ a cualquier barriada pobre de las principales ciudades latinoamericanas. Y aunque el relato audiovisual de Jackson Gutiérrez desde el punto de vista formal sea ficción, si algo tiene a su favor es un realismo devastador que debería más bien suscitar otras interrogantes en el Ministerio Público más allá de esas sandeces de "distribución y venta clandestina" como si no viviéramos en una ciudad en la que la piratería es un delito institucionalizado. El "cuarteto fiscal" podría preguntarse, por ejemplo, ¿quién no está haciendo su trabajo? ¿Quién no se ocupa de velar por los derechos de niños y adolescentes cerro arriba? ¿Cómo es que el único destino para muchos de estos niños es vivir y morir en la delincuencia? ¿O es que este video, como Secuestro Express, también le molesta a la revolución? Eso, para no mencionar a nuestras desamparadas "pioneritas". ommedina@eluniversal.com

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