detrás del polémico video que venden los buhoneros caraqueños hay un joven e inexperto equipo que denuncia desde adentro la violenta realidad de su barrio
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(Foto Fernando Sánchez)
REINALDO VARGAS
EL UNIVERSAL
Jackson Gutiérrez tiene 23 años de edad, de los
cuales ocho los ha dedicado a ser barbero en la comunidad de
La Veguita, sector que se encuentra inmediatamente después
del puente de hierro que comunica a El Llanito con todos los
barrios de la zona sur de Petare, del municipio Sucre.
Todos los días afeita a cerca de 20 personas, por lo
que a diario tiene que escuchar una historia y una trama distinta,
pero en el fondo hay algo que es común y es constante
en esos relatos: la violencia.
Gutiérrez no tiene conocimientos sobre cine ni ha
pisado ninguna escuela de comunicación social del país;
sin embargo, las anécdotas de cada uno de sus clientes,
la manera cómo arreglan los pleitos en el barrio, que
es a plomo y fuego, le encendieron las alarmas de cronista
nato. Y así fue como nació la idea de realizar
la película de ficción Azotes de barrio en Petare,
la cual fue grabada con una cámara casera y sin guión.
Desde niño está escuchando que mataron al hermano
de fulano o que asesinaron al tío de sutano, y no
fue sino hasta octubre del año pasado cuando se prometió
hacer una película donde desnudaría la realidad
que viven a diario y cada fin de semana su vecinos, sus
amigos y familiares.
El pasado mes de enero, Gutiérrez buscó la
cámara, conversó con los integrantes de su
comunidad a quien sólo les dijo "échenle bolas
y digan lo que les salga", advertencia que terminó
en una película de dos horas y tres minutos.
El video ha causado tanto furor que en el "mercado
negro" aseguran que se vende como "pan caliente",
como cualquier éxito de Hollywood. En cualquiera
de los tarantines de los buhoneros de La Hoyada, Capitolio,
Parque Carabobo, Petare o Plaza Venezuela, cuando
colocan la película, la gente se detiene a verla.
La polémica
Las imágenes de Azotes de barrio en
Petare, parecen tan verdaderas que es difícil
distinguir entre la realidad y la ficción.
Los personajes actúan y utilizan el mismo
lenguaje, las mismas mañas y se comportan
igual a cualquiera de los delincuentes del barrio.
Tal similitud con la realidad ha hecho que
muchos espectadores piensen que este grupo
de personas realizaron la película con
delincuentes del sector que se prestaron para
que se les grabara mientras someten a sus
víctimas o se diezmaban entre ellos en
ajustes de cuenta.
Sin embargo, Jackson Gutiérrez, director
y actor en la película, advierte que
todo es ficción: la sangre es salsa
de tomate; lo que parece droga es harina
pan; los disparos son fosforitos y triquitraquis,
todas las pistolas son de juguete, "y los
actores son todos jóvenes trabajadores
de la comunidad que comparten conmigo la
misma inquietud por lo que le está
pasando a todos los chamos del barrio".
A pesar de tener poco más de un
mes en la calle, Azotes de barrio en Petare
ha generado tantos comentarios que, por
ejemplo, algunas personas se atreven a
asegurar que allí se hace apología
del delito, ya que están instigando
a los adolescentes a delinquir y que no
hay otra manera de resolver los problemas
si no es a través de la violencia.
Si existe algún delito o no será
la Fiscalía la instancia que lo
determine y para ello designó a
las fiscales 94, 95, 99 del área
metropolitana, y a la 5 de Vargas, Blanca
Marcano, Yenny Guerrero, Carolina González
y Raiza Sánchez, respectivamente,
quienes abrieron de oficio una investigación
para precisar el origen, distribución
y venta del video a fin de determinar
la posible violación de los derechos
del niño, niña y adolescente,
contenidos en los artículos 68,
74 y 75 de la Ley Orgánica de Protección
del Niño, Niña y Adolescente
(Lopna).
Ante tal situación, Gutiérrez
y las personas que actuaron en la
película se defienden, pues argumentan
que ellos en ningún momento invitan
a la juventud para que escoja ese
camino. "La gente tiene que ver más
allá y darse cuenta del diálogo
que utiliza el personaje el Junior,
quien luego de renunciar a la vida
delictiva trata de reinsertarse a
la sociedad, pero es rechazado por
ésta".
Más allá del discurso
moralista que pueda encontrarse
en el contenido de Azotes de barrio
en Petare, el grupo de jóvenes
dice que lo que están intentado
hacer es llamar la atención
de las autoridades, "que se den
cuenta de que nos están matando,
nos estamos matando en los barrios
y no hay autoridad que haga algo
por la gente que vivimos y padecemos
a diario la violencia. Ese es el
mensaje que queremos dar".
Hablan los expertos
La investigadora del
Laboratorio de Ciencias Sociales
(Lacso) y profesora de sociología
de la UCAB, Verónica
Zubillaga, considera que la
película hay que analizarla
desde varios flancos. "El
primero, por qué la gente
se detiene a ver el video
en la calle, el mensaje y
su contenido".
Según la profesora
en Azotes de barrio en Petare
hay una necesidad de verbalizar,
de exteriorizar el problema
de la inseguridad y la violencia,
para lo cual debe abrirse
una discusión a fin
de encontrar soluciones:
"Es por eso que la gente
se siente identificada,
por la falta de respuestas".
Por otro lado, se le
hace un llamamiento al
Gobierno a través
de la juez de Paz Cheila
Zoto, quien en el inicio
de la película hace
un pequeño bosquejo
de lo que el espectador
conseguirá en el
contenido del largometraje.
El tercer punto, la
investigadora lo dedica
al plano interno del
video, cuyos personajes
principales _todos jóvenes_
hacen un llamamiento
a los adolescentes del
barrio para que no tomen
rumbos errados como
el de las drogas o de
pertenecer a alguna
banda hamponil. "Sin
duda alguna hay un mensaje
aleccionador", dice
la experta.
Otra de las aristas
es la denuncia que
hacen al final del
video, cuando dos
policías asesinan
por la espalda a dos
delincuentes, los
despojan de las armas
y luego siguen su
camino como si nada
hubiera pasado: "Eso
es un reflejo del
proceso de descomposición
que vienen experimentando
los organismos policiales".
Explica que ahora
la gente no percibe
a la policía
como factor de seguridad,
sino como un actor
más en el espiral
de violencia y ante
esa carencia de
seguridad las personas,
a todos los niveles,
se han visto en
la necesidad de
armarse; por eso,
"cada vez más
observamos la tendencia
a solventar los
problemas y las
peleas usando armas".
Por su parte,
el profesor de
Cine de la Escuela
de Artes de la
Universidad Central
de Venezuela,
Iván Feo,
lo primero que
exclamó cuando
se le preguntó
sobre qué
opinión le
merecía Azotes
de barrio en Petare,
dijo: "es arrechísima
porque esta es
una historia que
plantea el problema
de la violencia
desde adentro
hacia fuera. No
es como Garimpeiro,
Huelepegua o Secuestro
express, que ven
el problema de
afuera hacia adentro".
Es por ello
que el catedrático
califica la
película
como "accidente
cinematográfico",
que tiene mucho
valor desde
el punto de
vista testimonial,
pues "es la
gente que padece
y vive la violencia
todos los días
en esos sectores".
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