PILAR DIAZ
EL UNIVERSAL
La suciedad es lo más notorio en los pasillos del hospital
José Gregorio Hernández de Los Magallanes de Catia.
La mugre de años se mantiene pegada en los rincones,
el piso no es lavado con maquinaria especial. Un coleto _ni
siquiera mopa industrial_ es pasado por los pasillos, las
cucarachas están libres y andan por donde sea. Los médicos
se ven en la obligación de comprar polvo insecticidad
que medio frene la invasión de bichos.
Los médicos se rotan semanalmente para comprar el
papel sanitario y las servilletas, así como el alcohol
y el agua oxigenada que usan en el servicio. Tampoco hay
papelería para realizar las historias y se hace en
papel reciclado, tachando la parte vieja, sin tomar en cuenta
que los informes médicos son un documento legal.
Sus alrededores no se presentan mucho mejor. Llegar hasta
la emergencia de Magallanes implica sortear una vía
llena de huecos, sumando además la inseguridad que
se presenta durante la noche.
En esta radiografía del Magallanes de Catia hay
que tomar en cuenta la falta de personal capacitado,
en particular en las especializaciones de neurología,
otorrino, endocrinología y oftalmología dentro
del área del servicio pediátrico, indicaron
varios trabajadores y médicos.
80% de los médicos que trabajan en esa área
son contratados, no tienen cargo fijo, sin contar
con los de otras áreas. El contrato es por un
mes y así pueden estar por años. En estos
momentos cobraron el mes de octubre del pasado año,
pero les deben noviembre, diciembre y enero.
El salario que devenga un médico especialista
es de 657.261 bolívares mensuales. El jefe
de un departamento gana desde el mes de diciembre
pasado 970.000 bolívares, y todavía no
han cobrado el aumento, incidiendo esto en la falta
de motivación que puede tener un médico
que además _en el caso de los especialistas_
son profesores de las cátedras de posgrado
que funcionan en el hospital, por ser una dependencia
adscrita a la Universidad Central de Venezuela,
pero sin paga extra.
Dentro de las fallas está la falta de jefe
de Neurología Pediátrica, pues la titular
está en comisión de servicio y eso significa
que todos los pacientes que llegan con casos de
neurología son referidos a otros hospitales.
Las ambulancias tienen que ser pedidas con
antelación, ya a las 5 de la mañana
hay una persona buscando una ambulancia para
hacer los traslados, pero nunca hay una unidad
parada en las puertas del hospital.
Tampoco hay tomógrafo. A veces la sala
de radiología está parada por alguna
razón; en estos momentos se presta el
servicio, pero las placas son de mala calidad,
lo que obliga a repetirla, según indicaron
los médicos.
También está la falta de funcionamiento
de los siete ascensores _hecho viene ocurriendo
desde 1983_ y que obligó hace semanas
atrás suspender las operaciones electivas.
A estas deficiencias hay que sumarle
el tenso ambiente que se vive en el hospital
por la presencia de los contralores sociales,
que están más pendientes del
movimiento que hace el personal _médico,
enfermero, obrero_ que de las deficiencias
que tiene la planta física.