CARACAS, jueves 12 de enero, 2006 | Actualizado hace
"Ser Luz del mundo y Sal de la tierra
en la Venezuela de hoy"
I. Abrirnos a la esperanza
1. Al comenzar el año 2006, los Arzobispos y Obispos
de Venezuela, reunidos en la octogésimo quinta Asamblea
Plenaria Ordinaria de nuestra Conferencia Episcopal, saludamos
con gozo y esperanza a todos los fieles católicos y a
todos los venezolanos y residentes en el país.
2. Estamos en el amanecer de un nuevo año. Con la confianza
puesta en Dios les anunciamos que la Iglesia en Venezuela
está por iniciar una nueva etapa en el desarrollo del
Concilio Plenario, es decir, la etapa de su aplicación.
En efecto, dentro de pocas semanas recibiremos de la Santa
Sede la aprobación de los documentos de nuestro Concilio,
junto con las observaciones que considere oportuno hacer.
A través del Concilio nuestra Iglesia se prepara también
para dar su aporte a la V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano, que tendrá lugar en Aparecida, Brasil
(abril de 2007), similar a las realizadas en Río de Janeiro
(1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo
(1992). Mediante el Concilio Plenario invitamos a todos los
católicos a proclamar que estamos llamados a ser "luz
del mundo y sal de la tierra en la Venezuela de hoy", y en
la proximidad de la V Conferencia los animamos a ser "Discípulos
y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él
tengan vida".
3. Con fraterno regocijo queremos acompañar a la Iglesia
particular de Barquisimeto en la celebración de los ciento
cincuenta años de la Procesión en honor de la Santísima
Virgen, Madre del Divino Pastor, invocada como la Divina Pastora.
II. La realidad del país interpela nuestro ministerio
pastoral
4. Dirigimos nuestro pensamiento y nuestra mirada de pastores
a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo, Redentor nuestro, en
quien tenemos puesta nuestra esperanza, y a nuestro pueblo,
objeto de nuestras preocupaciones y desvelos. La situación
del país nos preocupa e interpela por la magnitud de
sus problemas. Ante todo, la incertidumbre de su destino democrático
por los problemas políticos. El acto electoral del pasado
4 de diciembre, signado por un alto porcentaje de abstención,
que tuvo como consecuencia inmediata la conformación
de la nueva Asamblea Nacional con una sola orientación
política básica, crea una situación político-social
inédita en los anales de nuestra historia republicana,
y generadora de graves inquietudes. No menos preocupantes
resultan también la manifiesta sospecha de una amplia
y profunda corrupción a nivel interno, en diversas áreas,
y las dispendiosas "solidaridades" externas, el deterioro
de las instituciones, con la consiguiente y generalizada desconfianza
hacia ellas, la disminución de la calidad de vida por
el aumento acelerado de la pobreza y de la inseguridad. Además,
el acoso y hasta represión policíaco-judicial por
motivos razonablemente considerados como políticos, así
como la violación de los derechos humanos personales
y grupales, la discriminación también política
y la penalización - o su amenaza - de actividades normales
y reclamos justos, configuran un angustioso cuadro social.
La imagen que hoy por hoy sintetiza muchas imprevisiones,
omisiones, manipulaciones y distorsiones, es el colapso de
diversas obras de la infraestructura vial, habitacional, sanitaria
y educativa a lo largo y ancho del país. Por otra parte,
los obispos valoramos la importancia que dan las autoridades
públicas a determinados aspectos, vitales para el desarrollo
armónico del país, a través de los diversos
programas de alfabetización, educación y atención
sanitaria. Los programas sociales son ciertamente respuestas
parciales a los efectos de la pobreza y las enfermedades,
pero no se ha puesto mayor énfasis en hacer que desaparezcan
las causas de estos fenómenos, como son la inestabilidad
del empleo, la pérdida del poder adquisitivo de la moneda,
la mentalidad rentista que aumenta por el creciente populismo
y clientelismo, y la poca valoración del trabajo.
5. Desde nuestra misión de pastores, discípulos
de Jesús, el Buen Pastor, nos parece lo más sensato
y, al mismo tiempo, urgente, tener clara conciencia de que
las vías de solución a nuestros problemas solamente
las podemos descubrir o construir entre los venezolanos. Por
ello consideramos que si todos, con diferente grado de responsabilidad,
somos parte de los problemas, debemos ser, de la misma manera,
parte de la solución. No debe continuar el enfrentamiento
entre hermanos y la abierta preferencia del gobierno por los
que apoyan su opción. Nadie debe ser excluido ni quedarse
indiferente por tener una ideología distinta. Todos nos
necesitamos y todos podemos aportar. Ni la lamentación
ni la crítica son suficientes. Por el contrario, es indispensable
construir un proyecto integral de país (con todos y para
todos), y planes parciales con los cuales responder, de modo
orgánico, sistemático, creativo y coherente, a las
necesidades del pueblo. Invitamos a todos los grupos políticos
y económicos a anteponer los intereses generales de la
población a sus intereses grupales. Sin conciencia de
los deberes y derechos ciudadanos no se logra el bien común;
sin su ejercicio libre, justo y solidario, no se puede experimentar
la reconciliación, ni vivir en paz y democracia.
6. En lugar de la polarización y exclusión necesitamos
una progresiva cohesión de los ciudadanos en planes y
programas, aun pequeños o modestos, que nos integren
y asocien en la búsqueda del mejoramiento de la realidad
concreta en que vivimos. Los profesionales de la política
y el resto de la ciudadanía, los empresarios y los obreros,
los profesores y los estudiantes, los ministros sagrados y
los fieles laicos debemos comprometernos por imperativo de
la conciencia a colaborar estrechamente en la solución
de los problemas o conflictos que se presentan a diario en
todos los órdenes de la vida.
III. Testigos del amor
7. Llamamos a todos los hermanos en la fe para que asuman
como cosa propia el espíritu y la letra de los documentos
del Concilio Plenario de Venezuela. El Concilio fue pensado
como un proyecto de gran aliento, con el cual la Iglesia venezolana
haría su entrada al tercer milenio. Se concibió
como una magna asamblea eclesial, guiada por el Espíritu
de Dios, creador de novedades, es decir, de renovación
espiritual, humana y social. Pero sobre todo, el Concilio
nació - y así queremos que sea entendido y asumido
- como respuesta a los grandes desafíos que tiene nuestra
Iglesia de cara a la compleja realidad socio-cultural, política
y religiosa en que el Señor la hace caminar.
8. A nuestros más cercanos cooperadores en el servicio
de apacentar el pueblo santo de Dios, los queridos sacerdotes,
les manifestamos nuestro más sincero reconocimiento,
cariño y gratitud. Ellos dan la vida día a día
por sus hermanos y hermanas. Vaya también nuestro fraternal
aprecio a las religiosas y religiosos, a los diáconos
y ministros laicos, y a todos los seglares, hombres y mujeres,
jóvenes y niños, que insistentemente han seguido
haciendo de la escuela, del hospital, del asilo de ancianos,
de la catequesis y de la labor social y comunicacional un
areópago, a modo de colina o tribuna, desde el cual proclamar
de nuevo la buena noticia de Jesucristo y su proyecto de hermandad
contenido en las bienaventuranzas.
9. Junto con los sacerdotes, nuestros hermanos en el ministerio
o servicio pastoral, y las personas consagradas, seguiremos
acompañando a nuestro pueblo, de modo preferente a los
más pobres y necesitados, a los enfermos y encarcelados,
comunicándoles la fuerza y la esperanza del mensaje central
del Evangelio: el amor que Dios Padre nos tiene como a sus
hijos y el amor que como hermanos tiene que distinguirnos
(Cf. Jn 15, 17; 1 Jn 4, 7). Queremos profundizar el trabajo
evangelizador mediante el anuncio misionero del Evangelio
y una catequesis entendida y asumida como auténtico proceso
de formación cristiana. Además de los itinerarios
catequísticos que estamos poniendo en práctica en
Venezuela, contamos en este momento con dos nuevos instrumentos
de evangelización: el Compendio del Catecismo de la Iglesia,
salido en gran parte del corazón y de la pluma del Santo
Padre Benedicto XVI, y el Compendio de la Doctrina Social
de la Iglesia, valiosa obra que actualiza, resume y lanza
de nuevo la enseñanza de la Iglesia en el campo social
y político. Ambos documentos han nacido del Evangelio,
de la doctrina de los Padres de la Iglesia y del rico y secular
Magisterio eclesiástico.
10. En este contexto de profetismo, renovación y compromiso
se está preparando el VI Congreso Nacional de Laicos
para el próximo mes de febrero. Este acontecimiento será,
Dios mediante, un nuevo impulso para los laicos venezolanos
en su propósito de ser "protagonistas de la nueva evangelización"
y constructores de la sociedad por su testimonio y acción
coherentes y eficaces en el ámbito de la vida familiar,
profesional y pública.
11. A los católicos comprometidos directamente con la
acción política, según la diversidad de sus
opciones, pero a partir de la fe común y el mismo compromiso
con el pueblo, los invitamos a pensar en un proyecto básico
para una Venezuela mejor. Para semejante tarea, difícil
y hasta espinosa, es indispensable deponer actitudes o posturas
cerradas y abrirse al diálogo. El único diálogo
valedero y eficaz es el que se fundamenta en la verdad, en
la humildad, en el respeto al otro, y en la disposición
a cambios profundos y duraderos, como lo recuerda el Santo
Padre en su reciente mensaje para la Jornada Mundial de la
Paz: "La verdad de la paz llama a ser transparentes en las
negociaciones y fieles a la palabra dada" (Benedicto XVI,
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2006, N° 6).
En esta línea, prioridad ética de reconciliación
y de paz social, solicitamos nuevamente medidas de gracia,
beneficios procesales y trato humanitario para todos los presos
políticos, el cese de la persecución por causas
políticas y una renovación total del Consejo Nacional
Electoral, en sus miembros y en sus directrices, organizado
conforme a lo establecido en la Constitución y con las
exigencias ineludibles de transparencia, autonomía y
confiabilidad y, por otra parte, la radical decisión
de colaborar sinceramente con aquellos planes y programas
que beneficien al pueblo y no representen un instrumento de
manipulación, corrupción y exclusión.
IV. Conclusión
12. La Conferencia Episcopal es un organismo eclesial que
el próximo mes de junio cumple cuarenta años, pero
sus orígenes se remontan a cien años atrás,
cuando se reunió el Episcopado por vez primera después
de la Independencia: ella procura renovarse, actualizarse
y cohesionarse cada día más para lograr una mayor
eficiencia en la proclamación del Evangelio y en la construcción
del Reino de Dios. Desde esta institución hacemos estos
llamamientos que no tienen otra intención u objetivo
que suscitar unas sanas inquietudes espirituales y morales,
culturales, humanistas y cristianas, que contribuyan a enderezar
los caminos personales y sociales de nuestras vidas, por los
cuales llega Dios a nosotros, y a gestar un modo de vivir
más feliz para todos los que habitamos este país
y una Iglesia purificada de sus errores, más pura y santa,
más acogedora y servicial, más arriesgada y comprometida
a conformar la historia humana con el orden divino (Cf. Benedicto
XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2006, N°
4).
13. Estas metas y propósitos que hemos expuesto, compartiéndolos
con nuestros hermanos en la fe y con todos los hombres y mujeres
a quienes Dios ama, los ponemos en manos de Jesucristo, Buen
Pastor, y de su Santísima Madre, la Divina Pastora, suplicándoles
que los bendigan, los sostengan y los lleven a su plena realización.
14. Con nuestra bendición, y los mejores votos por un
año lleno de satisfacciones, gracia de Dios y paz.
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela.
Caracas, 11 de enero de 2006.
03:20 PM. Nacional y Política. El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, afirmó que "se le están quitando siete mil millones de BsF a las regiones". En el caso concreto del estado Miranda, estimó 700 millones de BsF.
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