JOSEPH POLISZUK
EL UNIVERSAL
Finalmente ocurrió. El tantas veces reparado viaducto
1 de la autopista Caracas-La Guaira no aguantó más.
Después de las 7:00 de la mañana de ayer, los trabajadores
y vecinos de la zona escucharon el crujir del concreto e inmediatamente
los obreros que trabajan en el puente corrieron para cerrar
el tránsito de la vía.
Carlos Arturo Osorio no recuerda la hora exacta, pero ayer
contaba la película mientras pasaba el susto a un costado
del viaducto. Iba manejando su vehículo cerca de las
7:20 de la mañana cuando frenó el carro sobre la
primera mitad de la estructura. "Venían los obreros corriendo
mientras decían: ¡Corran! !Corran que el puente se está
cayendo!"...
Como el conductor de la camioneta que tenía atrás
no lograba volverla a encender para retroceder, desembarcó
su carro y se apresuró hasta alcanzar tierra firme,
donde luego estacionó el vehículo y esperó
más de tres horas desde el lado de Caracas, mientras
Catia y el resto de la capital pasaban el trago amargo de
una ciudad congestionada con una sola vía hacia el
mar.
Aunque el ministro de Infraestructura, Ramón Carrizález,
había anunciado a principios de diciembre que habilitarían
un puente de emergencia si colapsaba el viaducto, ayer
descartó esa posibilidad. No precisó detalles
sobre la fractura que ocurrió en el arco del puente,
pero aseguró que la misma montaña que ha puesto
en jaque a la estructura se desplazó 25 centímentros
en la madrugada de ayer, cuando ya era una emergencia
1 centímetro al día.
A pesar de que los técnicos del Minfra en diciembre
habían afirmado que su "paciente" se encorvaría
cuando colapsara, Osorio no imaginó que el puente
llegara a presentar un pequeño elevado. Como trabaja
en la línea Aeroejecutivos, que traslada turistas
desde Maiquetía hasta Los Roques, ayer advertía
que en los tres años que lleva cruzando la autopista
para ir desde Caracas hasta el estado Vargas, nunca
había visto la fractura que presentó el viaducto.
Mientras las autoridades del Gobierno desfilaban
por el viaducto, los habitantes del sector Tacagua
que estaban en el lado de Caracas, atravesaban el
puente a pie, para llegar a sus casas. Elizabeth Ruiz,
de 39 años, y Yolimar Guerrero, de 30, por ejemplo,
tuvieron que embarcar una ambulancia para que fueran
auxiliadas antes de dar a luz, porque estaban rompiendo
fuentes en uno de los barrios aledaños a la zona.
No fueron las únicas que caminaron: en la
tarde y en la mañana de ayer la gente marchaba
hasta Catia para tomar un transporte público
que los llevara a sus trabajos. En el camino se
encontraban a niños que por primera vez en
53 años de autopista, tenían una vía
libre para jugar beisbol, entre otros deportes.