R. ESCALONA
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
Maiquetía. "Ese día volví a nacer.
El ruido de la explosión fue horrible, no había escuchado
nada así, cuando volteé a ver qué había
sucedido, venía la onda expansiva hacía mí. Salí
corriendo para el malecón, pero igual me alcanzó.
Me quemé las piernas, el brazo izquierdo y la espalda,
pero quedé vivo. Sólo me encomendé a Dios", expresó
Angel Mendoza, uno de los tantos heridos que dejó la tragedia
de Tacoa _el 19 de diciembre de 1982_ hace 23 años, en
el Complejo de Generación Eléctrica de Arrecife, estado
Vargas.
Fueron 160 fallecidos, 50 bomberos, comunicadores sociales,
500 viviendas destruidas, cientos de vehículos calcinados
y un recuerdo que marcó la vida de tantas personas.
Una vez ocurrido el suceso, este joven de 22 años,
para la época, quien se dedicaba a cuidar en el balneario
las lanchas deportivas de caraqueños que bajaban en
vacaciones a disfrutar de las playas del litoral central,
se sumó a la labor de funcionarios de los Bomberos,
Defensa Civil y Voluntarios que salvaron sus vidas y comenzaron
a rescatar a los afectados y trasladar a los heridos.
Mendoza recuerda que estaba en una fiesta de toque de
tambor y llegó a su casa a las 4:00 de la mañana,
cuando a las 6:15 am escuchó la primera explosión,
luego la Guardia Nacional comenzó a disparar una
ráfaga de tiros al aire para que la gente se despertara.
"Cuando bajé a ver qué había sucedido,
vi un barco descargando petróleo y corrí a chequear
las lanchas que cuidaba. Los efectivos mandaban a la gente
a desalojar e ir a Playa Tacoa, donde permanecimos tres
horas. Nos avisaron que todo estaba controlado y podíamos
irnos a nuestras casas".
Se estaba quitando el petróleo derramado por el
primer tanque cuando casi a un cuarto para las doce
del mediodía escuchó el sonido de la segunda
explosión, que acabó con la vida de cientos
de personas.
"Después que la onda me alcanzó, fui a
buscar la lancha y ayudar a rescatar a las personas,
porque a pesar del dolor había que hacer algo,
ayudar, era el momento de colaborar, todo era horrible,
sólo pude llevar a 20 personas porque no aguantaba
más con las quemadas. Me trasladaron al Seguro
Social, donde estuve un mes con calmantes y suero.
Lo peor es que estábamos impactados y traumatizados,
había gente que dormida gritaba que se quemaba.
Los nervios se apoderaron de todos. Mis heridas sanaron
con los años, pero los recuerdos siguen frescos".
Un día impredecible
El 19 de diciembre de 1982, tres obreros
de La Electricidad de Caracas efectuaban labores
rutinarias, descargaban combustible y trasegaban
unos 16.000 litros provenientes del barco banquero
Murachí, cuando ocurrió la primera
explosión del tanque 8 que mandó por
los aires a los trabajadores Luis Natera, José
Manuel Rodríguez y Alexis Alsaúl;
este último, a pesar de las quemadas, activó
la alarma de emergencia.
Centenares de funcionarios de cuerpos de
seguridad fueron al lugar para combatir el
voraz incendio.
Cuando suponían que estaba controlada
la situación, el tanque 9 explotó
al mediodía, volando los cuerpos de
los bomberos que hacían el refrescamiento.
Como un volcán en erupción salió
derramado el combustible, mientras que la
onda alcanzó hasta un helicóptero
que arrojaba espuma.
El comandante de los Bomberos Aeronáuticos,
Luis Eduardo Pérez, conversaba con
los periodistas Carlos Moros, de El Universal,
y Marianela Russa, de Venezolana de Televisión,
cuando ocurrió la explosión.
Estaba también muy cerca el fotógrafo
de Ultimas Noticias, Román Rosales,
y a 200 metros la comunicadora social
Mirian Morillo, quien resultó quemada,
pero salvó su vida.
A 23 años podría decirse
que se desconoce con precisión
la causa de lo ocurrido en el primer
tanque y creen que quizás una transferencia
de calor ocasionó la segunda explosión.
Lo que sí es cierto es que Tacoa
jamás se olvidará.
rvescalona@eluniversal.com