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Caracas, domingo 11 de diciembre, 2005  
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ARTESANIA / María Eugenia Dávila y Eduardo Portillo exponen sus creaciones
Tejidos de seda y moriche

Los artesanos merideños desarrollaron en sus telas, la iconografía Yekuana
(Foto Enio Perdomo)
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Los dueños del Taller Morera exhiben por primera vez una retrospectiva sobre su trabajo textil

JENNY LOZANO

EL UNIVERSAL

María Eugenia Dávila y Eduardo Portillo son tejedores merideños que decidieron ir más allá del uso de la lana y el algodón para generar una osada propuesta que mezcla la seda con el moriche del Amazonas venezolano.

En la década de los 80, ellos viajaron becados por la Embajada de la República Popular China para aprender técnicas textiles. De China se trasladaron a India y de allí a Europa. Este recorrido por el mundo les dio una visión más amplia sobre el proceso de elaboración de prendas decorativas y de vestir, además los llevó a las Islas Canarias en donde consiguieron los primeros huevos para la cría de gusanos (Bombyx mori L.) en Venezuela, fue un experimento que arrojó resultados positivos.

Como investigadores natos, descubrieron que en Mérida hubo plantas de morera a principios del siglo pasado, por ello decidieron arriesgarse y cultivaron las hojas, "con ellas criamos los gusanos", explica Dávila.

Además de su interés por la experimentación, la pareja comenzó a recorrer Venezuela y "en un viaje al Orinoco descubrimos tejidos como el moriche, la curagua y el chiqui-chiqui. Estas fibras utilizadas por los indígenas tienen cualidades textiles que imprimen a las piezas características particulares", destaca Dávila.

Esta pareja trabaja en función de proyectos: la seda, las fibras venezolanas, la interpretación de la iconografía originaria del país y por último el uso de pigmentos naturales.

"Los extraemos de semillas, de cortezas de árboles, de frutos y de flores provenientes de distintas partes del país", aclara Portillo. Así para los tonos morados utilizan el eucalipto; para los rosas y el rojo se utiliza la cochinilla, "un insecto que criamos"; para los amarillos se utiliza la cúrcuma y la manzanilla; el onoto imprime el color naranja. "Los colores más difíciles de obtener son los rojos y los azules", agrega Portillo. Para el azul usan el añil, "esa planta se utilizó en la historia para teñir todo lo que es azul, tenemos cuatro años investigando y contamos con una plantación en el estado Mérida".

La producción de los artesanos es reducida, se apoyan de comunidades indígenas y otros tejedores, "nos preocupa la conservación del medio ambiente así que no apoyamos el uso indiscriminado de las fibras porque su extracción excesiva altera la armonía de la naturaleza", afirma Dávila.

Su taller está en La Pedregosa Alta en Mérida y por primera vez exponen una retrospectiva de su trabajo creativo en la sala Trasnocho Arte Contacto, TAC, en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes.

Su trabajo en el arte textil ha costado 20 años de investigación, de allí que su experiencia ha sido aclamada en diferentes ferias internacionales de textiles, en las que han sido conferencistas.

Ahora se encuentran dedicados a la investigación de la iconografía originaria del país, para ello tomaron como referencia los íconos de la etnia yekuana: como el sapo, la tortuga, el mono y las estrellas. "Algunos son fáciles de comprender, otros son sencillamente abstractos".

A partir de esta experiencia iniciarán un nuevo proyecto para llevar a las telas la iconografía de la sociedad venezolana contemporánea.



 
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