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Caracas, domingo 11 de diciembre, 2005  
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La jornada fue definitivamente aburrida en todos los centros electorales
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Desconfianza
La abstención del 4d casi rompe récord. Nunca, en la IV República, hubo tanta inasistencia. La apatía electoral es característica exclusiva de la revolución chavista

GIULIANA CHIAPPE

EL UNIVERSAL

Tres de cada cuatro electores venezolanos no votaron en las elecciones parlamentarias del 4 de diciembre. Tanta apatía electoral, 75% de abstención, no se había visto desde unos sufragios mucho menos importantes: las municipales de 2000, cuando fue de 76%.

La desconfianza es, aunque no la única, una de las principales razones por las que la abstención recibió más apoyo que cualquier candidato a la asamblea nacional. En la amalgama de motivos se fusionan, también, los de tipo político, como hartazgo ante situaciones de presión, amenazas y chantajes; y sociales, como la falta de atracción por la propuesta social del Gobierno.

El alarmante 75% de abstención desafió todos los esfuerzos gubernamentales para imantar a los electores con las urnas. La decisión de faltar a la cita democrática fue más fuerte que las amenazas públicas, que la maquinaria millardaria de movilización y que la convocatoria del gran líder del oficialismo. Nada pudo derrotar una abstención que era absolutamente previsible, según lo dijo, ahora y antes, el analista Alfredo Keller. Precisamente, la última encuesta realizada por Alfredo Keller y Asociados indicaba 74% de desconfianza en el Consejo Nacional Electoral, índice muy parecido al nivel de abstención del 4 de diciembre. La proyección de abstención, en ese mismo estudio preelectoral, oscilaba entre 69 y 74%.

"La desconfianza en el CNE no es el único factor para inducir a tres de cuatro electores a no votar", aclara Keller, "en realidad, ha habido un clima político diseñado por el oficialismo para desactivar integralmente la motivación. Las amenazas, las represalias, el chantaje y las presiones de todo tipo, junto con la arrogancia del abuso de poder, han provocado desaliento social, colectivo, que forma parte de esta decisión ciudadana de castigar al sistema con la indiferencia. Esto afecta tanto a opositores como a los propios seguidores del oficialismo", continúa explicando.

Hablando en general, los estudios de Keller y Asociados indican la coexistencia de tres tipos de causas para la abstención. Las físicas, que es la que alegan los enfermos, los que no tienen transporte o las condiciones climatológicas; la anomia, que es el desinterés por los eventos políticos; y la de tipo política, que afecta a los que asumen la abstención como forma de expresarse, normalmente como protesta al régimen electoral. Según los estudios, esto ha evolucionado del predominio de las excusas físicas a manifestaciones de anomia y a evidencia de la protesta política.

Otros factores que anticipaban la inasistencia eran el amplio desbalance informativo entre los contrincantes electorales, la escasa campaña opositora por falta de recursos y medios, y los opositores apostando por la abstención ante lo que consideraban falta de transparencia electoral.

"Parece muy claro que el Gobierno no está dispuesto a correr riesgos electorales. No concibe perder ninguna cuota política. Por el contrario: busca todo el poder. Lo de los supuestos diez millones de votos y su lema de campaña de todo el poder para el pueblo, son el reflejo de una vocación sectaria y autocrática. La señal derivada es que no hay campo político para más nadie, lo que es un factor desmovilizador muy pesado. Y muy poco democrático", concluye.

El apoyo de ese manido pueblo hacia la revolución chavista tampoco parece ser tan contundente. La euforia inicial por las misiones que se traducen en dinero en efectivo y el aprovechamiento de planes como Barrio Adentro y Mercal parece haber pasado. Keller lo contempla de esta manera: "Una parte de los votantes que normalmente se suscriben bajo el paraguas político del oficialismo, ha demostrado con su abstención que las diversas formas de chantaje populista no dan réditos políticos. En el pasado, se decía que obra no da votos. Ahora podríamos decir que misiones tampoco. Después de siete años de retórica populista o ilusionista, la gente quisiera ver resultados concretos, pero lo que encuentra es ineficiencia, según los indicadores verdaderos de desempleo, delincuencia, pobreza y frustración social. La realidad cotidiana del ciudadano no puede maquillarse".

Por lo menos, displicencia

Para Herbert Koeneke, politólogo, investigador y profesor de la Universidad Simón Bolívar, el 75% de abstención de las más recientes elecciones cuenta con varias lecturas.

La primera apreciación que hace es que la abstención no está sola. Tienen que sumarse, necesariamente, los votos nulos, pues son otra forma de desconfianza. "Por ejemplo, si eres empleado público y te fuerzan a votar, la única manera de protestar contra eso es anulando ese voto exigido".

Considera que tan alta abstención es un reflejo inequívoco de una creciente desaprobación a la gestión de Gobierno. Una prueba de esto es que pese a que el presidente Hugo Chávez invitó a votar públicamente, los canales del Estado promovían constantemente la asistencia electoral, y a que se difundió el acto del sufragio de Chávez en el 23 de enero acompañado de un nieto pequeño (elemento afectivo implícito) para hacer de esta transmisión una especie de portaaviones de la participación, la inasistencia casi rompió récord.

Koeneke reconoce que, quizás, el porcentaje de sufragio efectivo habría sido más alto si la elección de diputados se hubiese enlazado con la del Presidente, como ocurrió hace cinco años. Sin embargo advierte que, definitivamente, existe al menos displicencia hacia el mandatario, pues no obedeció su llamado a votar.

En la IV República, recuerda el politólogo, la abstención nunca fue tan alta. Apelando al libro Medios para la democracia y los procesos electorales, escrito por el periodista Carlos Subero y editado por la Federación Internacional de Prensa en 1998, recuerda cifras de abstención antes de esta era chavista: en las primeras elecciones regionales, realizadas en 1979, la inasistencia de votantes fue de 27%; en las primeras municipales, en 1984, de 40,7%; en 1989, las elecciones de gobernadores después de El Caracazo, la abstención sumó 54,9%; en 1992, fue de 52,7% (en este proceso uno de los ganadores fue Aristóbulo Istúriz y en 1995, la abstención fue de 53,85%.

"La abstención actual está más de 20% por encima de esta última, lo que evidencia un salto muy importante en inhibición participativa. Creo que existe alta desconfianza en el Consejo Nacional Electoral y descontento hacia el Gobierno e, incluso, hacia el Presidente", dice.

Por su parte, la V República tuvo tiempos mejores. En 1998, Chávez Frías obtuvo 56% de los votos, con abstención de 36%; en 2000, la inasistencia electoral fue de 44% y Chávez obtuvo 64% del 56% de electores que votaron. Para Koeneke, esto significa que "en realidad, Chávez lo que ha tenido realmente es un apoyo entre el 33 y 35% del padrón. Nunca ha tenido mayoría absoluta de los electores".

Con respecto a las propuestas sociales del Gobierno, el politólogo considera que la gente las aprovechará mientras pueda, debido a una mentalidad rentista, paternalista y proteccionista que impera. "El apoyo al Presidente durará lo mismo que los recursos fiscales que se dispongan para estos programas".

gchiappe@eluniversal.com



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