PRIMER ACTO. Venezuela tenía durante los años 80 una
democracia que necesitaba rejuvenecerse y una economía
que sufría de una fuerte resaca, como consecuencia de la
borrachera producida por los excesos petroleros de los 70. Comenzando
los 90, trató de curarse con una mayor descentralización
de poderes (gobernaciones) y con un proceso de apertura comercial.
Los cambios fueron demasiado rápidos, se cometieron errores
y quedó servida la mesa para que algo ocurriese.
Segundo Acto. Aparece Chávez, uno de los mejores cuentacuentos
que jamás haya visto el mundo y logra conectar con una
audiencia ávida de cariño y de esperanzas, interpretando
un sublime Hugo-es-como-tú-y-sólopiensa-en-ti, sacado
de ese libreto socialdemócrata, que se le había
perdido a AD cuando descuidó la negociación de la
apertura comercial, por hacerle caso a los fundamentalistas
de esa época.
Tercer acto. Chávez logra subirse a la cúspide
nutriéndose tanto del petróleo como del frondoso
árbol del antiyankismo, aprovechando que últimamente
ambas fuentes han sido ex traordinariamente generosas produciendo
la savia con que alimentar a sus parásitos. Por si
fuera poco, muchos de sus críticos, a quienes les gusta
tener un enemigo importante, refrendan su éxito y elevan
a este humilde soldadito y frustrado pelotero, a las alturas
de ser un gran ideólogo visionario.
Cuarto acto. Buscando satisfacer las crecientes expectativas
del público, Chávez sube a la escena a algunos
de sus fanáticos, pero éstos no sólo resultan
ser unos pésimos actores, sino que además, entre
ellos, se le cuelan sus propios parásitos, dispuestos
a chupar. El público comienza a reclamar; Chávez
preocupado busca la suerte poniendo en escena unas tramas
absurdas... y comenzamos a anticipar el final. Sabiendo
que hasta el mejor actor se vuelve fastidioso, vemos cómo
un protagonista cada vez más nervioso e inseguro,
inicia un vertiginoso joropo con el cual busca darle más
y más a su audiencia, pero sólo logra entregar
menos y menos... hasta que...
Aún no conocemos el exacto final, pero por cuanto
la obra nunca representó en realidad un enfrentamiento
entre dos visiones, sino más bien entre dos inmensas
confusiones, desde ya sabemos que una parte del público
saldrá contenta con la caída del monstruo,
y otra muy triste, por la pérdida de su santo-líder.
Lo trágico de esta bufa comedia convertida en tragedia
griega, es que ahora ambos tendrán que buscar cómo
convivir en un mismo país.
kurowski@telcel.net.ve