Washington. Tanto en familias acomodadas que contratan
para sus hijos niñeras que hablan mandarín, hasta
en estudiantes que abarrotan los programas de estudios asiáticos,
el interés por aprender chino vive un boom nunca visto
en Estados Unidos.
Pero en un país que nunca le dio prioridad a la enseñanza
de idiomas, esa demanda es difícil de satisfacer debido
a la escasez de docentes calificados, dijo Michael Levine,
encargado de educación en la Asia Society, un instituto
con sede en Nueva York que busca estrechar los vínculos
entre Estados Unidos y Asia.
Clifford Greenhouse, director de la agencia de servicio
doméstico Pavillion, dice que cada vez recibe más
pedidos de "familias pudientes" que buscan niñeras
que hablen mandarín con la esperanza de que sus hijos
crezcan bilingües. Greenhouse no siempre puede cumplir
con la demanda.
"La gente que habla mandarín en Nueva York tiende
a menospreciar ese tipo de trabajo; lo ve como ser un
sirviente", dijo.
Leon Furchgott, de 17 años, un estudiante de primer
grado en la Universidad Princeton, se crió "en
chino": desde los 10 años tuvo niñeras que
le enseñaron a hablarlo y recibió clases dos
horas por semana. Hoy habla mandarín fluido.
"A mi madre le gusta decir que mi primera palabra
fue bu yao, que significa "No quiero", contó
Furchgott, quien pasó su niñez en Bethesda,
Maryland, un caro suburbio de Washington DC. "Cuando
era pequeño no era difícil", agregó.
Aunque el chino no está aún entre las
lenguas extranjeras más comunes en Estados
Unidos, es un idioma muy popular en las ciudades
de la costa oeste, como San Francisco.
También han surgido interesados en aprenderlo
en ciudades como Chicago, Filadelfia y Houston,
e incluso en estados rurales como Kentucky y Kansas,
según la Asia Society.
Las ganas de aprender chino "vienen tanto del
interior del país como de las grandes ciudades",
dijo Levine. Detrás de ese interés
en el idioma está el de hacer negocios
con China, agregó.
"Parte de la demanda es de familias que quieren
mantener sus tradiciones, pero en Chicago
es de familias de clase media que lo ven como
una ventaja para sus hijos", explicó
Levine. "Por eso crece tan rápido la
demanda".
Cerca de 50.000 estudiantes están
aprendiendo chino en las escuelas públicas
estadounidenses, y otros 50.000 lo están
estudiando en otros lugares, según
Asia Today.
"Si quisiéramos que 5% de todos
los estudiantes de enseñanza secundaria
en Estados Unidos aprendieran chino, tendríamos
que tener 25.000 profesores de chino calificados",
y no los actuales 1.000, opinó Levine,
quien acotó que para paliar la falta
de docentes, filántropos estadounidenses
y fundaciones corporativas empiezan a
contribuir con la instrucción de
chino en el país.
A nivel universitario la demanda de
enseñanza de chino también
va en aumento; hoy el chino ocupa el
séptimo lugar entre las lenguas
extranjeras, detrás del español,
francés, alemán, italiano,
el idioma de señas y el japonés.
El chino está por delante del ruso
y el árabe entre los estudiantes
de educación terciaria.
Según los últimos datos,
de 2002, 34.153 estudiantes universitarios
estaban aprendiendo chino, un 20%
más que los 28.456 de 1998.
En Yale, la matriculación
en clases iniciales de chino aumentó
68% al comienzo del año lectivo
en comparación con el año
pasado. La Asociación de Idiomas
Modernos ve el chino como el "nuevo
ruso", en referencia al período
de Guerra Fría en que el ruso
suscitaba mucho interés en
los campus universitarios.