GUSTAVO MENDEZ
EL UNIVERSAL
Una nueva elección y con ella el resurgimiento de la
dicotomía entre ir o no a votar. El mal sabor que dejó
el referendo revocatorio, por la infinidad de irregularidades
antes, durante y después del proceso, acentuado en los
comicios de gobernadores-alcaldes y concejales-juntas parroquiales,
ha inoculado en millones de venezolanos, tanto del oficialismo
como de la oposición, los cuales exudan una total desconfianza
hacia las autoridades y funcionarios del Consejo Nacional Electoral
(CNE), con sobradas razones.
Este sector cuenta con el estímulo de diversas organizaciones
políticas y ciudadanas, que con su prédica advierten
sobre la futilidad de sufragar ante, a su entender, las ominosas
condiciones dadas por el CNE. Para este bando, los acuerdos
alcanzados por la unidad opositora con el ente electoral,
no despejan las dudas sobre la transparencia del voto y del
escrutinio. Más aun, consideran incongruente llamar acuerdos
a normas que están previstas en la Constitución
y la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Ciudadana.
Del otro lado, partidos y asociaciones civiles, sin negar
los obstáculos, apuestan a seguir la lucha electoral
por "acercamiento", es decir, en ir negociando mejores garantías
por el respeto del voto. Sostienen que nada se hace con
quejarse y no sentarse a dialogar con el CNE, aunque cueste
hacerlo, pues entienden que sólo así se logra
la vigencia del voto como freno a las pretensiones del Gobierno.
Los militantes del sufragio replican la postura de quienes
llaman a la abstención, abierta o soterradamente,
aduciendo que nada se logró en los recientes procesos
electorales con ese llamado.
Con las cartas sobre las mesas, en dos semanas el país
podrá confirmar cuál de las dos tendencias
se impuso. Al final, queda en la conciencia de cada
ciudadano cuál opción tomar.