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Caracas, lunes 14 de noviembre, 2005  
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OPINION / Hoy lunes
Pedro García Otero // Spaghetti-western


Quizás sea llover sobre mojado con este asunto; el fiscal general, que era poeta antes de que el poder lo sedujera, nos está resultando un pésimo guionista con la película que nos está relatando sobre la autoría intelectual del asesinato de Danilo Anderson.

De entrada, debe decirse que resulta difícil de tragar una historia donde un banquero, socio de la televisora de opinión más importante de este país, y una periodista, Patricia Poleo, que cotidianamente hace denuncias sobre las actividades del Gobierno nacional, aparezcan incursos en una conspiración para matar al fiscal; es lógico que despierten la solidaridad de los medios de comunicación, la cual, por cierto, no debe ser automática.

Pero es que la película se está convirtiendo en una comedia de enredos: La única fuente con la cual se hacen las imputaciones es un colombiano, que el primer día es paramilitar y psiquiatra, el segundo no es ninguna de las dos cosas y el tercero es paramilitar y no psiquiatra; que el primer día existe pero el segundo no, y desde su país advierten que ha estado preso por falso ejercicio de la profesión de loquero, vale decir, por mentir. Es como si mañana uno se presentara al banco del imputado Nelson Mezerhane y dijera: Necesito un préstamo, pero mi fiador es un latero.

Como si eso fuera poco, el "testigo estrella" de la Fiscalía General de la República estuvo en todas las reuniones que se hicieron para asesinar al fiscal Danilo Anderson, con lo cual su estatus pasa directamente de testigo a imputado.

Luego pueden hacerse acuerdos reparatorios con él, por colaborar con la investigación: Pero si trajo 12 kilos de C4 desde Colombia es tan cómplice de homicidio como los hasta ahora involucrados en el caso. Dos dudas surgen: ¿por qué 12 kilos, cantidad que volaría el Helicoide completo?, y: en un país en el que atacan a camiones blindados con balas .40, ¿será tan difícil conseguir C4?

Se describe que en los encuentros los dos generales se presentaban con sus galones de gala, lo cual es extrañísimo, pero digamos que se han visto casos.

Ahora aparece otro "testigo", de nombre Patrocinio o algo así, y afirma que lo contrataron para "ponerle un tumbarrancho" a Danilo para asustarlo. Será que se le pasó la mano.

A la prensa, que nació y vive para explotar las contradicciones ajenas, esto le tiene que parecer, forzosamente, un terreno fértil para desarrollar su actividad. Si eso forma parte de una "campaña mediática" o no, es otro tema; pero los periodistas, los que forman la base de la cadena de producción de la industria, son los primeros convencidos de ello, de cuál es su función, cosa que tanto incomoda a José Vicente Rangel, cuya reputación se basó en lo que hoy abomina, y quien, por cierto, aparece señalado desde la semana siguiente a la muerte del fiscal por una parte de su familia, la que está contra el Gobierno. Porque lo más grave de este asunto es que el bombazo de aquella noche contra Anderson se ha convertido, por propia voluntad de Isaías y del Gobierno _desde aquel patético discurso en la Asamblea Nacional_, en un caso político. Era inaceptable para la razón de Estado el tenor de la evidencia que llevó al exilio interior al comisario José Cuéllar.

Como advertencia queda que la verdad de los hechos siempre termina imponiéndose ante todo.

Por lo pronto, poeta, la película está quedando fatal.

potero@eluniversal.com

 




 
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