Cuentista
Si no fuera porque los personajes son reales, el drama también
lo es y el lógico miedo de sus familiares no es inventado,
el cuento pudiera ser una gran idea para una comedia de enredos
en la que todo se tuerce, se enlaza y se enmaraña para
meter a todos los enemigos en un mismo saco y salir triunfante.
Es más, pudiera ser una novela de horario estelar, muy
rocambolesca, en la que los malos tienen en verdad cara de
"villanos" y planifican sus perversiones frotándose las
manos mientras dicen cosas como "te haré morder el polvo"
o "ya sentirás mi odio en carne propia" o aquello de
"la venganza es un plato que se come frío" y de fondo
suenan acordes tensos, mientras los actores miran a la cámara
con verdadera "cara de cosa".
Pero es que el cuento es tan absurdo que incluso puede
llegar a ser el capítulo de una comiquita como Pinky
y Cerebro, personajes que ya hemos citado en esta columna
y que bien pudieran convertirse en los íconos del régimen,
porque las historias que traman para poder "dominar al mundo"
son tan chambonas que hasta a un niño de cinco años
le parecen graciosas.
El tema está en que las personas afectadas no son
ficción y su honor tampoco lo es. El punto es que
no da risa, porque aunque la situación pudiera resultar
"cómica" en el plano de la ficción, en "la vida
real" lo que genera es un profundo dolor, además
de una gran rabia, porque intentan burlarse de todos los
venezolanos desdeñando nuestra inteligencia.
¿Es que realmente creen que la gente se va a tragar
el cuento de Vásquez de Armas, el testigo clave,
la pieza fundamental de la trama, la columna vertebral
de la investigación, siendo éste un "paraco"
que en su país es buscado por estafador, usurpador
de identidad y mentiroso?
Según el Departamento Administrativo de Seguridad
colombiano (DAS), allá pretendió igualmente
hacerse pasar por psiquiatra y, de paso, dijo que
hablaba alemán.
Lejos de corroborar si eso era cierto, aquí
el fiscal general, Julián Isaías Rodríguez,
pensó que era la reencarnación de Freud,
sin cotejar los datos con las instancias colombianas.
Aunque dijo que lo habían hecho, según
reseñó la prensa ayer, su homólogo
neogranadino negó haber recibido alguna comunicación
sobre los pormenores de este proceso judicial...
Alguien miente...
Pero es que el cuento se cae por su propio peso,
porque no es sólo la maltrecha costura de
un testigo clave que es buscado esencialmente
por "mentiroso", sino que además el mismo
hecho de querer "enlodar" a gente de distintos
sectores, algunos de ellos sin siquiera conocerse
y con tramas baratísimas como la de una supuesta
reunión en la que había un señor
mayor, muy canoso, a quien le colgaba un crucifijo
y al cual le decían Lara, para inculpar al
cardenal, suena a diálogo del escuadrón
"Mete la Pata".
En un país serio, esta trama de factura
cuestionable ya le hubiera costado el puesto
al guionista principal.
Aquí no sabemos si le publicarán
ahora un libro de cuentos infantiles, aunque
su fuerte sea la poesía.