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Caracas, lunes 14 de noviembre, 2005  
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María Isabel Párraga B. // Al Tanto

Cuentista

Si no fuera porque los personajes son reales, el drama también lo es y el lógico miedo de sus familiares no es inventado, el cuento pudiera ser una gran idea para una comedia de enredos en la que todo se tuerce, se enlaza y se enmaraña para meter a todos los enemigos en un mismo saco y salir triunfante.

Es más, pudiera ser una novela de horario estelar, muy rocambolesca, en la que los malos tienen en verdad cara de "villanos" y planifican sus perversiones frotándose las manos mientras dicen cosas como "te haré morder el polvo" o "ya sentirás mi odio en carne propia" o aquello de "la venganza es un plato que se come frío" y de fondo suenan acordes tensos, mientras los actores miran a la cámara con verdadera "cara de cosa".

Pero es que el cuento es tan absurdo que incluso puede llegar a ser el capítulo de una comiquita como Pinky y Cerebro, personajes que ya hemos citado en esta columna y que bien pudieran convertirse en los íconos del régimen, porque las historias que traman para poder "dominar al mundo" son tan chambonas que hasta a un niño de cinco años le parecen graciosas.

El tema está en que las personas afectadas no son ficción y su honor tampoco lo es. El punto es que no da risa, porque aunque la situación pudiera resultar "cómica" en el plano de la ficción, en "la vida real" lo que genera es un profundo dolor, además de una gran rabia, porque intentan burlarse de todos los venezolanos desdeñando nuestra inteligencia.

¿Es que realmente creen que la gente se va a tragar el cuento de Vásquez de Armas, el testigo clave, la pieza fundamental de la trama, la columna vertebral de la investigación, siendo éste un "paraco" que en su país es buscado por estafador, usurpador de identidad y mentiroso?

Según el Departamento Administrativo de Seguridad colombiano (DAS), allá pretendió igualmente hacerse pasar por psiquiatra y, de paso, dijo que hablaba alemán.

Lejos de corroborar si eso era cierto, aquí el fiscal general, Julián Isaías Rodríguez, pensó que era la reencarnación de Freud, sin cotejar los datos con las instancias colombianas. Aunque dijo que lo habían hecho, según reseñó la prensa ayer, su homólogo neogranadino negó haber recibido alguna comunicación sobre los pormenores de este proceso judicial...

Alguien miente...
Pero es que el cuento se cae por su propio peso, porque no es sólo la maltrecha costura de un testigo clave que es buscado esencialmente por "mentiroso", sino que además el mismo hecho de querer "enlodar" a gente de distintos sectores, algunos de ellos sin siquiera conocerse y con tramas baratísimas como la de una supuesta reunión en la que había un señor mayor, muy canoso, a quien le colgaba un crucifijo y al cual le decían Lara, para inculpar al cardenal, suena a diálogo del escuadrón "Mete la Pata".

En un país serio, esta trama de factura cuestionable ya le hubiera costado el puesto al guionista principal.

Aquí no sabemos si le publicarán ahora un libro de cuentos infantiles, aunque su fuerte sea la poesía.



 
 
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