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Caracas, viernes 11 de noviembre, 2005  
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Argelia Ríos // Catalejos

Detrás de lo obvio

Lo obvio resulta desechable para tratar de comprender los intrincados vericuetos por donde el fiscal Isaías Rodríguez ha decidido conducir el caso Anderson. Las conclusiones elementales no parecen tener cabida en el cuadro de la verdad. El final de esta historia seguirá emparentado con lo que no se ve: con los vaivenes de la turbulenta vida interna de la revolución, donde fragmentos de toda índole protagonizan silenciosas y cruentas pugnas, orientadas a preservar y a ampliar espacios de influencia dentro de la nomenclatura. Por eso, ahora mismo no es difícil advertir que la solución del horrendo atentado sigue estando lejos, fuera del alcance de los familiares de Anderson y de los ciudadanos de a pie.

La tartajeante versión del jefe del Ministerio Público _quien representaría la pieza clave de un tinglado que él mismo no controla_ permite visualizar próximos capítulos tan o más sensacionales que éste actual. ¿Alguien puede imaginar en qué se convertiría todo esto si las averiguaciones terminaran aludiendo los nexos directos o indirectos de algunos imputados, con al menos un segmento del Gobierno? Quizás eso explique la nerviosa gestualidad del fiscal Isaías Rodríguez. También su inocultable removida emocional, que no ha conseguido dominar ni siquiera ante la televisión oficial, bien dispuesta para que éste pudiera ofrecer su historia, sin las antipáticas incomodidades de la "otra prensa"... ¿Sabrá el fiscal dónde está parado?. Lo que sí sabe bien es que "los rusos también juegan" y es posible que, por tal motivo, se vea impedido de actuar con el aplomo que el escándalo merece.

En fin, el fiscal está perturbado: y tal vez sea porque se reconoce como parte de una maraña de intrigas que tendrían su eje en el seno del Gobierno. Allí donde se trajina una limpieza general controlada, en la cual participan civiles, militares, radicales, moderados, comunistas, capitalistas, leales y desleales, corruptos e irreprochables. ¿Puede el fiscal saber de antemano a dónde irá a parar él mismo con sus poemas si todo este caso produce una insostenible contaminación endógena? ¿Sabrá él lo que esta historia pudiera desencadenarle a la revolución? Por lo pronto, son muchos dentro de la alianza quienes se resguardan en el mutismo: bien por la incredulidad que manifiestan ante la investigación; o bien por los efectos que ésta pudiera tener en las correlaciones de fuerza dentro del cuadro del "proceso"... Lo que ven les produce sentimientos encontrados: a unos, regocijo. A otros, desconcierto, asco... Miedo.

Está claro que los imputados representan, cada uno, las diversas versiones que desde los órganos competentes se han tejido a lo largo de un año... No es el fiscal quien juega duro. Son otros quienes lo hacen, en el marco de una cacería, con que se pretende aplastar a compatriotas-adversarios, mientras, en paralelo, se logra el objetivo colateral del régimen. Engañar y confundir a la oposición para que actúe sobre supuestos falsos. Las impresiones evidentes tienden a conseguir el abrazo ingenuo y automático de los ciudadanos. Ellas, por tanto, juegan rol relevante en el desarrollo de los acontecimientos... Lo obvio, desechable, sería responder como el Gobierno desea. ¿No es evidente lo que sus operadores buscan? ¿Estarán los ciudadanos dispuestos a sorprender al régimen con una respuesta diferente a la esperada?



 
 
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