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| Caracas, miércoles 02 de noviembre, 2005 | |||||||||||
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PLASTICA / Carlos Sánchez Vega expone este domingo en la Galería Díaz Mancini Diálogo con Mercedes Pardo
SIMON VILLAMIZAR EL UNIVERSAL Los cuadros han terminado de sacarlo de la que a estas alturas habría que bien decir era su casa. Y no, no es una metáfora: una decena de ellos se adueñó primero de la sala. Otro tanto se ubicó en el cuarto principal e invadió hasta la cama. Ni siquiera la cocina y el comedor pudieron librarse de lienzos, papeles, bocetos y dibujos.De modo que Carlos Sánchez Vega tuvo que rentar un apartamento y dejar que su casa respirara aires de galería para "extraños y amigos". Aunque a veces él se toma una que otra licencia: cincuenta de sus obras han ido a parar por estos días a la Galería Díaz Mancini, donde a partir de este domingo muestra su Diálogo cromático, una exposición de la que rápidamente advertirá: "Esta no es una exposición ni de dibujo ni de pintura, pese a que están manejados los dos lenguajes. Es más bien una exposición de limbo, de la que podrías decir que hay dibujos hechos con pintura o pinturas con mucho dibujo. Y es intencional, porque creo que esos bordes se han desdibujado y ya no funcionan para la vida moderna". _¿Dice que esa dualidad es intencional? _Sí, porque es un diálogo con Mercedes Pardo. Este es el resultado de mi eterna pelea con ella, que como maestra era muy fuerte y muy absorbente... Muy de las totalidades y de las verdades absolutas. _Disculpe, pero usted siempre ha manejado verdades absolutas... _Ya no, uno envejece y se suaviza. Ahora digo "creo", "es posible". Ella no, cosa que amo y admiro. Era una persona que desde el principio hasta el final mantuvo una idea sólida, que apenas se mueve o que tarda en moverse... _¿Cómo fue su relación con Mercedes Pardo? _Como éramos dos personas muy fuertes, nos veíamos poco para no entrar en conflictos, pese a que ella se refería a mí como a "su alumno favorito". Creo que era precisamente por eso, porque me le plantaba y le decía "no". Es un poco el texto del catálogo, que es un diálogo virtual entre lo que ella me decía como verdad absoluta y lo que yo siento que es ahora mi verdad. _¿A qué verdad se refiere? _Yo no creo en el color como el único lenguaje de la pintura, creo que es parte de la pintura y que no hay que estudiarlo independientemente. Pero es que Mercedes era de esa generación que agarró la pintura, la desmembró, y entonces Gego se dedicó a la línea, Soto al movimiento, Alejandro Otero al movimiento y al espacio... Cada uno exploró al máximo ese lenguaje... _¿Qué hay de usted? _Yo soy de los nostálgicos, de los que cree que la pintura debería ser como antes, cuando podías usar la línea, el color, el espacio, las formas... _Eso está en obras anteriores como las Meninas y el Circo. _Sí, pero a Mercedes no le gustaban las Meninas, porque decía que cómo era posible que una persona que tuviera un gran ojo para el color se dedicara prácticamente al blanco y al negro. En un comentario que le hizo a Solveig Dayán en el Museo Bellas Artes, dijo: "Del gentío que ha pasado por mis manos, yo solo reconozco a dos como mis alumnos: Eliana Sevillano y Carlos Sánchez Vega. Los dos reconocen tonos milimétricamente diferentes". Eso es esta obra. _Una respuesta casi rebelde a la maestra... _Sí, yo siento que es una especie de niño rebelde jugando con lo que la mamá le dice que está permitido. Pero esta vez no me importa decir lo mucho que me marcó Mercedes para bien o para mal. Ella decía que yo era muy rebelde, pero creo que la movía. Y a mí también, porque no se le rinde homenaje a quien no admiras... _Lo importante, parece ser, es que sigue enfrentándola... _Siempre, porque Mercedes proponía que los colores no debían tocarse; entonces yo los embadurno. Sí, hay una parte lúdica, de niño rebelde. ¿Por qué el color tiene que ser puro? En los años setenta ella decía que el color no tenía lenguaje, que no transmitía sentimientos, y que era simplemente color... Y yo le respondía que no, que el color era metafórico, simbólico. Ella creía que había que llegar a la idea del constructivismo de Mondrián y los colores puros. _Si algo tiene su obra es que en ella el color es muy afectivo. _Yo he sido muy radical en la utilización del color afectivo, en jurungarte los afectos a través de la utilización del color. Si quiero que estés feliz, utilizo colores brillantes, alegres... En ella eso era científico: el amarillo debía estar con un verde oliva para que nos diera una vibración. Tú sientes a Bach con los cuadros de Mercedes de los setenta. _En su caso, ¿qué música cree que puede sentirse? _Yo soy absolutamente memorioso, funciono por medio de la memoria afectiva.. _Volvamos a la exposición. Dice que lo que pretende es jugar con lo que hacía Pardo. _Sí, los que conozcan la obra de Mercedes verán que se trata de jugar. Ella es el ícono y yo me acerco a ella para jugar con sus elementos. Soy yo quien se toma la libertad. Tengo ese derecho, ella me lo dio cuando dijo: "Carlos tiene la libertad que yo no me permito. _Lo dicho: es un rebelde.... _No, porque mi idea no es complacer como artista. Yo quiero que ames mi trabajo por lo que es... y creo que lo he logrado, a pesar de que siempre tiene un veneno. _Hablando de veneno, lo que sí tendrá que reconocer es que su obra se ha hecho más clara. O mejor: menos oscura. _Estoy más viejo. Tengo que reconocer que he cambiado... Cuando se es joven uno reclama como si tuviera el derecho de que la vida haga lo que quieres. Por circunstancias entendí que ese juego siempre me iba a generar frustración, porque no iba a recibir de la vida todo lo que quería. Ahora acepto lo que me da. _¿Será por eso que por primera vez le ha abierto la puerta al color azul en su obra? _Y al amarillo... Hay dos colores que no me gustan por sus connotaciones simbólicas, que son demasiado obvias. El azul, por la referencia al mar, al cielo y, sobre todo, a la Virgen. ¡Pero trata de convencer a la gente de que el negro o el ocre son bellos! ¡A mí me encantan! Y no es que me haya ablandado. Te estoy manipulando el alma de otra manera. Cuando eres joven y bella, no tienes que ser simpática, porque vas a atrapar con la belleza. Pero cuando te vuelves vieja tienes que usar otros encantos. _En ese diálogo virtual con Mercedes Pardo, ¿qué cree que le diría ella si estuviera en la inauguración de este domingo? _Yo creo que le gustaría mucho. Siento que en este momento hay coincidencias con lo que vi en la FIA del año pasado, donde veías que esa idea matemática de Mercedes se había roto. Allí había un cuadro que es icónico: El brochazo, de puros planos rojos y de repente tiene un brochazo negro, que ella hizo con el brazo dislocado. Al final ella se atrevió a manchar el rojo. ¡La libertad que se dio! Se liberó de la academia, de los colores exactos, casi monotemáticos... _¿Por qué pintó catedrales? No es usted muy religioso... _Está la Catedral del Barrio Gótico de Barcelona, Notre Dame, una iglesia gótica de Pittsburgh... Pero yo no las veo como íconos cristianos. A mí la iglesia me encanta por lo tétrico, por lo recargado, por esa sensación que tienes al entrar en una: aunque no creas, terminas creyendo por la escenografía tipo Hollywood. _Por cierto: durante diez años se dedicó a los proyectos multimedia, y con Diálogo cromático regresa a la pintura... _Yo no me dedico ya a la pintura, sino a proyectos multimedia en los que la pintura es parte importante, porque ya no podemos tratar de acercarnos al público solo con la pintura. El arte tiene que conectarse con el alma y no poner a pensar a nadie. No quiero hablar mal de nadie, pero Soto cumplió su momento histórico. Este es un homenaje a una pintora y quise hacerlo con sus elementos. Lo único que quiero es que la gente disfrute los colores de estos cuadros. |
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