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Caracas, lunes 31 de octubre, 2005  
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PSICOLOGIA / El aislamiento no elegido ni deseado causa desdicha
La soledad es un problema global

Es uno de los peores enemigos de la estabilidad que asalta a Occidente

MARIA JESUS RIBAS

EFE/EL UNIVERSAL

Las millones de llamadas que se reciben cada año en los servicios de atención psicológica telefónica de muchos países hablan del grado de sufrimiento que la soledad causa en la sociedad. La mayoría de quienes llaman a los "teléfonos de la esperanza" son mujeres y según los expertos no es porque a los varones el problema les afecte menos sino porque prefieren no contarlo.

Hay muchos tipos de solitarios: los que han perdido una relación afectiva profunda, por alejamiento, ruptura o muerte, o los que se alejan de los demás por miedo a ser rechazados. Otros no han aprendido a convivir debido a que han volcado sus esfuerzos en triunfar o subsistir. También están los marginados, debido a su pertenencia tónica, minusvalía, enfermedad o pobreza. Sea como sea, todos sufren en distinta medida, a veces patológica.

Aunque parezca un callejón sin salida, este problema tiene solución: para salir del aislamiento es necesario tomar contacto, primero con uno mismo y después con los demás: familiares, amigos, compañeros de trabajo e incluso desconocidos con los que intercambiamos unas pocas palabras cada día.

En algunas ciudades un tercio de la población de entre 25 y 40 años vive sola, pero por mucho que las cifras conviertan la soledad en un fenómeno social, ésta no deja de ser un problema íntimo y personal. El corazón de la soledad es la ausencia de un vínculo profundo e íntimo con otra persona: la persona solitaria siente que nadie le aprecia ni comprende o que a ninguno le interesan sus problemas.

Las etapas cruciales
Este tipo de aislamiento es más habitual en la vejez, cuando ya se ha perdido a muchos seres queridos, y durante la adolescencia, cuando el temor a un mundo y unos cambios físicos que no se comprenden ni controlan lleva a muchos jóvenes a la introversión.

Según el psicólogo clínico Andrés Gento Rubio, "las experiencias infantiles como una larga dolencia, el cambio de lugar de residencia o la falta de aprendizaje en la familia de cómo tratar a los demás y conseguir relaciones positivas, ayudan a forjar un carácter solitario, el cual también se ve favorecido por la timidez, el complejo de inferioridad o la fobia social".

Pero, además, hay otros factores que favorecen el aislamiento: desde el cambio frecuente de domicilio, que implica cortar lazos con familiares y amigos, y las relaciones de las ciudades, más frías y menos íntimas que las de poblaciones pequeñas, hasta el aumento de los divorcios y separaciones matrimoniales".

Con el tiempo, la persona aislada tiende a volverse insegura y con baja autoestima, torpe en las relaciones sociales, propensa a dar respuestas defensivas, egocéntricas, hurañas e incluso agresivas.

"Si sentimos soledad, en vez de comportarnos de forma pasiva o autodestructiva _sugiere Gento_ podemos aprovecharla para enriquecer nuestra vida, dedicando tiempo a una afición, escribiendo cartas, escuchando música, haciendo ejercicio, contemplando la naturaleza, yendo al cine, leyendo o practicando actividades que liberen nuestra creatividad y sentimientos".

"Este tipo de soledad activa aumenta la autonomía, al estimular la capacidad de hacer lo que se desea, sin depender de otros para sentirse feliz", señala el psicólogo.

Si se quiere remediar la soledad, hay que propiciar las relaciones sociales, "aprovechando todas las ocasiones de conocer gente, asistiendo a reuniones y fiestas, concertando citas, viajando en grupo, hablando por teléfono o a través de Internet".

Para conectar con la gente y romper el aislamiento, los psicólogos recomiendan ponerse en el lugar del otro.

Abrirse a los demás
Es importante dejar que los demás sepan que se busca afecto y mostrarse tan sincero como la situación lo permita acerca de los propios sentimientos. Al abrirse, hablar o preguntar a quien nos interesa, hay mucho que ganar, porque la gente está dispuesta a responder con afecto cuando alguien se muestra accesible.

Aceptar las muestras de cariño es fundamental para romper el aislamiento. Para que a uno le aprecien, hay que exponerse a las situaciones en que esto sucede, dedicando tiempo a la ternura y a quienes uno quiere más. Hay que aprender a asimilar las expresiones de afecto o los halagos.

También es importante escuchar. Abrirse a la gente, escuchándoles, es una forma de hacerles felices y enriquecerse; por ejemplo, preguntándole a alguien sobre algo de lo que desea hablar y pensando en lo que se tiene en común con esa persona mientras se expresa.



 
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