CARACAS, miércoles 26 de octubre, 2005 | Actualizado hace
Oswaldo Guillén nació el 20 de enero de 1964 en
Ocumare del Tuy. Su niñez y adolescencia transcurrieron
entre Guarenas y Los Teques, pero fue en la capital del Estado
Miranda donde se cruzó con Ernesto Aparicio, el maestro
que guió sus primeros pasos en el beisbol, una vocación
que lo animó desde pequeño.
Ozzie o Paio, como también llaman a Guillén, tenía
diez años cuando conoció al tío de Luis Aparicio.
Don Ernesto, quien conserva fotos y recuerdos de su pupilo,
fue su entrenador desde que estudiaba en la Escuela Rodríguez
López, ubicada frente al estadio, donde pasaba horas
jugando sin mostrar cansancio.
Para la época, todos los colegios asignaban horas fijas
de prácticas de beisbol, una responsabilidad académica
que cumplía, felizmente, hasta en su tiempo libre. Para
extender su jornada deportiva diaria, dirigía la enseñanza
de los niños más pequeños y llegó a formar
incluso su propio equipo, el San Obrero.
La pasión por el beisbol lo hacía pensar en instancias
mayores desde muy temprana edad. Le pedía a don Ernesto
que le explicara qué eran las Grandes Ligas y le aseguraba
que llegaría hasta allá para poner su nombre (el
de su maestro) en alto.
Luego de contar con un guía de amplia trayectoria en
el beisbol venezolano y de una dedicación precoz al guante
y a la pelota, llegó el momento de dar un paso importante
en su destino de logros. Con los 17 años cumplidos, debutó
en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional en la temporada
1981-1982, con su equipo de siempre: Los Tiburones de la Guaira.
Escualo incondicional
Desde su estreno hasta su retiro, Guillén fue
una figura emblemática del conjunto salado. Bastó
una campaña jugando, para que en la siguiente _1982-1983_
pasara a integrar la plantilla como torpedero regular.
En diciembre del 2000, la posibilidad de su retiro se concretó
y dejó a los Tiburones, convencido de que podían
continuar un camino de victorias sin él. Como una demostración
de que siempre estará presente en el corazón del
equipo con el que jugó trece temporadas, recibió
un gran homenaje en noviembre de 2004, luego de su primer
año como manager en las Grandes Ligas.
En medio de ovaciones, y acompañado por su familia,
los directivos de los Tiburones de La Guaira y el presidente
de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, develó
una camiseta con el número 13, dígito que no podrá
usar nunca otro pelotero escualo.
Al mismo tiempo que se consolidaba en el campeonato nacional,
dio otro gran paso: se inició con los Medias Blancas
de Chicago el 09 de abril de 1985. En los diez años transcurridos
desde entonces ha logrado la carrera de triunfos que vaticinaba
cuando interrogaba a don Ernesto Aparicio sobre las posibilidades
de un pelotero en otras latitudes de América.
De novato del año a manager
Desde su primer año como campocorto en las mayores,
empezó a dar señales de lo que vendría. En
1985, fue designado Novato del Año de la Liga Americana.
Él y Luis Aparicio son los únicos venezolanos que
han obtenido este galardón. Fue seleccionado tres veces
para el Juego de las Estrellas (1988, 1990, 1991), y en 1990,
con 26 años, recibió el premio Guante de Oro al
mejor torpedero defensivo.
Una lesión en su rodilla derecha (ligamentos rasgados),
en 1992, le obligó a alejarse del terreno durante casi
una temporada completa. Significó un tropiezo profesional,
pero le permitió compartir con su recién nacido
hijo Ozney, una experiencia que no había tenido con sus
dos primero retoños, debido al ritmo de trabajo.
Para la siguiente campaña, recuperó su condición
física y jugó con Chicago hasta 1997. Luego vistió
el uniforme de Orioles de Baltimore, Bravos de Atlanta y Mantarrayas
de Tampa Bay. En este último jugó hasta el 2000,
año de su retiro como jugador.
Convencido de que nació para dedicarse al beisbol y
de sus posibilidades para ser instructor, en el 2001, emprendió
su carrera como coach de tercera base con los Expos de Montreal.
Los dos años siguientes tuvo la misma responsabilidad
con los Marlins de Florida, campeones en el 2002.
El 03 de noviembre de 2003, con 39 años, fue designado
manager de los campeones de la Serie Mundial de 2005. Contra
todo pronóstico, el primer venezolano en dirigir en las
Grandes Ligas, logró con tan sólo un año al
mando del equipo, que Chicago obtuviera el anillo que perseguía
desde 1917.
Un amigo con don de mando
Cuando firmó el contrato para pilotear el conjunto de
Chicago por dos campañas, con opción a la tercera,
prometió romper esquemas en la forma de dirigir a los
jugadores, y el método le funcionó. Ha sido catalogado
de entusiasta, jovial, "loco", acertado, franco, imprudente,
hablador, inoportuno, entre otros; una mezcla controversial
que lo convirtió en la atracción y el protagonista
de la Serie Mundial de 2005.
Casi todos los jugadores de su club ven en él una figura
paterna. "Es capaz de dar la cara por todos" dice el receptor
A.J. Pierzynski. "Muchos managers viven metidos en su oficina,
sin socializar con nadie. Él siempre está en el
clubhouse, riéndose, haciendo más relajado el ambiente
dentro del equipo", agrega el lanzador Mark Buerhle.
"Así era cuando estaba en Tiburones", recuerda Graciano
Ravelo, coach cuando Oswaldo llegó al equipo, en
1981. "Siempre fue la alegría del club. Pero también
era un muchacho muy responsable, muy trabajador".
El lanzador cubano Orlando "Duque" Hernández, resalta
que "Ozzie podrá ser bromista y todas esas cosas, pero
le gusta que sus peloteros se entreguen en el campo". Pierzynski
reconoce que a veces dice cosas que avergüenzan, pero
"casi siempre tiene razón".
"Mi mayor éxito es mi familia"
En la historia de logros profesionales de Ozzie Guillén,
su familia destaca como su principal inspiración
y motor. Siempre se refiere a su esposa, Ibis Cárdenas,
como uno de los mejores regalos que le ha dado la vida, "porque
es una mujer templada, disciplinada, que entiende mi profesión.
Ella ha sido padre, madre, tía, amiga de mis hijos, y
yo creo que eso es lo más importante en un matrimonio,
cuando todos se respetan, se comunican y se quieren mutuamente".
Se conocieron mientras esperaban en una parada de autobús,
cuando todavía la fama no
había tocado a su puerta. Como estaba primero en la fila,
y ella apenas llegaba, le dijo que si quería se subiese
con él para evitar la cola. Después de veintidós
años, el mirandino está feliz de tener a su lado
a una mujer que lo ha apoyado siempre.
Guillén lamenta que su profesión le haya impedido
dedicar tanto tiempo a sus hijos como lo ha hecho Ibis. Pero
reconoce que su carrera le ha permitido ofrecerles una vida
estable a Oswaldo, (21), Oney (19) y Ozney (13), "chamos universitarios,
buenos muchachos, buenos amigos, saludables", como describe
a sus tres hijos.
Legado social
En 1998, el pelotero y su esposa crearon la Fundación
Oswaldo Guillén, mediante la cual continuaron, en Venezuela,
las obras caritativas que venían realizando en Puerto
Rico, Panamá y otros países de América. Ibis
está al frente de esta organización sin fines de
lucro, que se dedica a recaudar fondos para diversas instituciones
que asisten a niños y jóvenes en las áreas
de salud, educación, alimentación, entre otras.
Con esta iniciativa, Guillén procura colaborar con las
clases menos favorecidas de la población, a través
de la colaboración, cada vez mayor, de sus compañeros
y amigos del beisbol de Grandes Ligas.
Con Dios y con los santos
No es un secreto la importancia que Ozzie le otorga a la
dimensión espiritual del ser humano. Es creyente y practicante
de la santería, a través de la cual busca la salud
y el bienestar para su familia, pero no el éxito profesional.
"Yo no me encomiendo a ningún santo porque ninguno jugó
pelota, como tampoco lo hizo Jesucristo. En ese tiempo no
se sabía lo que era el beisbol (risas). Yo me encomiendo
es a Dios para que ilumine a mis jugadores y los ayude a encontrar
la forma de hacer las cosas bien. A los santos me encomiendo
para que me ayuden fuera del terreno, en especial a la Rosa
Mística, en la que creo mucho, para que me dé salud
a mí y a mi familia".
05:55 PM. Nacional y Política. El presidente de la República, Hugo Chávez, aseguró en su programa dominical que la oposición intentará sacarlo del escenario político de aquí a 2012, con elecciones o planeando un magnicidio y consideró que sin él, la revolución bolivariana se vendría abajo.
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