Mari Montes
No basta
Félix Hernández ya no tiene tan ocupados a quienes
gustan de destacar los ponches y pasar por bola los pitcheos
malos. Ultimamente las victorias le han sido esquivas porque
ha querido dominar confiado en su velocidad, impresionante,
sin dudas, pero que no basta para ganar en las mayores.
Semanas atrás, cuando aún los cronistas no encontrábamos
cómo llamar a Félix Hernández (el Rey, el Rayo,
el Fenómeno, el joven maravilla, etc), César Miguel
Rondón y Ramón David Rodríguez, empresario
deportivo, se quejaban conmigo por "ensalzar" demasiado temprano
las cualidades del jovencito de 19 años. César,
admirador de Miguel Cabrera desde que acabó con sus Yankees,
dijo lo que para mí fue el gran argumento para convencerme
del error. "La humildad es demasiado importante, "Cabrerita"
es la reencarnación de Mickey Manttle y es "Cabrerita";
"Carrasquelito" murió siendo "Carrasquelito". Ciertamente
Miguel Cabrera destaca por su humildad y madurez para admitir
que no ha llegado a la gran carpa.
Desde que fue firmado por la organización de Seattle,
Félix Hernández es comentario de las revistas
especializadas. Los cronistas y los fanáticos tenemos
un rato leyendo y escuchando de sus cualidades como lanzador
y así como el público de los Marineros y la crónica
de Seattle reclamaba la presencia del valenciano en el equipo
grande, desde acá lo recibimos con la misma ilusión
de estar ante la presencia de otro "fuera de serie".
Lo que pasa es que, vuelvo a darle la razón a mis
amigos, para ser un gran pelotero hace falta mucho más
que talento y condiciones físicas, mucho más
incluso que conocer el juego y sentirlo con pasión.
Para ser una estrella hace falta altas dosis de humildad,
sobre todo a la edad de Hernández o de "Cabrerita"
cuando debutó, para saber que faltan muchos innings
para demostrar que hay más que lo que vieron los
scouts. Será prácticamente imposible hacer una
lista de nombres que prometieron ser súperestelares
y que no llegaron, entre otras cosas, porque creyeron
que las especulaciones de los cronistas y los buenos augurios
de cazatalentos y expertos serían suficientes para
establecerse en el tope.
El duelo contra Johnson, por ejemplo, debió ser
una escuela para el jovencito de la recta de 96 millas,
misma velocidad que sigue teniendo pasados los 40 el
zurdo de los Yankees.
No creo que haga falta decir quiénes son, y
cuántos, los peloteros que se conformaron con
ser "grandes prospectos".
No estoy diciendo que esto vaya a ocurrir con Félix
Hernández, porque, con tan sólo 19 años,
tiene a su favor la posibilidad de rectificar a
tiempo y dejar que los humos se vayan de su cabeza
para no andar obnubilado, porque así es muy
difícil ubicar con claridad el home. Lo digo
porque supe que hace unas semanas, la gerencia de
los Cardenales de Lara intentó hacer contacto
con él, en Seattle y el muchacho apenas contestó
por teléfono y se excusó para evitar una
cita. Por cierto, desde entonces los contrarios
han comenzado a descifrar sus picheos y a castigarlo,
lo que luce como bueno, para que no crea que ya
llegó.
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