Sammy Eppel // El fabricante de miseria
|
|
'
) {
document.getElementById("addsHeader").style.display = '';
}
-->
|
| |
CUANDO el Instituto Nacional de Estadística, INE, dio a
principios del 2005 la prueba científica que la pobreza
habría crecido en 10,2% desde 1998 a la fecha, la sala
situacional de Miraflores giró órdenes de acabar con
la "cifras" de pobreza y de comenzar a medir "índices de
bienestar social" tales como la existencia en el entorno de
las diferentes misiones. En otras palabras, si en una zona de
miseria existe Barrio Adentro con un médico cubano, un
Mercal, una UVE, una escuela bolivariana, alguien ha sido enviado
a Cuba para tratamiento médico, etc. Entonces esa gente
ya no es pobre porque han sido incluidos en los logros de la
revolución y por lo tanto su supuesta miseria material
e intelectual ha sido sustituida por la dialéctica comunista
que tiene una respuesta a todo, comenzando por la lucha de clases
del marxismo clásico.
Ahora bien, cómo se convence a millones de venezolanos
testigos de la mayor bonanza petrolera de la historia, con
la cual el régimen de Chávez presta todo tipo de
"ayuda" a decenas de naciones, algunas con mayor ingreso per
cápita que Venezuela, cientos de movimientos de izquierda
en todo el mundo y miles de extranjeros que supuestamente
trabajan en mejorar la imagen del régimen en el exterior,
que la revolución chavista es justa con los más
necesitados de la patria de Bolívar, que la decapitación
de las instituciones democráticas y la confiscación
de los derechos ciudadanos más elementales son en verdad
un logro del pueblo y no la más canalla toma del poder
absoluto.
Chávez como buen populista, ha identificado cuatro
"filones" a ser explotados por su soberbia y extremadamente
bien financiada maquinaria propagandística: El socialismo,
el indigenismo, la pobreza y el antiyanquismo. Ahora bien,
detrás de esta fachada se esconde el verdadero propósito
del usurpador. Me refiero al totalitarismo.
Existen dos sistemas que niegan cualquier participación
de grupos o instituciones sean estos políticos, económicos,
sociales o religiosos en la vida del país, el fascismo
y el comunismo. Ambos consideran a los mencionados como
centros de poder que no pueden ser aceptados como participantes
válidos en el tejido social, es más, deben ser
combatidos y destruidos a como de lugar, no fuese a darse
la posibilidad que alguno se convierta en un punto de
referencia positivo por sobre el régimen. Chávez
no permite que algún miembro de su propio grupo,
ministro, gobernador, asambleísta, juez, alcalde
o dirigente tenga conciencia propia. Al punto que el más
puro ejemplo democrático como lo es la escogencia
de los candidatos al parlamento no lo hace el pueblo con
sus votos, lo hace Chávez encerrado en conciliábulos
secretos. Eso, queridos lectores, es lo que se llama totalitarismo.
¡Será!
Seppel@cantv.net
|