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Caracas, jueves 15 de septiembre, 2005  
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Sammy Eppel // El fabricante de miseria


CUANDO el Instituto Nacional de Estadística, INE, dio a principios del 2005 la prueba científica que la pobreza habría crecido en 10,2% desde 1998 a la fecha, la sala situacional de Miraflores giró órdenes de acabar con la "cifras" de pobreza y de comenzar a medir "índices de bienestar social" tales como la existencia en el entorno de las diferentes misiones. En otras palabras, si en una zona de miseria existe Barrio Adentro con un médico cubano, un Mercal, una UVE, una escuela bolivariana, alguien ha sido enviado a Cuba para tratamiento médico, etc. Entonces esa gente ya no es pobre porque han sido incluidos en los logros de la revolución y por lo tanto su supuesta miseria material e intelectual ha sido sustituida por la dialéctica comunista que tiene una respuesta a todo, comenzando por la lucha de clases del marxismo clásico.

Ahora bien, cómo se convence a millones de venezolanos testigos de la mayor bonanza petrolera de la historia, con la cual el régimen de Chávez presta todo tipo de "ayuda" a decenas de naciones, algunas con mayor ingreso per cápita que Venezuela, cientos de movimientos de izquierda en todo el mundo y miles de extranjeros que supuestamente trabajan en mejorar la imagen del régimen en el exterior, que la revolución chavista es justa con los más necesitados de la patria de Bolívar, que la decapitación de las instituciones democráticas y la confiscación de los derechos ciudadanos más elementales son en verdad un logro del pueblo y no la más canalla toma del poder absoluto.

Chávez como buen populista, ha identificado cuatro "filones" a ser explotados por su soberbia y extremadamente bien financiada maquinaria propagandística: El socialismo, el indigenismo, la pobreza y el antiyanquismo. Ahora bien, detrás de esta fachada se esconde el verdadero propósito del usurpador. Me refiero al totalitarismo.

Existen dos sistemas que niegan cualquier participación de grupos o instituciones sean estos políticos, económicos, sociales o religiosos en la vida del país, el fascismo y el comunismo. Ambos consideran a los mencionados como centros de poder que no pueden ser aceptados como participantes válidos en el tejido social, es más, deben ser combatidos y destruidos a como de lugar, no fuese a darse la posibilidad que alguno se convierta en un punto de referencia positivo por sobre el régimen. Chávez no permite que algún miembro de su propio grupo, ministro, gobernador, asambleísta, juez, alcalde o dirigente tenga conciencia propia. Al punto que el más puro ejemplo democrático como lo es la escogencia de los candidatos al parlamento no lo hace el pueblo con sus votos, lo hace Chávez encerrado en conciliábulos secretos. Eso, queridos lectores, es lo que se llama totalitarismo. ¡Será!

Seppel@cantv.net

 




 
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