GUSTAVO RODRIGUEZ
EL UNIVERSAL
En Yare cuando se enciende la luz roja ningún recluso
puede transitar por el penal, pues corre el riesgo de ser "amonestado".
En el mejor de los casos el reo infractor resulta gravemente
herido, pero por regla general paga la multa con su vida.
En el argot penitenciario los que ejercen el control interno
se les conoce como "luceros" y éstos a su vez son los
guardianes de los jefes de las distintas bandas. Yare es considerado
como uno de los penales más violentos de todo el país.
El poder lo ejercen las bandas dentro y fuera de los pabellones.
Todos se las han arreglado para imponer la disciplina aunque
sea a sangre y fuego.
Los reclusos aseguran que los especialistas cubanos que
integran la llamada "misión penitenciaria" tuvieron
que solicitar autorización a los jefes de las bandas
para entrevistarse con algunos reos. La labor de los expertos
antillanos se limitó al área administrativa. Tal
vez por temor se negaron a recorrer los pabellones para
palpar como sobreviven los reclusos.
En el penal, situado en el estado Miranda, la banda de
"Barrio Chino" ejerce el monopolio e impone la "ley de
la pólvora". Los reclusos admiten que alguien debe
asumir el control, pues allí apenas laboran siete
vigilantes del Ministerio del Interior y Justicia. Cerca
de dos mil presos deambulan en dos edificaciones de cinco
pisos.
Recordaron que en septiembre del año 1999 tras
una revuelta los presos tomaron el control de la cárcel
y expulsaron a las autoridades. Casi 200 efectivos de
la GN equipados con armas largas y tanquetas permitieron
que los vigilantes regresaran días después.
Los familiares aseguran que los grandes motines se
producen cuando las autoridades deciden alterar el
orden y envían a los reclusos a otras cárceles.
"Cuando hay un cambio de gobierno esto aquí es
grave", señaló Gloria de Patiño, madre
de uno de los reclusos de Yare I. El Observatorio
Venezolano de Prisiones solicitó el pasado año
el cierre de ese penal, por el pésimo estado
de su infraestructura. La organización consignó
un documento donde se indica que esa cárcel incumple
90% de las normas establecidas para penales nacionales.
La población reclusa posee las llaves de distintos
calabozos aunque la GN controla la seguridad perimetral.
La nevera está caliente
Los contrincantes de la banda de Barrio
Chino aseguran que a ellos las autoridades nunca
los trasladan. Por eso se les considera también
como "los intocables".
Denuncian que las autoridades además
de golpearlos los obligan a introducirse en
una gigantesca cloaca, la cual es conocida
en el penal como "la muerte". En realidad
es una megaletrina.
Otro castigo consiste en introducirlos
en pequeños calabozos que se caracterizan
por las altas temperaturas. Los presos conocen
a la celda de castigo como "la nevera".
En Yare II hay 224 procesados.
Desde hace tres años un nuevo delincuente
disfruta del trono en Yare, tras el asesinato
de un antisocial que era conocido como
"el Papa". Precisamente el Miércoles
Santo del año 2003 se produjo un
motín y el líder fue decapitado.
El cónclave para elegir el sucesor
de "el Papa" dejó un saldo de siete
muertos.
Del sector La Torre de Reclusión
salió humo blanco cuando resultó
entronizado un hampón conocido
como "el Chiqui". Se asegura que a partir
de ese momento él controla todo
el tráfico ilegal de alcohol, drogas
y armas. Se ufana de contar con buenos
socios para su lucrativo negocio. Otros
consideran que en realidad es utilizado
por un sistema corrupto, por el clan
penitenciario.
Por ello a los verdaderos jefes de
la banda no les conviene que en Yare
exista una cocina, una unidad educativa,
talleres o al menos un lugar para
el esparcimiento. Yare figura entre
las más violentas del ranking
nacional.