ADRIANA DIAZ GUILLEN
EL UNIVERSAL
"Lo que más me duele es que murió por una falla.
El médico me dijo que había superado la etapa crítica
y yo estaba contenta por eso", dijo desconsolada Benilde Blanco,
viuda de Raúl Pérez, quien falleció por falta
de oxígeno el martes en la noche en la Unidad de Terapia
Intensiva del hospital de Los Magallanes de Catia. "No quiero
que eso se repita porque murió gente inocente", añadió
la dama.
"La angustia que viví fue demasiada, la vida de mi hijo
depende de un ventilador. Yo estaba afuera de la terapia intensiva,
los médicos salían y entraban, decían que el
oxígeno se había acabado, yo no sabía qué
hacer".
Indicó que desde que su esposo ingresó a Los
Magallanes los médicos se abocaron a atenderlo. "Casi
todas las medicinas se las tuve que comprar, porque aquí
no habían; este hospital carece de muchas cosas, pero
la atención médica siempre fue excelente".
Asimismo, el pequeño de Siohe Montilla, de nueve
años, logró sobrevivir y se encuentra estable
gracias a que en la Unidad de Terapia Intensiva Pediátrica,
ubicada en el piso seis, tenían una bombona de oxígeno.
Thibisay Navas, médico adjunta en la referida
dependencia, dijo que con ese oxígeno la residente
de guardia le dio ventilación mecánica durante
cinco horas al pequeño.
La tragedia
Una falla en el suministro de oxígeno,
ocurrida el martes a las 10:30 de la noche, en
las áreas de Emergencia, Terapia Intensiva
de Adultos y Terapia Intensiva de Pediatría
le costó la vida a 4 personas.
Las víctimas fatales _hospitalizadas en
Terapia Intensiva_ fueron Carlos González,
de 18 años, recluido por paludismo y neumonía.
Raúl Pérez, de 60, que sufría
de tétanos y sepsis respiratoria por neumonía.
En la sala de emergencia perdió la vida
Leopoldo Hernández, de 76 años. Una
pequeña de apenas siete días de nacida
falleció en la unidad de Terapia Intensiva
Neonatal del piso cinco.
Durante la mañana de ayer, en el auditorio
del hospital, se realizó una asamblea
de médicos, estuvieron presentes el presidente
de la Sociedad Médica, los jefes de servicio
y otros galenos que laboran en dicho centro
asistencial. La indignación e impotencia
por los decesos reinaban en el ambiente.
Los médicos exigían explicaciones
de parte de Luisa Gragirena, directora del
centro asistencial, quien tomó el micrófono
para decir que "sucedió un percance
que estamos investigando. Las bombonas debían
durar hasta las ocho de la mañana".