CARACAS, domingo 21 de agosto, 2005 | Actualizado hace
La defensiva ha sido, desde siempre, el aspecto del beisbol
más difícil para medir en términos estadísticos,
no porque no se pueda hacer, sino porque la interpretación
de los números asociados al fildeo no resulta algo sencillo
de elaborar y por ello requiere un tratamiento distinto.
Por ejemplo, estamos acostumbrados a fijarnos en el promedio
de fildeo de los jugadores, una estadística que se calcula
dividiendo el número de oportunidades en las que el jugador
realiza una jugada que resulta en out (outs + asistencias)
por el número total de oportunidades que tuvo (outs +
asistencias + errores). Mientras más elevado sea este
promedio, mejor suponemos que es el jugador, y si un fildeador
tiene un promedio de 1.000, decimos que es "perfecto". Pero
resulta ser que con esta sola medición no podemos hacer
esa aseveración tan contundente.
Imagínense estos dos casos: el pelotero A es un dinamo
en el campo, corre detrás de todas las pelotas que
le batean, se lanza, brinca y hace cualquier maroma que
sea necesaria con tal de atajar los batazos. Haciendo eso,
realiza una enorme cantidad de jugadas, pero también
comete algunos errores, sobre todo en las jugadas más
difíciles. Supongamos que realiza 233 outs y 501 asistencias,
a la vez que suma 17 pecados. Su promedio de fildeo sería
el siguiente: FPCT= (233+501) / (233+501+15)=.980. Un número
bueno, no necesariamente estelar, pero que habla bien del
jugador.
Supongamos ahora que el pelotero B no se mueve mucho
en el campo de juego, tiene buenas manos y fildea bien
todos los batazos que van dirigidos hacia él, pero
no se arriesga a lanzarse de cabeza o a hacer jugadas
circenses de esas que tanto agradan a la grada. Prefiere
esperar a que llegue la pelota en lugar de ir a buscarla.
En la misma cantidad de juegos que el pelotero A, realiza
166 outs y 433 asistencias, cometiendo apenas 3 errores.
Si calculamos su promedio de fildeo tendríamos lo
siguiente: FPCT=(166+433)/(166+433+3) = .995. A simple
vista pareciera que es él jugador designado con la
letra B es mejor entre los dos; .995 vs. .980.
Pero, ¿es esto cierto? ¿Cuál de los
dos es más valioso? El pelotero B tiene mejor promedio,
pero realiza muchas menos jugadas porque no se arriesga.
Se queda esperando que bateen hacia él, por lo
que muchas conexiones que pasen cerca, pero no lo suficiente,
seguirán de imparables, mientras que el pelotero
A, aunque comete muchos más errores, realiza muchos
más outs y atrapa muchas más pelotas.
Para poder determinar el valor que agrega un pelotero
con su guante, no sólo hay que ver su promedio
de fildeo o el número de errores que haya cometido.
Es necesario también ver el panorama completo
y considerar todas la variables.
El tema del fildeo es uno bastante extenso y en
el que hay varios indicadores y estadísticas
que nos pueden ayudar a tener una mejor idea de
la calidad de un jugador. En próximas entregas
de este análisis estadístico conversaremos
sobre algunos de estos métodos estadísticos
con más detalle, que seguramente ayudarán
a entender mejor lo importante y a la vez lo subjetivo
de las ponderaciones defensivas.
Rodrigo Llamozas
loshijosdelpaton@gmail.com
Rodrigo Llamozas Loshijosdelpaton@Gmail.Com
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