ES ALGO EXTRAORDINARIO que una película filmada en video por venezolanos en Venezuela con un presupuesto limitado, sea adquirida y distribuida por uno de los grandes jugadores en la escena mundial, Miramax. Creo que muchos que la vean, no entenderán, pues están acostumbrados a ir al cine a ver superproducciones de Hollywood con recursos millonarios, grandes nombres actorales y efectos especiales galácticos. Pues bien, los que esperaban esto, vieron la película equivocada. Normalmente una película es para divertir y rara vez tiene algún mensaje más allá del ataque a los sentidos y las que tienen mensaje, normalmente se trata de uno o a lo sumo dos que tocan la fibra moral del espectador.
Secuestro Express nos agobia, nos martilla y nos enfrenta a una serie de metamensajes que en otro país parecerían ficción pero en nuestra querida y sufrida Venezuela son una triste e innegable realidad. Nos enfrenta con el mundo de la juventud en busca de experiencias netamente sensoriales que niegan la ética y la moral. Nos enfrenta con el mundo de la delincuencia desbocada, algo inaudito en un país donde debería sobrar el trabajo, pero donde la reversión de los valores glorifica al criminal versus el que labora honestamente. Nos enfrenta con el mundo de la droga que ha convertido a Venezuela en un gran exportador por donde cruza 60% de la cocaína de Colombia y que por consiguiente, fluye libremente en todos los estratos sociales del país. Nos enfrenta con la homosexualidad y la violencia por la fuerza de las armas. Nos enfrenta con la corrupción de los órganos de seguridad del Estado que supuestamente deberían protegernos. Nos enfrenta con la miseria de las calles y la infancia olvidada. En fin, nos enfrenta con una sociedad fallida que construye muros para aislarse de la realidad.
El director y los actores de Secuestro Express han tenido la valentía de mostrarnos algo que no quere mos ver.
Sí queridos lectores, es posible que Miramax sea capaz de ver algo que tenemos enfrente, pero insistimos en negarlo. Y sin vivir en Venezuela, toma un riesgo a sabiendas que por su presentación de la violencia cruda, Secuestro Express, posiblemente no sea un éxito taquillero internacional. ¿Será posible que todavía existan empresas que inviertan en algo por su peso específico no por su valor en metálico?
La Venezuela que Jonathan, Budu, Nigga y Trece nos muestran en su debut en la gran carpa, no es bonita, es más, es tan aterradora que en las actuales circunstancias, pudiese servir de sirena de alarma que con su aullido penetrante nos obligase a actuar. Secuestro Express es una bofetada a la dirigencia corrupta e indolente que permite que el país se pudra de forma endógena. ¡Será!
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