LA DECISION de si concurrir o no a las votaciones de agosto, es un caso más de la situación política que está viviendo el país. En esencia, esa situación es la de una lucha por la defensa de la democracia en condiciones cada vez menos democráticas. Hasta el punto de que en un momento dado se plantea la pregunta de si defender la democracia por los medios normales de defensa no es más bien una manera de hundirla más.
Los "medios normales de defensa" son principalmente las elecciones, los recursos jurídicos y el ejercicio de las libertades democráticas básicas, como las de expresión, de prensa, de protesta. A todos ellos tendría que extenderse la angustia y la pregunta antes señalada.
LA TESIS de la "convalidación". La tesis central de la argumentación en contra de ir a votar es la tesis de la convalidación. La idea es que yendo a votar convalido un proceso que está viciado por el enorme ventajismo oficial y por todos los medios con que cuenta el Gobierno para torcer y manipular la expresión de la voluntad popular.
No creo que la tesis de la convalidación sea correcta. El hecho de que yo concurra a un proceso político viciado no significa que yo esté convalidando ese proceso. Se puede concurrir a él por otras muchas razones, entre otras el de demostrar que está viciado. Es de insistir en que la tesis de la convalidación habría que extenderla a toda actividad que pudiera contribuir a la tesis oficialista de que aquí todo funciona perfectamente, en términos de democracia y Estado de Derecho. Podría decirse que cuando yo escribo mis artículos contra el Gobierno estoy convalidando la tesis de que aquí hay plenas libertades democráticas, o que cuando un abogado interpone un recurso ante el TSJ está convalidando la idea de que aquí hay Estado de Derecho. No veo la razón por la cual las elecciones son distintas, en este respecto, de estos otros ejemplos que he puesto, de modo que uno no deba ir a votar pero sí deba hablar por la prensa contra el Gobierno o sí deba ocurrir al TSJ con algún recurso de nulidad que se sabe de antemano que va a ser declarado sin lugar.
Para mí el principio es claro: quiero ver al Gobierno reaccionando ante victorias democráticas y jurídicas en su contra, sea una votación adversa, sea un recurso jurídico impecable contra alguna de sus decisiones. Que venga el CNE y anule, o cambie o manipule; que venga el magistrado a pisotear el derecho. Pero que lo hagan, que tengan que hacerlo.
Para decirlo con un ejemplo gráfico, hubiera preferido que la gobernación de Diosdado Cabello o la alcaldía de Rangel Avalos, hubiesen sido producto de un fraude y no de un triunfo, producto de la abstención que afectó a Mendoza y a Ocariz.
PODERES RELATIVOS. Mis ideas en este tema no van mucho más lejos que lo que llevo dicho. El poder demostrativo, convalidador o deslegimitador de las próximas elecciones es muy relativo. La gente ya tomó su decisión. La abstención será alta, como siempre lo son en este tipo de elecciones. Esta vez posiblemente un poco más, pues hay mucha gente que ha decidido no votar porque no está dispuesta a poner su voto a disposición del CNE, por la sospecha de que el CNE hará con él lo que le dé la gana. Es una razón perfectamente comprensible y muchos son los que no cederán en ello. Por otra parte, la campaña electoral no se nota casi nada y no parece que los partidos de oposición hayan logrado compromisos unitarios que estimulen a votar a un poco más de gente. De modo que en ningún caso, los resultados "convalidarán" mayor cosa y quienes han estado recomendando la abstención posiblemente pueden contar con resultados de los que podrán hacer uso para reivindicar el éxito de su prédica. Lo que sí dudo es que una esperable alta abstención vaya a tener un alto efecto deslegitimador del actual régimen, tesis que es por cierto la otra cara de la tesis de la conva lidación.
Lo que sí es cierto es que para las elecciones parlamentarias de diciembre de este año habría que actuar con mucha más energía y dedicación, pues es mucho lo que estará en juego.
CONSIDERACIONES LOCALES. Una última consideración. Hay lugar para que la decisión de votar o no tenga en cuenta las circunstancias locales. Hay sitios donde es importante que todos los opositores voten. Me refiero a aquellos lugares donde la oposición tiene el alcalde y la mayoría del concejo municipal. Hay que evitar que esa mayoría se pierda por culpa de la abstención.
Claro que si deslizamos este razonamiento hacia aquellos lugares donde se podría obtener una mayoría donde aún no se tiene, o donde se podría obtener una importante minoría, llegamos de nuevo a la tesis general y central de este artículo: hasta nuevo aviso, para defender la democracia hay que usar todos los medios que se tengan, empezando por lo que lo que queda de democracia y que pone a nuestro alcance inmediato.
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