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| Caracas, domingo 10 de julio, 2005 | |||||||||||
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Carlos Blanco // Tiempo de palabra Cierta rebelión EL DILEMA ENTRE VOTAR y no votar parece, para muchos, superado. Sencillamente han decidido no votar. No es sólo una preferencia política, como quien escoge entre opciones del mismo rango, sino que se muestra como un auténtico acto de resistencia ciudadana. No es posible cuantificar cuántos planifican dejar de concurrir al acto electoral en esta tesitura; las encuestadoras están muy ocupadas en otras cosas; pero, sí es posible señalar que la abstención en las elecciones del 7 de agosto tiene, para una porción importante del país, el contenido de un repudio feroz al sistema político imperante.
CARACTER DE LA ABSTENCION. Hay quienes se abstienen porque consideran que los resultados, cualesquiera que sean, no los afectan en forma significativa; hay los que lo hacen porque no le dan demasiada importancia a su participación, frente a otras cosas, como hacer una parrillada desde temprano; existen los que, por imponderables (enfermedades, transporte, etcétera) se ven impedidos de asistir. Todos estos motivos pueden concurrir el 7 de agosto, como lo han hecho en otras elecciones. Sin embargo, ahora el principal componente de la abstención parece ser una decisión de un importante sector de la sociedad que asume su conducta electoral como un acto de rebelión frente a lo que ocurre en el país. La grotesca historia de lo que ha hecho el Consejo Nacional Electoral es la principal causa. El fraude del referendo revocatorio, el fraude de las elecciones de gobernadores y alcaldes, fueron motivo de frustraciones sin nombre; pero, esos fraudes educaron a la ciudadanía. No sabían los genios maléficos de las elecciones amañadas que serían ellos quienes provocarían una actitud de resistencia en la ciudadanía que, al final, reaccionaría contra sus fullerías. Es que no se cree en ellos; es que la sensación que hay en la calle es la de una sociedad democrática que compite al mismo tiempo contra el Gobierno y contra el árbitro. El centro de la maraña es el Registro Electoral. Allí están los doble y triple cedulados, los nacionalizados sin cumplir los requisitos, los trasladados inconsultamente, los suprimidos "políticamente", los aparecidos por obra de la taumaturgia revolucionaria. Los que carecen de domicilio y de existencia. Allí está el centro de la trampa. El año pasado, la sociedad democrática acogió la decisión de la Coordinadora Democrática de asistir al RR porque, aseguraban, estaba "blindado" por los negociadores. Conocida la inmensa desgracia ocurrida, a esa sociedad no la capan dos veces. Sea cuál sea el volumen de la abstención y sin que existan mecanismos para diseccionar quirúrgicamente las motivaciones de todos los abstencionistas, sin duda que una porción políticamente significativa y puede que mayoritaria, manifestará su repudio a todo el entramado electoral. No sólo al tinglado oficial, gangsteril y reconocido, sino también al sector de la oposición que fue incapaz de escuchar la queja incesante de la sociedad que dice representar, en aras de una participación suicida y desunida en unas elecciones amañadas de comienzo a fin.
CUESTIONES NO RESUELTAS. A diferencia de los llamados a la abstención que el movimiento guerrillero hacía en la década de los 60; la abstención actual tiene otro carácter. En los 60, el propósito, nunca cumplido, era el de impedir las elecciones; cosa que las bombas, los ametrallamientos y otras armas de persuasión no lograron. Los ciudadanos querían votar y, entre otras cosas, mostrar su repudio a los terroristas de entonces. Ahora nadie trata de impedir que se realice el acto electoral; por el contrario. Se quiere que se realice, en orden, pacíficamente, ante los ojos ávidos del planeta entero, para que se vean las soledades que, presumiblemente, acompañarán el devaluado acto que el CNE ha montado. La abstención de estos días no es un hecho violento sino extremadamente pacífico: ni una brizna de paja en el viento; salvo el aquelarre socialista que reunirá a 15 mil personas de todo el mundo, al costo de 18 mil millones de bolívares, que _¡oh, casualidad!_ se va a reunir el mismo 7 de agosto para producir ruido y disimular la abstención. Un millón doscientos mil bolívares o tres salarios mínimos por participante. La actitud que parece predominar entre muchos ciudadanos es la de que se vea, con toda claridad, que el acto electoral del 7 de agosto carece de valor cívico. El desinterés que hay en estas elecciones no es el de siempre; más bien es el que deriva de reconocerle su tono de farsa. Es como el Arco de Carabobo de anime y cartónpiedra que recientemente presidió la marcha del "Ejército Forjador de Libertades". Es un nuevo ardid, propio de los regímenes autocráticos, destinado a resolver sus contradicciones internas (peleas de candidaturas y de liderazgos); también usada para darle oportunidad de trabajo a sus dirigentes, y, desde luego, aplicada para mostrar ante el mundo un remedo de acto electoral que servirá de hoja de parra para sostener que no hay democracia más avanzada que ésta. Como dice El Padrino, Fidel, no hay democracia mejor que la de Cuba; sólo que es "otra" democracia, y no esa, burguesa, plural y discutidora que caracteriza al resto del universo. Además de ser una confrontación con el régimen, también la abstención política muestra su severidad con los partidos que concurren a la elección. Sin ninguna duda, se ha profundizado la desconexión entre éstos y los venezolanos. La tesis de conquistar "espacios" no ha calado, entre otras razones, porque los espacios a conquistar o preservar no son para la sociedad democrática sino para los dirigentes locales de los partidos, después de entredevorarse, como decía Rómulo Betancourt, por las candidaturas.
RESISTENCIA. Es verdad que ahora no existen las inmensas manifestaciones del año pasado. Podría indicar apatía o, quizá, algo de sabiduría. Las masas se lanzan a las calles cuando un objetivo colosal parece verosímil; el año pasado, la salida de Chávez era o parecía posible. Hoy no; al menos en lo inmediato. Es una parte de la explicación. La otra, es que la sociedad está en la búsqueda de diferentes formas de jaleo; decenas de manifestaciones y protestas ocurren semanalmente en todo el país. Unas son de la oposición política consolidada; otras son de la oposición social que incluye a chavistas y no chavistas. La sociedad ha comenzado a transitar el camino de la resistencia pacífica frente a un régimen que no puede, ahora, ser encarado frontalmente. Una nueva oposición nace al calor de las múltiples y anó nimas luchas que la sociedad libra. En este marco se inscribe la protesta contra las elecciones del 7 de agosto; una forma más de resistencia frente al ré gimen. No debe olvidarse, sin embargo, que el 8 de agosto, al amanecer, las preguntas siguen siendo las mismas, ante el desafío de enfrentar un régimen que no admite su relevo por la vía democrática. Tal vez haya alguna diferencia, si es que en forma masiva y pacífica la sociedad democrática denuncia con su ausencia la reiteración de la farsa, esta vez en forma de elecciones.
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