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Caracas, miércoles 06 de julio, 2005  
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ENTREVISTA / Orlando Albornoz, investigador emérito de la UCV
"El Estado docente no es invasor sino regulador"

Orlando Albornoz, investigador emérito de la UCV
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Para el docente la ley debe encarnar el espíritu de la nación y no una parcialidad

GUSTAVO MENDEZ

EL UNIVERSAL

La lluvia matutina no enfrió su ímpetu para cuestionar la política educativa del Gobierno y las posturas de los sectores de la oposición. Orlando Albornoz, sociólogo e investigador emérito de la Universidad Central de Venezuela, afronta el debate en torno al Proyecto de Ley Orgánica de Educación (PLOE) desde la concepción de cambio que postula el Ejecutivo.

"Hay que entender que la ley es un paso más en el proyecto del Gobierno en cuanto a una nueva sociedad. Ellos tienen el derecho ineludible de formular su propia ley porque sienten que la vigente les impide aplicar sus principios".

_¿La visión socialista?

_Sí, tal vez, lo peligroso es que el Gobierno no está distinguiendo entre nación, sociedad, Estado y revolución, entonces emite la ley para la revolución, como han sido todas las erogadas en este período, pero no capta el espíritu de la nación, en consecuencia cuando la revolución se acabe y venga un nuevo gobierno, algo que es inevitable, redactará una nueva ley.

_La lógica de la revolución es obviar a la sociedad y al Estado.

_Claro, la revolución se encarga sólo de sus propios objetivos, pero eso implica un alto costo para el país porque rompe la continuidad de las políticas públicas educativas. No olvidemos que las reformas operan en un contorno elipsoidal, curvas suaves como las de un huevo, que previene las fracturas y bruscas evoluciones que sólo crean conflictos, como las revoluciones que operan como un bloque sin flexibilidad. Ante esa situación lo que se abre es una serie de conflictos bien importantes. Yo aconsejaría al Gobierno a ser prudente en el tema educativo. No olvidemos que el derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende, por un golpe militar, fue catalizado por la intención de crear la Escuela Nacional Unificada que generó fuertes reacciones como las que motivó el Decreto 1.011 aquí, pero aun mucho más fuertes.

_O el Decreto 321 de 1946.

_Los decretos 321 y 344 ayudaron a derrocar a Rómulo Gallegos porque uno de los elementos de la disputa fue la cuestión educativa. Si bien el Gobierno tiene derecho a cambiar las leyes debe tener la cautela de preservar la continuidad. Y ahí reside uno de los grandes errores del Gobierno, que desperdicia los aportes de organismo nacionales e internacionales y de investigadores de la educación en los últimos cuarenta años.

_Pero esa omisión es propia del Gobierno que hace borrón y cuenta nueva en todos los ámbitos de la vida nacional. Lo interesante es que quienes redactaron el PLOE son egresados de universidades y pedagógicos, y que más allá de las fallas del sistema, niegan todo lo realizado y ejecutado y aspiran a crear un inédito modelo educativo.

_Ahí está lo interesante, ellos rompen la continuidad, al tiempo que ellos son parte de ella. El profesor Istúriz dijo a El Universal que el actual sistema forma personas individualistas, pero entonces hubo fallas porque él es colectivista, por decir lo menos. También es el caso del doctor Samuel Moncada, quien formado en esos años, ahora decide desconocer su propia raíz e identidad como académico, eso ya es un problema personal. En el fondo la revolución es una denominación del Gobierno, porque acá lo que existe es un gobierno constitucional que implica continuidad, y no una revolución en el sentido cubano, mexicano o francés de la palabra. Si se quiere, esto es una revolución mediática más que otra cosa.

_En tema central es la categorización bolivariana y robinsoniana de la educación. Si bien toda educación entraña una ideología, se critica que esa concepción ataca la libertad que garantiza la Constitución e impone un solo pensamiento.

_Es claro que todo sistema educativo es ideológico, pero no todo sistema educativo es doctrinario. La distinción es clara entre ideología y doctrina, por tanto no objetaría la ideología. Un ejemplo es la Universidad Católica Andrés Bello, que no es tan católica en el sentido doctrinario, pero sí es ideológica porque representa intereses. En el caso de la Bolivariana es ideológica, pero no es doctrinaria porque carece del corpus teórico sobre la doctrina bolivariana. Por eso, el PLOE incurre en un exceso infantil de querer imponer lo bolivariano en donde no cabe. En Venezuela la educación siempre ha sido ideológica pero no doctrinaria. La función del Estado docente radica en evitar doctrinas lesivas a la Constitución, pero no puede ser doctrinario de acuerdo con su visión.

_¿Observa usted en el PLOE aspectos que pudieran ser nocivos a los principios constitucionales?

_Sí, y uno es la libertad académica, espacio que el Gobierno no ha sabido negociar porque juzga que todo principio de libertad está relacionado con el régimen anterior. Al leer el PLOE hay una extrapolación impropia entre la concepción del Estado y la escuela. En 1984 yo publiqué un libro La familia y la educación en Venezuela, que creo lo leyeron mal porque yo proponía un control social y no pedagógico como se pretende ahora.

_Se señala que sería un control político.

_Sí, y eso se nota con la pretensión en el IVIC de que los obreros participen en las decisiones académicas. Los que limpian un quirófano no pueden discutir con el médico la parte técnica de la operación, pero sí de la limpieza. Los obreros no pueden discutir los contenidos pedagógicos de la escuela. Al imponerse una dinámica política se quebranta a la escuela, que a la final no obedece órdenes como las de un cuartel. El Gobierno tiene que negociar y entender que las universidades son libres por naturaleza, entendidas como espacios complejos que deben ser regulados, pero no intervenidos.

_La queja radica en que bajo la concepción del Estado docente el Gobierno aspira a controlar todo el ámbito educativo. Por su parte, el ministro Istúriz señala que se quiere sacar al Estado del control educativo ¿Cómo lograr el equilibrio?

_Uno de los grandes ministros de Educación fue Rubén González, quien aclaró que la educación es un problema del Estado y la religión de la familia, y en consecuencia son dos espacios distintos. El Estado docente no es invasor, sino regulador. Los que defendemos el Estado docente no compartimos la interpretación del Gobierno que lo aprovecha, como tantas cosas, para legitimar sus propósitos políticos. Su Estado no es docente sino interventor. Pero la oposición está en el extremo según el cual la familia impone su criterio, por eso hay que hallar un equilibrio. Hay que recordar que en 1931 Stalin ordenó que todos los niños fueran a la escuela, y si un niño no iba los vecinos eran responsables. En fin no se puede pensar la escuela como un cuartel. En Suiza, los niños se pueden educar en sus hogares. Por tanto, hay que allanar un camino. Pero al final, después de 60 años la escuela soviética desapareció y con ella su doctrina.



 
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