Nuestra Tribuna
La masacre de Kennedy
Cuando ocurre una actuación como la masacre de los estudiantes
en barrio Kennedy, se plantea la interrogante de si actuaron
siguiendo instrucciones superiores, o se trata de funcionarios
que están tomando la justicia por su cuenta. Frente a
esa disyuntiva hay un hecho cierto, las autoridades han condenado
los hechos y se han comprometido a castigar a los responsables.
Hay que esperar.
La existencia de los grupos de exterminio es pública
y notoria en Portuguesa, Falcón y Aragua, entre otros.
Asimismo ha sido ampliamente publicitado por miembros del
oficialismo en la Asamblea Nacional, el informe sobre la violación
de los derechos humanos en el Estado Guárico, donde se
sindica a las autoridades regionales.
Se pretende sancionar y al mismo tiempo alegar que hubo un
exceso en cuanto al cumplimiento de sus funciones, ya que
se trata de una manifiesta desproporción entre
seis estudiantes desarmados y veintiséis funcionarios
encapuchados y con armas de guerra. El contraste son los testigos
veraces y un conjunto de circunstancias injustificables. Lo
peor es que lo ocurrido le puede pasar a cualquier ciudadano.
De la masacre se desprenden una serie de lecciones, la inseguridad
no puede combatirse con tanta intolerancia, porque el hombre
de la calle se encuentra en medio del fuego cruzado de delincuentes
y funcionarios. No hay una política criminal y no existe
una estrecha coordinación, coherente y eficiente entre
las policías, la Fiscalía y los tribunales. Definitivamente
lo que hay son archipiélagos insuficientemente interconectados.
Quien carga con la falta de planificación, los errores,
la corrupción y la violencia, es la sociedad civil.
Estas muertes revelan un modus operandi de disparar primero
y preguntar después, con millares de abatidos en enfrentamientos,
de acuerdo con las estadísticas oficiales. Se quiere
combatir la delincuencia solamente con el uso de la violencia,
sin tomar en cuenta la prevención, la participación
de las comunidades y los programas de autodefensa.
El Gobierno debe aprender a oír el clamor de los ciudadanos,
ante la inseguridad en los barrios, la delincuencia masiva,
la corrupción desbordada y las pocas condenas,
aparte de la cifra negra y la sensación de inseguridad
que vive el ciudadano a lo largo del territorio nacional.
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