Mientras los usuarios de nuestras últimas investigaciones
se concentran preferentemente en analizar la popularidad de
Chávez y lo que esto significa para el futuro del país,
mi atención ha migrado hacia algo que encuentro más
llamativo y retador: la caída estrepitosa del interés
de la población en la política. Si bien en noviembre
del año pasado, más de 66% de la gente se manifestaba
atraída por estos temas, en apenas 6 meses este interés
se reduce 22 puntos porcentuales, para ubicarse en 42%.
Tomándolo al revés, 6 de cada 10 venezolanos están
hasta los tequeteques de la política nacional. Esta saturación
se ve reflejada en tres aspectos centrales: abstención
potencial para las elecciones venideras, apatía hacia
analistas, periodistas, líderes y programas políticos
en los medios de comunicación y desconexión de la
población con el sistema democrático como valor
fundamental (¡!).
Con respecto a la abstención, encontramos que alrededor
de 60% de los electores manifestó que podría no
participar en ninguno de los dos comicios electorales próximos.
Si consideramos que la abstención suele crecer con respecto
a lo reportado en las encuestas (proceso conocido que nos
obliga a modelar proyecciones de abstención desde hace
veinte años), auguramos que esta vez se rompan todos
los récords de abstención nacional, quizás
con la salvedad de aquel adefesio de referéndum sindical
convocado por Chávez.
Sobre el seguimiento a las noticias políticas, encontramos
una reducción impresionante de la audiencia. En contraste
con el año 2003, cuando más de 70% de la población
manifestaba abiertamente que su interés principal de
lectura o de programación se encontraba en los asuntos
públicos, investigaciones recientes nos indican que este
grupo se redujo a menos de 30%. Es obvio que la comparación
se vuelve injusta si consideramos que el paro convocado ese
año sobredimensionó el interés en el tema político,
pero el problema es que las encuestas de hoy nos muestran
que la población siente rechazo activo por estos temas,
lo que significa que no sólo dejó de percibirlos
como un asunto prioritario, sino que, además, les parece
¡guácala!
Pero lo más espeluznante es que, si bien cerca de 80%
de los venezolanos se considera demócrata, la mitad de
ellos cree que sería perfectamente aceptable prescindir
parcial o totalmente de la democracia, si otro sistema político
les garantiza, en el corto plazo, la solución a los problemas
que realmente les quitan el sueño: comida, empleo, seguridad
y salud.
Sí, sé que usted, al igual que yo, se impacta al
descubrir que una buena parte de la población pueda estar
dispuesta a dejar de lado sus derechos fundamentales. Pero
no nos engañemos. La democracia, los derechos políticos,
la separación efectiva de poderes y el respeto a la disidencia,
que para mí son vitales, son una completa abstracción
para los integrantes de una familia que vive encaramada en
un rancho en La Bombilla de Petare, que deben robar la luz
de un poste, que caletean agua a cuestas por una hora desde
una toma callejera, que recolecta huesos podridos para cocinar
la sopa del mediodía y que la vida ha convertido en limosneros
que viven de pedir un chancecito a quien se les pase por el
frente. Chance que, por cierto, muchos malentienden como tirarle
quinientos bolos a un chamito malabarista en el semáforo
de Plaza Altamira o "beneficiarlo" con una de las misiones,
que al fin y al cabo es la misma vaina.
Ofrecerles el rescate de sus derechos y de la democracia,
mientras el otro les habla llanamente de sus problemas cotidianos,
es una pelea de tigre contra burro... pero aquí gana
el burro.
Ayer viví en carne propia el significado de esta desconexión
popular con estos temas. Fui a comprar una vitamina para los
morochos y al entrar a la farmacia una de las dependientes
le susurró a la otra: "mira, ese es el hombre de los
números, el de Datanálisis", la otra señora
de inmediato se volteó y con cara de súplica me
dijo: "hay, mijo, dame un numerito pa' jugármelo hoy,
que estoy pelando ¿si?". A lo mejor esto es una premonición
y quizás tenga que cambiar de ramo de cara al porvenir
del país. ¡Uno nunca sabe!
lvleon@cantv.net