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Caracas, domingo 03 de julio, 2005  
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Luis Vicente León // Hermes, ¡ponte mosca!

Mientras los usuarios de nuestras últimas investigaciones se concentran preferentemente en analizar la popularidad de Chávez y lo que esto significa para el futuro del país, mi atención ha migrado hacia algo que encuentro más llamativo y retador: la caída estrepitosa del interés de la población en la política. Si bien en noviembre del año pasado, más de 66% de la gente se manifestaba atraída por estos temas, en apenas 6 meses este interés se reduce 22 puntos porcentuales, para ubicarse en 42%.

Tomándolo al revés, 6 de cada 10 venezolanos están hasta los tequeteques de la política nacional. Esta saturación se ve reflejada en tres aspectos centrales: abstención potencial para las elecciones venideras, apatía hacia analistas, periodistas, líderes y programas políticos en los medios de comunicación y desconexión de la población con el sistema democrático como valor fundamental (¡!).

Con respecto a la abstención, encontramos que alrededor de 60% de los electores manifestó que podría no participar en ninguno de los dos comicios electorales próximos. Si consideramos que la abstención suele crecer con respecto a lo reportado en las encuestas (proceso conocido que nos obliga a modelar proyecciones de abstención desde hace veinte años), auguramos que esta vez se rompan todos los récords de abstención nacional, quizás con la salvedad de aquel adefesio de referéndum sindical convocado por Chávez.
Sobre el seguimiento a las noticias políticas, encontramos una reducción impresionante de la audiencia. En contraste con el año 2003, cuando más de 70% de la población manifestaba abiertamente que su interés principal de lectura o de programación se encontraba en los asuntos públicos, investigaciones recientes nos indican que este grupo se redujo a menos de 30%. Es obvio que la comparación se vuelve injusta si consideramos que el paro convocado ese año sobredimensionó el interés en el tema político, pero el problema es que las encuestas de hoy nos muestran que la población siente rechazo activo por estos temas, lo que significa que no sólo dejó de percibirlos como un asunto prioritario, sino que, además, les parece ¡guácala!
Pero lo más espeluznante es que, si bien cerca de 80% de los venezolanos se considera demócrata, la mitad de ellos cree que sería perfectamente aceptable prescindir parcial o totalmente de la democracia, si otro sistema político les garantiza, en el corto plazo, la solución a los problemas que realmente les quitan el sueño: comida, empleo, seguridad y salud.

Sí, sé que usted, al igual que yo, se impacta al descubrir que una buena parte de la población pueda estar dispuesta a dejar de lado sus derechos fundamentales. Pero no nos engañemos. La democracia, los derechos políticos, la separación efectiva de poderes y el respeto a la disidencia, que para mí son vitales, son una completa abstracción para los integrantes de una familia que vive encaramada en un rancho en La Bombilla de Petare, que deben robar la luz de un poste, que caletean agua a cuestas por una hora desde una toma callejera, que recolecta huesos podridos para cocinar la sopa del mediodía y que la vida ha convertido en limosneros que viven de pedir un chancecito a quien se les pase por el frente. Chance que, por cierto, muchos malentienden como tirarle quinientos bolos a un chamito malabarista en el semáforo de Plaza Altamira o "beneficiarlo" con una de las misiones, que al fin y al cabo es la misma vaina.

Ofrecerles el rescate de sus derechos y de la democracia, mientras el otro les habla llanamente de sus problemas cotidianos, es una pelea de tigre contra burro... pero aquí gana el burro.

Ayer viví en carne propia el significado de esta desconexión popular con estos temas. Fui a comprar una vitamina para los morochos y al entrar a la farmacia una de las dependientes le susurró a la otra: "mira, ese es el hombre de los números, el de Datanálisis", la otra señora de inmediato se volteó y con cara de súplica me dijo: "hay, mijo, dame un numerito pa' jugármelo hoy, que estoy pelando ¿si?". A lo mejor esto es una premonición y quizás tenga que cambiar de ramo de cara al porvenir del país. ¡Uno nunca sabe!

lvleon@cantv.net



 
 
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