MARIA ISOLIETT IGLESIAS
EL UNIVERSAL
El miedo de los vecinos que presenciaron la masacre ocurrida
en Kennedy se respira en el ambiente. Todos se esconden y advierten
que no quieren hablar a menos que se resguarde su identidad.
A muchos de ellos se les prohibió contar su versión
a la prensa, pues figuran como testigos clave de toda la irregularidad
cometida. Sin embargo, dos de ellos sí contaron lo que
ocurrió durante la noche del lunes, entre las 10:00 y
11:00 de la noche.
"Vi cuando llegaron los jóvenes. Estaban desesperados
pidiendo ayuda. Gritaban que necesitaban una ambulancia
porque tres compañeras estaban heridas... no salí
porque no reconocí a nadie. De inmediato llegaron unas
personas encapuchadas y con armas largas y me asusté
mucho. Si salía me mataban a mí también.
Dos jóvenes le preguntaban a Elizabeth que cuál
era su casa. En ese momento no reconocí a "La Niña",
como la llamamos por acá... dos se metieron en el callejón
y uno se quedó cerca del carro".
"Llegaron los encapuchados y comenzó la arremetida.
Cuando los vi armados agarré a mis hijos y me lancé
al piso y no pude ver más sino escuchar al jovencito
que estaba cerca del carro decir que era estudiante de
la Santa María que por favor no lo mataran. Los funcionarios
eran muy agresivos... fue entonces cuando empezó
el tiroteo cerrado".
Leonardo González, de 25 años, fue el que
quedó tendido frente a las casas números 9
y 11 de la terraza seis de Kennedy, en Caricuao. Recibió
un tiro en el ojo, el cual fue accionado desde un Steyr.
"Dos de los estudiantes ingresaron al callejón
tratando de ubicar la casa de "La Niña" pero
no pudieron, a ellos los mataron adentro... salí
cuando vi a la señora Angela (madre de Elizabeth
Rosales, "La Niña"), antes no me atreví,
eran demasiados los policías", refirió una
de las personas que pudo ver a medias _y escuchó
perfectamente_ todo lo que ocurrió.
Acribillados
Otro de los testigos refirió la pesadilla
que vivieron Erick Montenegro y Edgar Quintero
cuando se quedaron atrapados en el callejón.
"Ellos entraron tocando puertas para ubicar
a los familiares de Elizabeth... de inmediato
fueron interceptados por un grupo de hombres
que estaban fuertemente armados. A ellos los
agarraron, los maniataron, creo que un adhesivo,
los golpearon y a pesar de que pedían
clemencia y se identificaban como estudiantes,
los acribillaron como a unos perros. Eso fue
horrible... definitivamente un exceso sin
razón de ser. Yo estaba aterrada, porque
es inusual que esas cosas pasen por esta zona.
Si esto hubiese ocurrido un viernes cuando
todos estamos compartiendo en la calle, la
masacre hubiese sido peor".