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Caracas, viernes 24 de junio, 2005  
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Gerardo Blyde // Otra vez el Código


HACE DOS MESES la bancada chavista del Parlamento nacional aprobó la segunda reforma de nuestro antiguo Código Penal. Al proponer esa reforma que penalizó como delito muchas de las conductas que como protesta habían sido ejecutadas por la oposición al gobierno, la piratería legislativa llegó a tal grado que junto a esos nuevos delitos se revivieron otra serie de delitos que había desaparecido ya de nuestro ordenamiento jurídico. Basta con leer la Gaceta Oficial en la cual apareció publicada la reforma, allí aparecen por ejemplo, el Uxoricidio (homicidio de la esposa cometido por su marido al ser sorprendida en relación adúltera) que se contemplaba como atenuante debido al extremo dolor y el honor mancillado del marido, pero que no lo hacía en el caso contrario, si era la mujer la que sorprendía a su esposo. Desde 1980 se había declarado nulo ese artículo por discriminatorio. Ahora reaparece en el artículo 421 de la reforma publicada en Gaceta. Igual suerte ha corrido el delito de Lesiones a la esposa por sorpresa en adulterio, que igualmente había sido anulado por inconstitucional, pues no contemplaba las mismas atenuantes para la esposa que propinara a su esposo adúltero sorprendido las mismas lesiones.

EL INFANTICIDIO por causa de honor y el Abandono de Infantes por Causa de Honor habían sido derogados expresamente con la entrada en vigencia de la Lopna, toda vez que la vida del menor o las obligaciones de sus padres en su mantenimiento y educación, tenían que estar por encima del honor de la madre y/o del padre; sorpresivamente en la publicación de la reforma en Gaceta aparecen de nuevo los artículos 411 y 437 contemplando estos delitos. Lo mismo sucedió con una serie de artículos (desde el 194 al 232) que la Lopna había derogado, o algunos delitos "Contra la Cosa Pública" que la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Público había derogado y sustituido y que este mismo Parlamento había acogido y mejorado en la Ley Contra la Corrupción. Esta improvisada reforma, plagada de errores y de incongruencias, ha sido la forma como los diputados chavistas abordaron esta discusión.

EL MARTES PASADO la bancada oficialista aprobó, en primera discusión, la tercera reforma del Código Penal. Algunos de sus defensores expusieron que las reformas que ellos plantean son necesarias y están "bien estudiadas y redactadas por expertos". Esa misma experticia y profundo estudio evidenciados en lo aprobado y publicado en la segunda reforma. Pero lo más grave, lo más dañino, lo constituye la actitud pasiva de muchos diputados del chavismo que, sabiéndose débiles al no poseer por sí mismos ningún voto y, conociendo que quien pone sus votos (Chávez) designará también a los próximos candidatos (entre los cuales la mayoría de ellos no estará), tratan de no molestar al jefe y complacerlo en cualquier petición que realice, así no la compartan, para ver si se salvan de la purga que con seguridad vendrá. De nada les servirá esa actitud pues sólo repetirán los más "notables diputados revolucionarios". Los levantabrazos silenciosos no serán favorecidos con la postulación presidencial. Con seguridad serán sustituidos por personajes más revolucionarios que en su mayoría provendrán, como ya es costumbre en casi todos los campos de la vida pública nacional, del sector militar.

ALGUNOS DIPUTADOS chavistas más atrevidos o con mayor conciencia se acercan en el transcurso de los debates y, con vergüenza, nos señalan que nuestras argumentaciones los convencieron, que nos otorgan la razón, pero que ellos están obligados a votar la propuesta oficial. Cuando exponíamos que esta tercera reforma del Código Penal estaba mal planteada, que no cometieran los graves errores que aprobaron en la segunda reforma, que la "conspiración" debía delimitarse muy bien para no permitir que la redacción propuesta de manera tan amplia permitiera que tres personas reunidas hablando mal del gobierno pudieran considerarse como conspiradoras; que las personas jurídicas no son susceptibles de ser responsables penalmente, que ellas no piensan y mucho menos pueden tener la intención de delinquir, que son sus administradores o representantes los que delinquen, que la responsabilidad penal es personalísima conforme al Estatuto de Roma suscrito por Venezuela y a los principios que rigen el Derecho Penal venezolano, es decir, que quienes delinquen son las personas naturales, y una serie razonada de innumerables argumentos, resultaba increíble verlos asentir con la cabeza, prestando toda su atención, para luego, sin ningún rubor, levantar su brazo en señal de aprobación al texto propuesto. Algún día nos gustaría ver al menos uno o dos diputados, así sea por vergüenza, aun cuando no salven su voto para conservar sus cabezas, se retiren discretamente del hemiciclo a la hora de la votación.

gblyde@cantv.net


 

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