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Caracas, jueves 23 de junio, 2005  
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Sammy Eppel // Hugo y Evo


DESDE SU CREACION Bolivia ha sido un país fracasado, antes de 1825 se llamaba Alto Perú y con 180 años de independencia ha tenido el no poco despreciable récord de 200 golpes y contragolpes de Estado. Tenía una salida al Océano Pacífico, la cual perdió en una guerra absurda de cuatro años con Chile que terminó en 1883 con el anexamiento por parte del vencedor, de la costa de Antofagasta. También perdió grandes extensiones de territorio a Paraguay en la guerra del Chaco en el año 1935. Total, una escena desoladora y destructora del orgullo nacional, que es un ingrediente clave en la creación de conciencia ciudadana, sin la cual la existencia de un Estado organizado es imposible.

Pues bien, como nada dura para siempre, al final de la década de los noventa, o sea recientemente, se descubren grandes yacimientos de gas que convierten a Bolivia en la segunda reserva energética de Latinoamérica, luego de Venezuela. Por fin los bolivianos tendrían la oportunidad que tuvo Venezuela hace medio siglo. Sólo que para ese momento, comenzaba en la patria de Bolívar un régimen retrógrado y oscurantista que sólo cree en la miseria como fuente de igualdad. Y ese régimen no podía permitir que un pueblo empobrecido como Bolivia fuese a entrar en una era de prosperidad para sus habitantes, eso sería un mal ejemplo para la revolución que comenzaba a tender sus tentáculos por el continente.

Acto seguido, hace su aparición en escena un indígena líder cocalero de tendencia claramente comunista cuyo partido sólo tenía el 20% de los votantes y comienza un permanente peregrinar a Caracas. Luego de cada viaje se aplicaban nuevas tácticas de conflicto con el claro propósito de llevar el país al caos y evitar que se explote el potencial energético hasta que Evo Morales llegue al poder y entregue la industria gasífera en manos de Chávez y de Fidel Castro.

La estrategia detrás de esto es clara, con el petróleo de Venezuela y el gas de Bolivia, Chávez se convertiría en uno de los hombres más poderosos del planeta y si a esa ya malévola posibilidad, le añadimos el petróleo mexicano que también podría caer en manos del centauro de sabaneta si el comunista López Obrador gana las elecciones del 2006 en el país azteca, entonces, estaríamos en presencia de un verdadero eje del mal que no tendría escrúpulos en usar su poder de chantaje energético, con fines ideológicos y hegemónicos. Yo creo, que los países que necesitan la energía para su desarrollo y bienestar, deben tomar nota urgente.

Ya Venezuela se perdió, Bolivia va por el mismo camino y México está en la cola revolucionaria el próxi mo año. ¿Es que los negocios son tan importantes que privan sobre los principios de democracia y liber tad? ¡Será!

seppel@cantv.net


 

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