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Caracas, jueves 23 de junio, 2005  
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OPINION
Carlos Blanco // ¿Por qué? Porque les da la gana

La aprobación de la nueva reforma del Código Penal y, en primera discusión, la reforma de la Ley del Banco Central, son expresión de cómo se recubre de legalidad, porque "les da la gana", según la exacta expresión de la encendida diputada, la instauración del régimen autoritario de Chávez.

En sus contenidos, las dos leyes expresan el propósito de control total. En un caso, de la disidencia política; en otro caso, de los recursos que provienen del petróleo.

Es típico de los regímenes de este carácter, más aún si están dominados por el militarismo, la creación de figuras delictivas según las necesidades represivas. Ya se vio cómo, por ejemplo, cacerolear se convirtió en delito; ahora, le podrán endilgar la acusación de conspirador a cualquiera. Tanto es así que puede haber una especie de conspiración involuntaria, según sea el grado de los cuchicheos antigubernamentales. Los parlamentarios fascistas quieren buscar cómo someter a determinadas personas o colectividades y ¡zas! inventan un nuevo delito.

En la Ley del BCV el propósito no es sólo que la caja chica del caudillo reciba "legalmente" lo que ya de manera ilegal sustraen, sino que se dirigen a afectar la descentralización al disminuir la base de cálculo de lo que debe ser transferido a los estados y municipios.

Son 5 mil millones de dólares los que van ahora a formar parte de la piñata revolucionaria, lo cual, además, es un despojo que afecta el respaldo del bolívar y que se traducirá en una descomunal presión inflacionaria.

Sin embargo, graves como son estas leyes, lo más peligroso es el procedimiento empleado por el comisario Nicolás Maduro, sobre la base de la formulación conceptual de Iris Varela, con su tesis de legislar y aprobar porque "les da la gana". No usan su mayoría para ganarle, después de un debate, a la oposición.

Ahora el avance fascista supone la supresión del debate. El Gobierno ha decidido dar un paso más en la dinámica dictatorial. Se trata de la supresión de los mecanismos de discusión para alcanzar consensos (o disensos) y es, por el contrario, la imposición, no de una mayoría, que en la Asamblea Nacional la tienen, sino la imposición de un orden policial y de decisiones por la vía de la fuerza.

Nótese que ya no quieren discutir. Adviértase que no quieren cumplir las fases parlamentarias. Sólo están movidos por la compulsión de complacer; porque, como Maduro dice, "se lo prometí a Hugo". Más que el control del Parlamento; más que el ejercicio de la mayoría; se trata ahora del intento de obligar al silencio como táctica parlamentaria. La imagen del presidente de la Asamblea Nacional llamando, con desespero, a la Guardia Nacional, para que ésta intentara la detención de un diputado, es el retrato del fascismo en acción. Ahora nombran una comisión para guardar las apariencias.

El control de los poderes del Estado no es un acto único, sino una dinámica. Cierto es que Chávez los controla, porque maneja a Maduro y a Omar Mora y a Isaías Rodríguez y a Jorge Rodríguez; pero, el proceso va más allá.

El intento de dominio procura impedir la deliberación; quiere convertir el debate en una mascarada, cercenar la controversia y, por esa vía, la diferencia de criterios.

Hugo Chávez, a través de Nicolás Maduro, quiere ahora que el punto final de las deliberaciones parlamentarias lo ponga la Guardia Nacional. Otra innovación de ésta, la revolución preciosa.

carlosblancog@cantv.net

 



 
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