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Caracas, domingo 12 de junio, 2005  
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Carlos Blanco // Tiempo de Palabra

¡Hasta la derrota siempre!

CUANDO EL JOVEN Andrés Izarra declara que "humildemente" su gobierno ha obtenido una victoria mundial en la OEA, no sólo muestra la arrogancia que lo caracteriza, sino que se equivoca. Chávez no obtuvo ninguna victoria; lo que intenta es convertir los tropiezos de Washington en victorias propias y nada más lejos de los verdaderos acontecimientos. El Gobierno avanza más que a los éxitos que proclama, a la nueva crisis que busca eludir.

TROPIEZOS DEL NORTE. Estados Unidos no tiene una política consistente hacia América Latina. Durante mucho tiempo consideró a todos los países, con la excepción de Cuba, como aliados más o menos seguros, y se dedicó a otros asuntos que juzgó más importantes. El desdén hacia la región se profundizó después de los atentados terroristas del 11 de septiembre.

Las políticas comerciales y las propuestas de tratados multilaterales y bilaterales, importantes como son, no alcanzan a disimular la desatención profunda hacia lo que ocurre en América Latina. Sigue considerándose esta parte del mundo, como algunos legisladores norteamericanos insisten en llamar con tanto despiste como grosería, "el patio trasero".

La ausencia de políticas de largo plazo se encubre con la atención hacia los conflictos inmediatos. La región se hace importante a los ojos de Washington, en la medida en la que alguna crisis tiene la capacidad de afectar a EEUU. El caso emblemático es el de Colombia; objeto de especial atención por el complejo fenómeno de la narcoguerrilla, que incide, directamente, en la seguridad interna del Norte, por el trasiego de droga y el lavado de dinero.

El otro país era Cuba. Una política dura, sin imaginación; sólo apta para responder a los sectores más de derecha del lobby cubano; secuestrada por la necesidad de contar con los votos en Florida; y sin mucha capacidad para estimular un cambio en estos votantes, con el objetivo de moldear una nueva política hacia Cuba, apta para impulsar con más fuerza la democratización de la Isla.

El resto de la región no existía sino en sus conflictos, cuando éstos alcanzaban proyección internacional y podían afectar a EEUU. En este predicamento se asumió, por ejemplo, el gobierno de Chávez. Se le entendió como una nueva enfermedad tropical, tan bulliciosa como pasajera. Durante mucho tiempo la oposición venezolana estuvo llamando la atención a todos los gobiernos, el de EEUU incluido, sobre lo que significaba el autócrata venezolano, y nada. Tan locuaz y gracioso les parecía que hasta una doctrina crearon: "no importa lo que diga sino lo que haga".

Al cabo del tiempo, cuando Chávez comenzó a agredir directa y personalmente a los líderes norteamericanos, se inició una reacción más enérgica. Tal vez el punto de quiebre fue la nauseabunda referencia de Chávez a Condoleezza Rice. Hay que hacer notar que la reacción inicial de Washington no fue por el daño que el autócrata hacía a la democracia venezolana, sino por el violento desafío que le planteaba al Gobierno de EEUU. El cambio no fue por los intereses generales de la democracia, sino por el menoscabo particular de la política norteamericana y de sus personeros.

LA OEA. En la reciente reunión de la OEA se manifestó una disonancia entre la mayoría de los países y EEUU. Fue una forma de manifestarle a este país el costo que significa que haya considerado a América Latina como su "patio trasero". Es una vía "light" para decirle a Washington que si no hay una política integral, capaz de rebasar las coyunturas críticas, y que se manifieste como una alianza duradera, no habrá armonía en las relaciones hemisféricas. América Latina y el Caribe no son ni se consideran "el patio trasero". Y ahora, su explosividad no lo permite. EEUU ya no puede minusvalorar a la región y tenerla fuera de su agenda.

El extraordinario poder del que disfruta EEUU lo capacita para inmensas tareas, que requieren fuerza y determinación; sin embargo, la mayoría de las veces, no sabe moverse en escenarios angostos, que requieren de filigranas. Washington puede tumbar una ciudad con un soplido, pero no tiene habilidad para colgar un cuadro en la esquina del comedor. Demasiado poder genera torpezas.

Pese a estos problemas, la idea de que Chávez le ganó la mano a Bush en la OEA es, sencillamente, una idiotez. La OEA tomó varias medidas trascendentales, la primera de las cuales es asumir el debate sobre la enferma democracia de la región; por primera vez se acepta en un debate abierto, no teórico (dado los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, etc.), que la democracia no es sólo la realización de elecciones libres y limpias, sino que implica un ejercicio democrático en el que estén garantizadas las libertades y el equilibrio real de poderes.

Lo más importante es que se adoptó un mecanismo de "monitoreo" que en vez de estar en manos de una comisión (como proponía EEUU) estará bajo la responsabilidad personal y directa del secretario general. Esta propuesta, aunque recoge el espíritu de la de Washington, no disuelve la responsabilidad en una comisión, sino que la concentra entonces en ese funcionario.

EEUU no logró la aprobación de su propuesta original, pero su planteamiento movió el terreno para que la Carta Interamericana pueda servir para prevenir, en términos prácticos, situaciones de riesgo para la democracia. Hay quien piensa que Condoleezza Rice radicalizó su propuesta para obtener el mismo resultado, pero en la persona del secretario general; sin embargo, si no fuera este agudo cálculo el que hubiese presidido la acción de la secretaria de Estado, de todos modos la idea abrió el camino al bendito "monitoreo". José Miguel Insulza, en realidad, fue el promotor más destacado de la política preventiva.

Al escudriñar el desarrollo del evento se puede observar que, en realidad, fueron los países latinoamericanos y caribeños los que impusieron el seguimiento a los gobiernos, por vía del secretario general de la OEA. El primer objetivo tiene nombre y apellido: el régimen de Hugo Chávez.

LA VIGILANCIA COMENZO. Durante mucho tiempo la oposición venezolana pidió a la comunidad internacional poner su mirada en la democracia venezolana. Esta petición no fue atendida con prontitud; sin embargo, paso a paso, la situación tiende a cambiar. En ese contexto hay que ver la entrevista de María Corina Machado con Bush. La repercusión de ese hecho no tiene por qué oscurecer que muchos dirigentes opositores se reúnen con casi todos los gobiernos de la región y varios de Europa. Algunos de éstos, como el de Brasil, que aparece firmemente alineado con Chávez, está dividido en el tema, lo mismo que el de España.

La situación de Venezuela está bajo una estrecha vigilancia internacional. Todavía Chávez no tiene la capacidad para advertir que la atención que suscita no es la del líder que deslumbra por su sabiduría, sino la del atorrante que puede incendiar el vecindario. Por eso, y no por otra cosa, los vecinos lo vigilan. La supervisión comenzó.

carlosblancog@cantv.net



 
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