La Paz. Los sindicatos evaluaron una tregua social,
tras la posesión del nuevo presidente de Bolivia, Eduardo
Rodríguez, mientras la ciudad de La Paz avanzaba paulatinamente
a la normalidad, pero la vecina El Alto permanecía en huelga.
Las manifestaciones que asfixiaron durante más de tres
semanas la sede del Gobierno cesaron, mientras el tráfico
vehicular tendía a la normalidad, a pesar de la falta
de combustible, señaló AFP.
Como por arte de magia aparecieron las últimas reservas
de gasolina en el mercado negro con precios incrementados,
mientras los mercados populares de abasto estaban abiertos
y abarrotados.
Una multitud de oficinistas recorría presurosa el
centro de la ciudad para retomar la normalidad de sus
labores, luego de varios días de irregularidad del
aparato público.
Igualmente, la banca y el sistema financiero, que habían
restringido severamente sus horarios de atención,
retomaban el hilo de la cotidianidad.
Todos los actores pasivos de las manifestaciones
_que a pesar de la violencia no arrojó víctimas
en La Paz y El Alto y apenas un par de heridos_ parecían
haberse puesto de acuerdo para recuperar el tiempo
perdido.
Los empleados del Municipio regaban los jardines
públicos con mayor entusiasmo y bajo un pálido
sol invernal que apenas calentaba la mañana,
los camiones repartidores de leche y pan, elementos
básicos en la dieta familiar, distribuían
a manos llenas sus productos con precios más
altos.
Los principales servicios "hormiga", como lustradores
de calzados y vendedores ambulantes, habían
vuelto a tomar sus sitios habituales en las calles
del centro de la ciudad, convirtiéndola otra
vez en un mercado persa.
Con los bolsillos vacíos, ávidos
consumidores de información se apostaban
ante los quioscos de venta de diarios, para
leer titulares y recapitular los duros episodios
que culminaron con la posesión del jurista
Eduardo Rodríguez, como nuevo presidente.
Con pocas lecturas, pero una formidable intuición
popular, los lectores al paso convenían
en que el conflicto social no está zanjado,
puesto que el reclamo central de los sindicatos,
el de la nacionalización de los hidrocarburos,
es aún una tarea pendiente.
Un taxista, con la radio a todo volumen,
asentía cuando un oyente opinaba que
"no nos hemos sacrificado tanto para nada,
los bolivianos jamás pedimos que Mesa
se fuera, sino la nacionalización de
los hidrocarburos y la constituyente". La
calma regresó.