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Caracas, sábado 11 de junio, 2005  
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OPINION
Suerte

Oswaldo Guillén

Para todo en la vida hay que tener suerte. No basta el talento, la capacidad o el conocimiento. A veces es la suerte la que determina el éxito de lo que uno hace. Para algunos comentaristas y fanáticos que siguen la temporada de los Medias Blancas, nuestro equipo ha tenido mucha suerte hasta ahora. Y sacan a relucir sus argumentos. Por ejemplo, este fin de semana estamos jugando contra San Diego, líderes de la División Oeste de la Liga Nacional. Por cuestiones del destino, no nos tocó enfrentar a sus dos mejores abridores, Jake Peavy y Adam Eaton. Suerte, es verdad. Pero cuando nos tocó a nosotros enfrentar a los Cachorros de Chicago hace algunas semanas, los abridores de ellos fueron sus estelares Greg Maddux, Carlos Zambrano y Mark Prior, mientras que nosotros no contamos ese fin de semana con Mark Buerhle ni Jon Garland, que para ese momento tenían récord de 15 ganados y una sola derrota entre los dos. Y nosotros ganamos la serie 2 a 1. También han recordado por aquí que cuando enfrentamos a los Orioles, Sammy Sosa, su cuarto bate, estaba lesionado. Cuando jugamos contra los Angelinos, Vladimir Guerrero y Kelvin Escobar estaban a la lista de incapacitados. Cuando jugamos contra los Mellizos, Justin Morneau, su bateador de más poder, también estaba fuera de juego por razones de salud. Suerte para nosotros. Me imagino qué estarán pensando quienes me han escuchado hablar de mis cualidades como brujo. Pero aquí no hay brujería que valga, porque la razón es sencilla: nuestros jugadores se están divirtiendo jugando, pero fundamentalmente se están esforzando por hacer su trabajo. No sé si en Venezuela vieron alguno de los tres juegos contra Colorado, en un estadio que es un paraíso para los bateadores. Pues bien, en los dos primeros juegos nuestro pitcheo no aceptó muchas libertades, y en el tercero despertó nuestra toletería hasta el punto que fabricamos 15 carreras, incluyendo 6 en un inning por primera vez en la temporada. Pero lo más divertido fue ver a nuestros lanzadores bateando, con un par de imparables clave de el Duque Hernández y Cliff Politte que cambiaron la historia del partido. Otro factor importante es que todo el mundo está jugando frecuentemente, lo que impide que a ninguno le salgan telarañas esperando una oportunidad para demostrar su talento. Ahora, por ejemplo, con la reincorporación de Frank Thomas y el despertar ofensivo de Jermaine Dye tengo un agradable problema que resolver, porque todos quieren jugar y ayudar, y han demostrado que pueden hacerlo. Baste decir que ya Frank lleva dos jonrones, uno de ellos para empatar el juego en el décimo inning contra los Indios el domingo pasado. Tanto Frank como yo sabemos que su bate es necesario en este equipo, aunque también tenemos a un Carl Everett que está rindiendo. En pocas palabras, es verdad que hemos tenido suerte, pero el material está ahí, en el terreno y en el banco, y hasta en las tribunas con el apoyo de los fanáticos. De resto, lo que tenemos que ligar es que todo eso siga combinándose hasta octubre. A partir de entonces me tocará ¡hacer brujería!



 
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