Los ocho millones y medio de bolivianos en el millón de
km2 viven, hoy como ayer, la tragedia de una población
empobrecida a pesar de la gran riqueza del país. En el
período colonial fue la riqueza de la plata. Después
explotación del mineral de estaño y ahora el espejismo
del petróleo y del gas, el intento de la nacionalización
es lo que ha movido a este pueblo para obligar a la renuncia
del presidente Mesa, con la esperanza de que los hidrocarburos
lleguen a las mayorías.
En 1982, se abrió el período democrático que
parece cerrarse con Mesa si no se encuentra una solución
negociada. Se critica el camino neoliberal iniciado después
de la coalición de centroizquierda (1982-1985) de H.
Siles Zuazo, por el viejo líder del MNR Paz Estensoro
(1985-1989), a quién sucedieron en la misma vía
Gonzalo Sánchez de Lozada y el Gral. Hugo Banzer. Regresó
Sánchez de Lozada a la Presidencia por vía electoral
pero fue sacado del poder por los productores de coca y los
dirigentes indígenas y populares. Allí es cuando
asciende al poder su vicepresidente Carlos Mesa, quien dentro
del marco constitucional asume la Presidencia con la esperanza
de terminar el mandato y afirmar la democracia boliviana.
Se repitió en él, con mayor acento, la confrontación
de los sectores populares, indígenas y los pequeños
productores de coca.
Esta crisis no sólo es una amenaza contra la democracia
boliviana sino contra la integridad territorial y la unidad
política del país. Las ricas zonas del oriente
con Santa Cruz a la cabeza, donde están la mayor parte
de los hidrocarburos, reclaman un referendo autonómico
y verían con agrado la renuncia de Mesa, la selección
del presidente del senado H. Vaca Diez como jefe de Estado
provisional. Mientras que el occidente, pobre en recursos,
y mayoritariamente indígena, se ha concentrado en La
Paz exigiendo la nacionalización inmediata de los hidrocarburos
y la convocatoria a una Asamblea Constituyente.
El líder de oposición con la fuerza parlamentaria
del MAS, Evo Morales, ha sido factor en esta crisis al
acentuar las contradicciones con la tentación revolucionaria,
nacionalista y socialista, dentro de un eje de simpatía
con Caracas y La Habana, y con un discurso antiestadounidense.
Una vez efectiva la renuencia de Mesa, para Morales
debe evitarse la Presidencia en manos de los jefes del
Congreso y recurrir al presidente de la Corte Suprema
de Justicia para que convoque a un proceso electoral
adelantado, oponiéndose a las autonomías y
por la Constituyente. Pudiera ser que aunque Evo sacó
las masas a la calle, no pueda hacerlas regresar en
la dialéctica de los extremos en los que se encuentra
Bolivia. Es tiempo para la OEA de actuar como también
para la CAN y el Mercosur, aunque se considere demasiado
tarde. Esto justifica nuevamente la intención de
las dos tesis presentadas en la Asamblea de la OEA,
la de EEUU de la necesidad de perfeccionar la Carta
Democrática para la observación temprana de
crisis contra el Estado de Derecho y la venezolana de
avanzar en reformas sociales y económicas hacia
un modelo de justicia pero en libertad.
jcpineda@bi.com.ve