Nada en las afueras del hotel dejaba ver que allí se llevaría a cabo el anuncio oficial del retiro de Andrés Galarraga. Parecía una mañana cualquiera, un miércoles más en la avenida Mohedano.
Una vez traspasado el umbral de la recepción las cosas cambian, y el camino hacia el salón Reverón era indicado con varios carteles: "Hay Gato pa'rato", "El regreso del año", "Bienvenido a casa", "399 millones de gracias". Pero son las nueve de la mañana y todavía no hay muchas señales de vida, sólo 300 sillas vacías, muchas cornetas, una orquesta que ensaya, unos señores pegando unos cables en el piso.
Poco a poco se va llenando el lugar y en un momento se le pide a la gente que desaloje el lugar, porque se iban a hacer unas "pruebas" (¿de qué? nadie supo) y todos se empiezan a amontonar en el pasillo hasta que se imparte una nueva orden: "Ahora entren, que ya el Gato está por llegar".
Son las once y media cuando Galarraga hace su aparición, vestido todo de negro y acompañado de su inseparable hermano Alfonso. José Visconti hace la presentación y proyectan un breve (más bien brevísimo) video en donde se ve al Gato conectando jonrones con diferentes uniformes, siempre en Grandes Ligas.
Pero antes de comenzar, Galarraga pide un minuto de silencio por la muerte de Al fonso "Chico" Carrasquel, un silencio profanado por incesantes clicks de cámaras fotográficas y durante el cual vemos cómo el Gato se lleva una mano a los ojos mientras hace fuerza para que no se le escape una lágrima. Fue el único momento en que lució verdaderamente conmovido, pues ni siquiera un video que transmitieron inmediatamente después y en donde se veía a muchísimos venezolanos dandole un mensaje de amor o de apoyo o expresándole su admiración fue capaz de descomponerlo como lo hizo el recuerdo del gran Chico.
Respondió pacientemente cada una de las preguntas que le hicieron los representantes de los medios impresos, repetidas después por los de la televisión, y se rió cuando Visconti se cayó del podio. Después vinieron los Criollitos y él levantó a uno de ellos en sus brazos: "Me emocioné cuando me dijeron que lo iba a conocer, pero cuando me cargó no sentí nada", dijo Edison Campos, de ocho años.
En medio del acoso televisivo final y que duró más de una hora, se colearon varios fanáticos que querían que Galarraga les firmase un papel, una pelota, algo, y también con ellos el Gato fue de lo más amable.
Trina Medina y su madre "Canelita" cantaron Venezuela y otras canciones como final ante la mirada furiosa de los periodistas de televisión, muchos de los cuales tuvieron que hacer pases en directo con fondo musical incluido.
La despedida oficial del Gato llegaba a su fin._JB