TULIO CASAL PATIÑO
Hoy, cuando Andrés Galarraga se despide de la afición
venezolana como pelotero activo, son muchas las cosas que
se pueden decir de él. Pero hay una palabra que quizás
resuma todas: ¡Gracias!
POR LOS JONRONES, que nos mostraron que si descubres tus
habilidades y crees en ti mismo, puedes llegar a lo más
alto del estadio.
POR LAS CARRERAS IMPULSADAS, claro ejemplo de lo que es
jugar para el equipo.
POR LOS HITS, reflejo de la perseverancia y de que la
grandeza no sólo está en el tamaño de tus
logros.
POR LAS BASES ROBADAS, que demuestran que las metas
se pueden lograr cuando hay confianza, incluso, aquellas
que parecen inalcanzables.
POR LA SONRISA, necesaria para afrontar hasta los
momentos más duros de la vida con optimismo.
POR SER EL GRAN GATO, personaje con el que me identifiqué
cuando era niño y que me ha acompañado,
sin proponérselo, en momentos importantes de
mi vida.
POR SER VENEZOLANO, factor de unión en esta
tierra.
POR LA HUMILDAD, cualidad innata de los hombres
sencillos, que le permitió retirarse con
399 vuelacercas, a uno de su ansiada meta.
POR SEÑALAR UN CAMINO y cedernos el
turno. Agarremos el bate entonces y experimentemos
la magia del jonrón 400.