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Vida de jonronero
En el 2003, en su segunda campaña con los Gigantes, el Gato bateó 12 jonrones y llegó a 398 (Foto AFP)
Con los Rockies de Colorado, el criollo sonó 47 vuelacercas y fue por un tiempo el pelotero latinoamericano con más estacazos en una campaña

ALFREDO YANEZ MONDRAGON

EL UNIVERSAL

Dos equipos fueron fundamentales en la trayectoria como jonronero de Andrés Galarraga. Si bien es cierto que desde el 21 de septiembre de 1985 comenzó su peregrinar hacia las gradas de los parques de Grandes Ligas, fue desde su llegada a Denver, con los Rockies de Colorado en 1993, cuando todo su poder se desarrolló y comenzó a decir presente entre los peloteros latinos de mayor renombre dentro de la ofensiva del beisbol organizado.
 
En sus primeras ocho campañas como grandeliga, entre los Expos de Montreal y el paso rasante por los Cardenales de San Luis el pelotero sacó 116 pelotas, siendo la zafra de 1988 la que mayores satisfacciones brindó, en todos los aspectos, pues sacudió 29 bambinazos, mejor marca hasta entonces en su incipiente carrera, impulsó 92 rayitas y llegó a promediar .302 con el bate.
 
Sin embargo con Colorado descolló. Si bien, en la temporada de estreno se enfocó más en el contacto, lo que quedó ratificado con el título de bateo obtenido _.370, por 174 hits en 470 turnos_, sus estadísticas de poder tomaron fuerza al conectar los primeros 22 cuadrangulares del total de 162 que hilvano con el equipo de las montañas rocosas.
 
En 1996, en su cuarta campaña con los rocallosos, cuando ya se le consideraba un absoluto ídolo tanto en Denver, como en Venezuela, el venezolano disparó 47 jonrones, convirtiéndose en el jugador latinoamericano con mayor número de jonrones en una temporada, récord que fue superado años más tarde por el dominicano Samuel Sosa.
 
Esa campaña de 1996 fue el inicio de su tríada de zafras con más de cuarenta jonrones, suficientes para incluirse en el listado de mayores jonroneros latinoamericanos de la historia de la Gran carpa.
 
Galarraga bateó 41 batazos de cuatro esquinas con los Rockies en 1997, y se estrenó con los Bravos de Atlanta, en 1998, con 44 palazos.
 
En 2000, Galarraga experimentó el más celebrado regreso para pelotero alguno. Venció al cáncer y lo demostró con un altura. El Gran Gato se fue para la calle en 28 oportunidades, completando 244 jonrones en su paso por los Rockies de Colorado y los Bravos de Atlanta, o lo que es lo mismo decir, el 61,1 por ciento de sus batzos de vuelta entera.

Meta autoimpuesta

Cuando Andrés Galarraga logra contrato con los Rangers de Texas en 2001, por seis millones de dólares, totalizaba 360 jonrones, cifra considerable para un jugador de sus características.
 
Ese año, el criollo se acercaba a los cuarenta años, y sus posibilidades de éxito estaban cifradas _eso se creía entonces_ en su capacidad para mantener el contacto con fuerza. Por eso Texas lo requirió, y le ofreció el puesto de bateador designado, y una que otra vez la inicial.
 
Galarraga no se amoldó a esta disciplina de periodicidad de juego amplio, y sólo logró pescar diez pelotas, en una media temporada que freno sus ímpetus inmediatos y le hizo ser más paciente en cuanto a la consecución de metas.
 
Galarraga, como siempre fue claro, honesto, sincero, y logró que la gerencia de los texanos negociara su contrato con los Gigantes de San Francisco, un equipo motivado, que recibió a Andrés con los brazos abiertos, aunque también con la condición de ser suplente.
 
En su ambiente de la Liga Nacional, el Gran Gato, retomó el ritmo, aunque claro, las oportunidades no eran las mismas de otros años, y consiguió descifrar los lanzamientos en otras siete oportunidades, para redondear los 17 jonrones en esa campaña dividida entre dos divisas.
 
Terminada la campaña volvió al mercado. Ya la cifra de 400 jonrones estaba grabada en sus pensamientos. Los expos de Montreal, equipo con el que había conseguido los primeros 106 jonrones de su carrera le dio la oportunidad de sumar, y con ellos, en 2002 despachó nueve pelotas, para acercarse a la meta autoimpuesta.

Los Gigantes de San Francisco, volvieron a recibirle en 2003 a falta de 14 jonrones. Alternándose con J.T. Snow en la inicial, Galarraga llenó páginas deportivas con la cuenta regresiva hacia su objetivo; sin embargo la suerte no le sonrió y quedó, al término de aquella campaña a dos vuelacercas de los 400.

Con la mitad de temporada cumplida, en 2004, los Angelinos de Anaheim anuncian la contratación de Andrés Galarraga, quien debia pasar por la sucursal triple A, antes de hacer el equipo.
 
Humilde, como en sus inicios, el máximo jonronero de Venezuela acude a la liga de los inexpertos a ponerse a tono y recibe el llamado último mes de la contienda.
 
Anaheim no comprendió el valor de esos dos cuadrangulares y sólo le dejó pararse en el platro en diez turnos. Galarraga, por sus deseos, logró botar una pelota, para quedar con marca de 399 jonrones en su carrera de 19 temporadas.
 
La cifra es la máxima para peloteros venezolanos, desde que Alejandro `Patón´ Carrasquel debutara con los Senadores de Washington el 23 de abril de 1939.




 
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