ALFREDO YANEZ MONDRAGON
EL UNIVERSAL
Dos equipos fueron fundamentales en la trayectoria como
jonronero de Andrés Galarraga. Si bien es cierto que
desde el 21 de septiembre de 1985 comenzó su peregrinar
hacia las gradas de los parques de Grandes Ligas, fue desde
su llegada a Denver, con los Rockies de Colorado en 1993,
cuando todo su poder se desarrolló y comenzó a decir
presente entre los peloteros latinos de mayor renombre dentro
de la ofensiva del beisbol organizado.
En sus primeras ocho campañas como grandeliga, entre
los Expos de Montreal y el paso rasante por los Cardenales
de San Luis el pelotero sacó 116 pelotas, siendo la zafra
de 1988 la que mayores satisfacciones brindó, en todos
los aspectos, pues sacudió 29 bambinazos, mejor marca
hasta entonces en su incipiente carrera, impulsó 92 rayitas
y llegó a promediar .302 con el bate.
Sin embargo con Colorado descolló. Si bien, en la temporada
de estreno se enfocó más en el contacto, lo que
quedó ratificado con el título de bateo obtenido
_.370, por 174 hits en 470 turnos_, sus estadísticas
de poder tomaron fuerza al conectar los primeros 22 cuadrangulares
del total de 162 que hilvano con el equipo de las montañas
rocosas.
En 1996, en su cuarta campaña con los rocallosos, cuando
ya se le consideraba un absoluto ídolo tanto en Denver,
como en Venezuela, el venezolano disparó 47 jonrones,
convirtiéndose en el jugador latinoamericano con mayor
número de jonrones en una temporada, récord que
fue superado años más tarde por el dominicano Samuel
Sosa.
Esa campaña de 1996 fue el inicio de su tríada
de zafras con más de cuarenta jonrones, suficientes para
incluirse en el listado de mayores jonroneros latinoamericanos
de la historia de la Gran carpa.
Galarraga bateó 41 batazos de cuatro esquinas con los
Rockies en 1997, y se estrenó con los Bravos de Atlanta,
en 1998, con 44 palazos.
En 2000, Galarraga experimentó el más celebrado
regreso para pelotero alguno. Venció al cáncer y
lo demostró con un altura. El Gran Gato se fue para la
calle en 28 oportunidades, completando 244 jonrones en su
paso por los Rockies de Colorado y los Bravos de Atlanta,
o lo que es lo mismo decir, el 61,1 por ciento de sus batzos
de vuelta entera.
Meta autoimpuesta
Cuando Andrés Galarraga logra contrato con los Rangers
de Texas en 2001, por seis millones de dólares, totalizaba
360 jonrones, cifra considerable para un jugador de sus características.
Ese año, el criollo se acercaba a los cuarenta años,
y sus posibilidades de éxito estaban cifradas _eso se
creía entonces_ en su capacidad para mantener el contacto
con fuerza. Por eso Texas lo requirió, y le ofreció
el puesto de bateador designado, y una que otra vez la inicial.
Galarraga no se amoldó a esta disciplina de periodicidad
de juego amplio, y sólo logró pescar diez pelotas,
en una media temporada que freno sus ímpetus inmediatos
y le hizo ser más paciente en cuanto a la consecución
de metas.
Galarraga, como siempre fue claro, honesto, sincero, y logró
que la gerencia de los texanos negociara su contrato con los
Gigantes de San Francisco, un equipo motivado, que recibió
a Andrés con los brazos abiertos, aunque también
con la condición de ser suplente.
En su ambiente de la Liga Nacional, el Gran Gato, retomó
el ritmo, aunque claro, las oportunidades no eran las mismas
de otros años, y consiguió descifrar los lanzamientos
en otras siete oportunidades, para redondear los 17 jonrones
en esa campaña dividida entre dos divisas.
Terminada la campaña volvió al mercado. Ya la cifra
de 400 jonrones estaba grabada en sus pensamientos. Los expos
de Montreal, equipo con el que había conseguido los primeros
106 jonrones de su carrera le dio la oportunidad de sumar,
y con ellos, en 2002 despachó nueve pelotas, para acercarse
a la meta autoimpuesta.
Los Gigantes de San Francisco, volvieron a recibirle en 2003
a falta de 14 jonrones. Alternándose con J.T. Snow en
la inicial, Galarraga llenó páginas deportivas con
la cuenta regresiva hacia su objetivo; sin embargo la suerte
no le sonrió y quedó, al término de aquella
campaña a dos vuelacercas de los 400.
Con la mitad de temporada cumplida, en 2004, los Angelinos
de Anaheim anuncian la contratación de Andrés Galarraga,
quien debia pasar por la sucursal triple A, antes de hacer
el equipo.
Humilde, como en sus inicios, el máximo jonronero de
Venezuela acude a la liga de los inexpertos a ponerse a tono
y recibe el llamado último mes de la contienda.
Anaheim no comprendió el valor de esos dos cuadrangulares
y sólo le dejó pararse en el platro en diez turnos.
Galarraga, por sus deseos, logró botar una pelota, para
quedar con marca de 399 jonrones en su carrera de 19 temporadas.
La cifra es la máxima para peloteros venezolanos, desde
que Alejandro `Patón´ Carrasquel debutara con los
Senadores de Washington el 23 de abril de 1939.