ANTONIO CASTILLO
Cada vez que el equipo de Chapellín se presentaba a
jugar en Parque Miranda, los responsables de los negocios
ubicados en la avenida Rómulo Gallegos tomaban sus medidas.
No había que descuidarse porque en la novena había
un gordito que poseía un poder inusual y cada vez que
sacaba la bola del parque, bien se estrellaba en el parabrisas
de cualquier auto, en las vidrieras de los negocios o en los
ventanales de los edificios.
Ese gordito era nada menos que Andrés Galarraga, quien
a mediados de 1974 no sólo era el terror de los pitchers
de la división junior de la Liga Popular Criollitos de
Venezuela, sino de los dueños de los locales aledaños
al campo de beisbol de Parque Miranda.
Precisamente fue Galarraga el responsable directo de que
los encargados del parque tomaran la decisión de subir
varios metros la cerca de los jardines, debido a los continuos
reclamos.
Inicios en Chapellín
Andrés alternaba sus estudios de primaria en la escuela
Jesús Enrique Lossada con los juegos de pelota. El bachillerato
lo cursó en el liceo Enrico Fermi, pero ni siquiera los
logaritmos, productos notables y estudios de la Grecia antigua
podían alejarlo de su gran pasión: el beisbol.
Ya en 1977, con 16 años, Galarraga salta a la división
juvenil con el equipo Ray-Ran e incluso es convocado a la
preselección nacional con miras al Mundial de Argentina.
El robusto pelotero no es escogido, pero lejos de amilanarse
se empeña en seguir adelante con más intensidad
que nunca.
Fue el doctor Angel Castro uno de los primeros que tuvo confianza
en el pelotero que con el correr de los años sería
conocido en todos los diamantes de las grandes ligas como
el Big Cat. Castro le dijo a Francisco Rivero, gerente general
de los Leones del Caracas por aquella época, que tenía
un diamante en bruto, que sólo había que pulirlo
un poco.
Francisco Rivero se acercó a Parque Miranda y quedó
tan impresionado que le invitó de inmediato al campo
de entrenamiento de los Leones.
Ni corto ni perezoso Andrés se presentó puntual
en el terreno. Más de uno lo vio de reojo y escondió
una sonrisa socarrona, pensando: "Este gordo ¿qué
se habrá pensado?
Bien, Galarraga no sólo congeló sonrisas y comentarios
adversos, sino que a fuerza de batazos convenció al mismísimo
Negro Prieto, quien autorizó su firma por diez mil bolívares
en octubre de 1978.
Todavía se recuerda el momento en que el Gran Gato va
a estampar su firma y en el contrato aparece el nombre de
Andrés Soler. A todas estas Francisco Rivero estalla
en una carcajada para después explicar que había
tomado esa decisión para evitar posibles complicaciones
de índole legal, toda vez que Galarraga era menor de
edad. Ese contrato inicial fue destruido y hoy el episodio
forma parte de la historia jocosa del beisbol local.
Debut con los Leones
Fue el 4 de noviembre de 1978 cuando Andrés Galarraga
debuta en el beisbol profesional venezolano. Fue en Barquisimeto
donde los Leones visitaban a los Cardenales. En el séptimo
inning el manager Felipe Rojas Alou lo llama a batear de emergente
por Joe Gates y recibe base por bolas del zurdo José
Vinay Caldera.
Tres días después disputa su primer Caracas-Magallanes.
Entra a jugar en tercera base en lugar del estadounidense
Tom Brookens y se poncha en su único turno en el octavo
capítulo, pero los Leones logran derrotar a sus Eternos
Rivales Navegantes.
El 6 de diciembre de ese 1978, Andrés conecta el primero
de sus 457 incogibles en el beisbol venezolano. Si bien fue
un infieldhit en calidad de emergente por Natalio Silva, fue
por demás satisfactorio porque se lo dio nada menos que
a Manuel Sarmiento. Entonces anotó su primera carrera
impulsado por el importado Bob Molinaro.
Por primera vez es alineado en la inicial el 29 de diciembre
de 1978. En el Universitario juega en lugar del recordado
Gonzalo Márquez desde el quinto inning, batea de 2-1
y comete su primer error. Entonces los Leones someten a las
Aguilas del Zulia.
Poco a poco es reconocido por la afición y sus propios
compañeros, quienes le ven como un sólido prospecto.
Primer gran juego
Los que no estaban convencidos de que Andrés Galarraga
estaba hecho para empresas superiores, quedaron de una pieza
el 14 de enero de 1979 cuando aparece por primera vez en el
lineup inicial de los Leones ante los Tiburones de La Guaira.
El manager Rojas Alou lo coloca en la pradera derecha y en
los primeros cuatro turnos tenía dos incogibles.
En el noveno inning y ante el estelar relevista Luis Mercedes
Sánchez conecta largo cuadrangular, el primero de los
61 que cosecha en la pelota rentada de Venezuela. En definitiva
se fue de 5-3 con tres remolcadas, sus primeros fletes en
la liga local y ayudó a los Leones a vapulear 14-2 a
los litoralenses.
En esta su primera temporada con el Caracas, Galarraga bateó
de 11-5 (.445), pero quizás lo más significativo
fue en que tres meses de campaña perdió la bicoca
de 18 kilos, con lo cual ya no era el gordito de los Leones,
sino el fuerte pelotero orgullo de Chapellín.
Luego de esta primera experiencia, el manager Felipe Rojas
Alou, quien además era scout de los Expos de Montreal,
lo firma para esta organización de Grandes Ligas.
Números en Venezuela
Las mejores actuaciones de Galarraga en Venezuela las logró
en las campañas 1983-1984 (31 empujadas); 1985-1986 (14
cuadrangulares y 37 remolcadas); 1986-1987 (.328 de average,
11 jonrones y 33 impulsadas).
Andrés no bajó su intensidad en las series semifinales,
destacando en las que se jugaron en las temporadas 1986-1987
(.474 de promedio, de 19-7, con 9 anotadas, 1 doblete, 1 jonrón
y 3 empujadas), y en la 1987-1988 (.438, de 48-17, con 12
anotadas, 2 dobletes y 4 fletadas).
También tudo destacada actuación en las finales
1985-1986 (.370, 3 dobletes, 1 jonrón y 3 impulsadas);
1986-1987 (.467, 2 jonrones y 4 fletadas) y finalmente en
la 1987-1988 (.320 con 3 empujadas).
Andrés Galarraga jugó 13 temporadas con los Leones
del Caracas y en 485 juegos, conectó 457 hits en 1.687
veces al bate dejando un promedio de .271. Bateó 61 vuelacercas
y logró empujar 243 carreras.
La última vez que jugó en Venezuela fue en
la campaña 1992-1993.
El Gato en las menores
Seis duras campañas debió jugar Andrés Galarraga
en las ligas menores antes de llegar a la Gran Carpa.
En 1979 comenzó con el West Palm Beach, clase A, pero
fue bajado al Calgary de la Liga de Novatos. Allí volvió
el año siguiente. En 1981 empezó en el Jamestown,
también clase A, y retornó a West Palm Beach en
1982, donde lideró el departamento de cuadrangulares
de su equipo conectando 14 batazos de cuatro esquinas.
En 1983 regresó al West Palm Beach, donde sufre su primera
lesión. Recibe un pelotazo en plena cabeza que le saca
del lineup durante 25 juegos. Vuelve para promediar un sólido
.289 con 10 cuadrangulares.
Su mejor campaña en las menores fue en 1984, año
en que fue designado Jugador Más Valioso de la Southern
League luego de quedar primero en slugging (.508), en bases
alcanzadas, 271 y segundo en jonrones con 27. Con esa actuación
en el Jacksonville AA, todos los directivos de los Expos fijaron
su atención en él.
Al año siguiente asciende a AAA con el Indianápolis,
y llega segundo en cuadrangulares e impulsadas con 25 y 87
respectivamente. Entonces fue nombrado Novato del Año
de la American Association y considerado noveno mejor prospecto
por la publicación Baseball America.
En las menores de los Expos tuvo una actuación global
que incluyó .274 de promedio (de 2.190-600), 90 jonrones,
356 empujadas y 318 anotadas. Recibió 204 boletos y se
ponchó 522 veces.
El 24 de agosto de 1985, aquel gordito que rompía parabrisas,
vidrieras y ventanales en la avenida Rómulo Gallegos
debutó en las Grandes Ligas, convirtiéndose en el
trigésimo octavo venezolano en hacerlo.