CARACAS, miércoles 01 de junio, 2005 | Actualizado hace
Hay niños que nacen para el beisbol. Otros, en cambio,
se hacen. En el caso de Andrés Galarraga, la primera tesis
parece tener peso específico.
Mafalda Maldonado, la fundadora de la Casa Cuna Madre Cabrini,
donde El Gato dio sus primeros pasos en la educación, sabe
de eso.
Si bien han pasado muchas lunas desde que traspasó por
primera vez las puertas del preescolar ubicado en su natal Chapellín,
pronto mostró su inclinación para jugar con lo que
le apasiona: una pelota.
"Andrés fue un niño tranquilo y siempre estaba
pendiente de jugar con pelotas. Cuando no tenía una a la
mano, tomaba cualquier pedazo de hoja de papel o periódico
para hacer una. Se le notaba ese deseo de jugar pelota", comento
la directora de la institución, que guarda un profundo
afecto por el jugador venezolano.
"El entró al preescolar a los 3 años y salió
a los 6. Andrés era un niño cariñoso y de adulto
sigue siendo así. Recuerdo que la primera vez que se enfermó
de cáncer, cuando lo fui a visitar, me dijo que no se le
había olvidado la primera palabra que le enseñamos
al entrar a la Casa Cuna: rezar. Y fue así como dijo todas
las oraciones que aprendió".
Mafalda hace memoria y relata que Andrés (así le
llama) fue un pequeño muy tranquilo.
"Que recuerde, apenas lo habrán llevado a la oficina
de la dirección una o dos veces, por alguna travesura.
Su comportamiento siempre fue ejemplar, incluso, con sus compañeritos
de aula. No era un niño de golpear a otro, siempre estaba
pendiente de sus amigos y comía muy bien".
"Llegaba temprano, antes de las 7, porque lo traía su
mamá, Juana Galarraga, junto a sus dos hermanitos y luego
lo venían a buscar en la tarde".
A pesar de los años que han pasado, la directora guarda
un estrecho vínculo afectivo con la familia.
"En ocasiones, cuando Andrés viene a Venezuela y no está
muy ocupado, su mamá Juana me invita a cenar. Es una familia
que valora la amistad. Un día estábamos listos para
comer y Andrés dijo, "No, primero vamos a rezar. Tomó
su rosario y lo rezó completo, arrodillado, frente a la
imagen de la Rosa Mística, con una fe muy grande".
Mafalda hace memoria y señala que El Gato no tenía
un lugar favorito dentro del preescolar, aunque sí pasaba
mucho tiempo en el parque".
"Cuando empezamos con la Casa Cuna, el parque era de tierra
y ellos aprovechaban para hacer todos su juegos allí. Hoy
las cosas han cambiado, hemos hecho algunas reformas, pero seguimos
aquí con el mismo cariño. Ahora tenemos 300 niños,
antes cuidábamos muchos menos".
De las maestras que tuvieron a su cuidado al Andrés niño,
no queda ninguna dentro de la institución. La única
persona de la época es Mafalda, quine sigue al frente de
la Casa Cuna, brindando así la oportunidad a otros padres
de adentrar a sus pequeños en los primeros pasos de la
educación.
Ella guarda en su escritorio de manera celosa una pelota firmada
por Andrés y nos cuenta, casi que en voz baja, que se prepara
para celebrar los 50 anos de fundación de la Casa Cuna.
La institución en la que Galarraga dio sus primeros pasos,
está más viva que nunca. Quizás algún día
de allí salga otro pelotero. ¿Quién sabe?
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