Vivió unos minutos emocionantes el día del partido
inaugural de la temporada 1999 de Grandes Ligas, a pesar de
que no participó en ningún encuentro de la zafra
debido al cáncer.
Realizó el lanzamiento ceremonial de ese encuentro,
pero lo hizo desde su casa. El momento fue muy especial y
emotivo, pues en el Turner Field de Atlanta más de 50.000
fanáticos de los Bravos se pusieron de pie para aplaudir
y rendirle un caluroso homenaje al ídolo de Chapellín,
cuando su imagen (siempre sonriente) apareció en la pantalla
gigante del estadio, y su compatriota Eduardo Pérez recibió
la pelota detrás del plato.
Los Bravos de Atlanta demostraron la verdadera esencia del
juego en equipo, después de que conocieron la lamentable
noticia de que uno de sus más importantes integrantes
estaría fuera del equipo.
Recibió la visita inesperada de sus compañeros
de los Bravos, quienes se detuvieron en su casa y bajaron
del autobús, en una de las giras del equipo por Florida.
En su casa casa de West Palm Beach no se esperaba esa
grata sorpresa y las lágrimas corrieron por los rostros
de varios de los jugadores en ese reencuentro tan emotivo.