RHADAMES FIGUEROA
La temporada 1999 de Grandes Ligas marcó la vida de
Andrés Galarraga. Pero no sólo la del jugador sino
la de toda una afición y de todo un país que quedó
conmocionado.
Ese año, el "Gran Gato" de Venezuela fue diagnosticado
con el mal de Hodgkins, una forma de cáncer en la espalda.
El linfoma, como Galarraga prefiere llamarlo, lo obligó
a perderse toda la campaña del 99 con los Bravos de Atlanta,
equipo con el que firmó después de seis temporadas
con los Rockies de Colorado.
Fue un duro golpe para él y su familia pero también
para el beisbol. El orgullo de Chapellín tuvo que abandonar
los diamantes de juego y cambiar el bate y el mascotín,
por tratamientos y medicamentos para combatir su enfermedad.
Antes de librar esa nueva y larga batalla, y dando muestras
de ser un gran ser humano, Galarraga se acordó de sus
seres queridos. De allegados que no sólo involucraban
a su familia y amigos, sino a sus compañeros de equipo,
a la organización de los Bravos y a toda la afición
del beisbol.
En un gesto de profundo sentimiento y sinceridad, se acordó
de todos en una emotiva carta que escribió con su propio
puño y letra. En ella agradecía el apoyo brindado,
lo más importante de todo, es que dejaba claro y prometía
que iba a regresar.
Y como hombre de palabra cumplió con su promesa.
El ídolo del beisbol venezolano nunca bajó la cabeza
y fue optimista después de que los médicos le dieron
la mala noticia. Pero la enfermedad tenía remedio, y
eso fue lo que llenó de ímpetu el espíritu
del "Gran Gato", quien siempre estuvo seguro de que volvería
a los terrenos para jugar beisbol.
Sin embargo, antes tuvo que pasar por la terrible experiencia
de la rehabilitación y las quimioterapias para poder
vencer al cáncer. El Gato confesó lo difícil
que fue soportar sobre todo la primera quimioterapia, que
para él fue "algo indescriptible".
Pero a pesar de los desagradables momentos, Galarraga demostró
que los obstáculos están en el camino no para detenerse
sino para superarlos. Demostró por pasión por la
pelota, por devoción a Dios y la Virgen, por amor a su
familia y con confianza en sí mismo, que las adversidades
pueden vencerse por muy difíciles y fuertes que éstas
parezcan.
Y en esa lucha nunca estuvo sólo. Contó con el
apoyo de la fanaticada que le hizo sentir el verdadero cariño
que se le tiene a un ídolo como Galarraga, y que se cansó
de demostrárselo especialmente el año de la enfermedad.
El Gato llegó a decir en su momento, que ese apoyo fue
uno de los principales factores que lo impulsaron a seguir.
Sueño de un milagro
Un ser humano como Andrés Galarraga debe tener un ángel
de la guarda que lo cuida y lo protege ante cualquier adversidad,
incluso de una enfermedad como el cáncer. Y para el Gato,
no hay dudas de que su recuperación se debió, en
parte, a una intervención divina.
Galarraga ha relatado en varias oportunidades la anécdota
del sueño, que como una premonición, le abrió
los ojos y le hizo entender que estaba totalmente curado.
Probablemente haya sido sólo un sueño, producto
de su imaginación y de su deseo de sanar y retornar a
la actividad deportiva, pero para el Gato se trató de
una experiencia muy parecida a la realidad.
Galarraga soñó con Dios, mientras millones de venezolanos
soñaban en volver a ver a su ídolo uniformado. El
Gato sintió la presencia de algo que no se puede explicar
con palabras, pero que para él, tuvo el sentido y la
lógica justa. Una intervención divina que lo hizo
despertar con una sonrisa en el rostro -más marcada que
de costumbre-, y con la sensación de que su mal había
desaparecido. Un sueño que lo llevó a decirle, sonrientemente
a su esposa: "estoy curado. Yo ya estoy bien".
Regreso a lo grande
Galarraga regresó al beisbol de la única forma
en que él podía haberlo hecho: a lo grande. En la
temporada 2000 volvió a vestir el uniforme de los Bravos
de Atlanta y el primer partido quedará registrado por
siempre en su memoria. Pero también en la de los fanáticos
porque sencillamente fue espectacular. Más impresionante
de lo que muchos habían podido imaginar.
Ese juego fue como una película en la que el protagonista,
el héroe de Chapellín, hizo lo necesario para que
la trama que por un momento se tornó dramática y
triste, culminara con un final feliz.
El Gato disparó un cuadrangular en el primer choque
de la temporada. Un premio a su dedicación, esfuerzo
y entrega, que dejaba a un lado el fantasma del cáncer
y que lo volvió a colocar en el escenario de las grandes
estrellas. Galarraga además fue elegido para participar
en el juego de las Estrellas de esa campaña, y con el
brillo de su sonrisa volvió a iluminar el firmamento
del mejor beisbol del mundo.
Pero los estadounidenses no fueron los únicos que disfrutaron
de la presencia del Gato en el terreno de juego. Durante la
pretemporada de las mayores, los Bravos de Atlanta y los Mantarrayas
de Tampa Bay disputaron una serie en suelo venezolano, donde
el centro de las miradas no podía ser otro sino Andrés
Galarraga.
El estadio de la Ciudad Universitaria se vistió de gala
y se llenó hasta reventar, para rendirle un merecido
tributo al inicialista de los Bravos. La ovación fue
estruendosa y provocó que los ojos de Galarraga se llenaran
de lágrimas y emoción, porque sintió en carne
propia todo el apoyo que siempre le ha brindado el pueblo
venezolano.
Especialmente en ese momento, pues acababa de vencer la terrible
enfermedad.
Sin embargo, el mal reapareció. Galarraga tuvo una recaída
en la temporada de 2003, pero en esa oportunidad no lo hizo
público. El Gato estaba a dos cuadrangulares de llegar
a los 400 pero en reiteradas ocasiones trató de desentenderse
de la situación, comentando que no tenía intenciones
de volverlo a intentar con ninguna organización.
Quizás fue una cortina de humo para ocultar la segunda
aparición de la enfermedad, pero en la mitad de la temporada
2004 volvió a demostrar que es un luchador nato, un hombre
que no baja los brazos.
Con estirpe de ganador venció una vez más al cáncer
gracias a la quimioterapia y sus deseos de vivir. Volvió
a las mayores con los Angelinos de Anaheim para conectar su
último cuadrangular en una temporada regular del mejor
beisbol del mundo.
En la entrevista que le realizó Ernesto Jérez para
el programa Perfiles de ESPN, Andrés Galarraga dijo que
el peor momento de su carrera había sido cuando los médicos
le informaron que tenía cáncer. Pero a pesar de
sus logros como profesional, sus récords, jonrones y
triunfos, inmediatamente replicó que el mejor de todos
fue haber vencido a la enfermedad.